En
una columna que hiciera el favor de publicarme El Sur en el mes de agosto del
año anterior, comenté que mi propósito era (y sigue siendo), contar
historias, escribir semblanzas de
campechanos destacados y, por supuesto, tocar, aunque fuera marginalmente en
ocasiones, el tema de la política.
Consciente
de que como todo cotidiano informativo, dentro de su plantilla de columnistas y
articulistas, ese hospitalario y gentil medio, cuenta como es natural, con gente
profesional –o casi-, de la pluma y el teclado, con diferentes tendencias y
variados enfoques, pero con la suficiente experiencia para tener un sitio fijo
en la sección de opinión.
Claro
está que aunque a este escribidor le toca un espacio semanal en las páginas del
periódico, la inquietud por escribir va más allá de un día a la semana; cualquier
motivo, cualquier hora, cualquier día, cualquier tema pudiera ocupar la
atención e interesar a quienes son tan amables de leer mis comentarios.
Con
ese fin, a partir del mes de octubre del año anterior, creé un blog personal en
el que estoy cumpliendo el propósito a que me referí en el primer párrafo. Este
blog totalmente a su disposición, tiene como nombre “Desde la Azotea”, en honor
a un grupo de amigos muy apreciados; muchos de ellos conocidos; con el que
de cuando en cuando me reúno para charlar y estrechar viejos lazos de amistad. El
lema del blog: “De mucho, un poco… y algo más”, siempre en la intención de hacer variado
lo que publico.
Bueno,
pero ese no es realmente el tema, el de hoy, consiste en hacer constar que para
lograr credibilidad y cierto número de seguidores, los que gustan de
escribir, no deben dedicarse exclusivamente a la alabanza exagerada; no resulta
creíble ser tan obsequioso. Tampoco lo resulta atacar sin razón, presupone un
interés por ser llamado a una compra-venta de silencio a cambio de prebendas o
dinero público. ¡Despreciable!.
En
esa idea, creo justo recordar un tema que comenté la semana anterior, solamente
de manera marginal, porque lo que había de decirse ya se dijo y nada se obtiene
con la insistencia.
De un artículo publicado por El Economista supimos que el titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), luego de
presentar en la Cámara de Diputados el Informe de la Cuenta Pública dos mil
quince, declaró que entre los años del dos mil once al dos mil quince, fueron
utilizados indebidamente en actos de corrupción por parte de los gobiernos
estatales algo así como doscientos dieciséis mil cuatrocientos cincuenta y seis
millones de pesos. Afirmó que “ya se los llevaron y difícilmente se podrán
recuperar”.
No
se puede concebir absurdo mayor, sobre todo viniendo de tan alto funcionario,
quien dijo que el déficit de doscientos mil millones al mes de enero, obligó a
la aplicación del incremento en el precio de las gasolinas que sirvieron para
solventarlo. "Aunque se pueda meter a la cárcel a alguien ¿cómo se le quita ese
dinero?”, remató.
De
la misma manera, he criticado con acritud actitudes como las de los entes
federales que a pesar de la grave situación de crisis que se vive en el país, se
niegan a reducir su número, se obstinan en exhibir actitudes dispendiosas tratando
de mantener sus escandalosos sueldos y prerrogativas, que incluyen erogaciones en
compras de lujosos vehículos blindados; mientras, gente pobre ha sufrido
escarnio y largos años de prisión para terminar con un “usted dispense”; a cambio, ex gobernantes y ex funcionarios saqueadores gozan de cabal salud. La corrupción
desatada y la impunidad, rampante.
Localmente
también me he referido a los desafortunados cambios observados en los últimos
meses en que algunos policías (no todos, que quede claro), han endurecido su
actitud con la ciudadanía a la que tienen inconforme con su trato con multas
injustas, actitudes prepotentes, e incluso cohechos explícitos; desaparición de
pasos peatonales elevados y espacios de estacionamiento sin proponer
soluciones; el Teatro Universitario es la muestra más reciente. Prevenir,
cuidar y proteger es la función primordial antes que el propósito meramente
recaudatorio.
No
menos negativa la actitud de un ayuntamiento como el de Campeche, cuya área
de Desarrollo Urbano por la falta de coincidencia entre el domicilio de un
predio propiedad de un adulto mayor o un jubilado con el de la Credencial para
Votar, tiene la osadía de cancelar un derecho como es el de
obtener el descuento del cincuenta por ciento en el pago de los impuestos
municipales. Absurda la medida y susceptible de revocarse mediante el amparo,
atenidos a que un acto administrativo no puede ni debe estar por encima de un
derecho constitucional.
Ahora
bien, es preciso enfatizar que actos como los anteriores, hacen al funcionario que autoriza o al empleado que lo ejecuta o lo consiente,
merecedores del reproche de los campechanos, pero de ninguna manera y bajo
ninguna circunstancia son motivo para descalificar a todo el estado o a sus
gobernantes, y para negarse a ver lo que este girón de patria representa en el
contexto general de la nación.
Es
verdaderamente motivo de legítimo orgullo saber que Campeche está considerado
como el estado con el mejor desempeño de la gestión del gasto federalizado correspondiente
al año dos mil quince, con un puntaje de evaluación del 82.5, superior a la
media nacional ubicada en 73.3 puntos. Así lo dice el Informe General de Cuenta
Pública emitido por la Auditoria Superior de la Federación (ASF); la misma institución
que respecto del mismo año, se refirió al latrocinio de algunos ex gobernadores
y sus colaboradores a los que no sabe como quitarles lo robado.
Tampoco
se puede ni se debe escatimar a Campeche lo afirmado por el Secretariado
Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), que al cierre del
primer mes del año, nos posiciona de nuevo como la entidad que mantiene a nivel
nacional las cifras más bajas en la tasa de incidencia delictiva y de delitos
cometidos. Campeche aparece en el último sitio con el menor porcentaje de todo
el país, al registrar dieciséis hechos cometidos por cada cien mil habitantes;
esta cifra es muy inferior a la media nacional que es de ciento quince.
Hay
una muy importante distancia con entidades vecinas de la región por lo que se
refiere a transgresiones por cada cien mil habitantes; lo mismo que
refiriéndose a delitos cometidos. Produce satisfacción saber que en lo referente
al número de delitos cometidos, registramos la menor cantidad en todo el país
con ciento cincuenta y un hechos, mientras en otras entidades se cuentan por
miles.
El
Gobernador Alejandro Moreno Cárdenas está diciendo y repitiendo con la mayor
satisfacción que su administración está comprometida a trabajar por mayores
condiciones de seguridad en favor de la población, coordinando esfuerzos con las
demás instancias y a todos los niveles, para garantizar el respeto a la ley, y
que prevalezca un clima de paz y tranquilidad.
Existen
delitos, ni duda cabe, ya ni Campeche ni ningún estado del país pueden presumir
que no existe delincuencia y que se vive en completa calma; esa condición, a
nuestro pesar, hace mucho que ha dejado de existir, como no existe en ninguna
región del planeta. Lo que es incuestionable es que Campeche no es Guerrero, ni
Colima, ni Tabasco. Campeche es todavía una entidad tranquila, segura y hospitalaria; pero además, es nuestro hogar y el de nuestros hijos y nietos;
es la casa de todos, nuestro destino común, y por eso estamos obligados a
cuidarlo.
¡Hablemos
bien siempre de Campeche y de su gente!.

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