lunes, 27 de marzo de 2017

DE MUCHO, UN POCO/Estudiante, chofer y enfermero





Cursaba estudios en la Escuela Normal de Profesores del inolvidable Instituto Campechano, alma máter de mis recuerdos donde estudié también la secundaria y dos años de bachillerato en cursos nocturnos, antes de hacer la carrera de derecho en la Universidad del Sudeste. En lo laboral, complementaba mi actividad estudiantil como Secretario de la Comisión Agraria Mixta del Estado.
Cada dos o tres semanas viajaba a Hopelchén para visitar a la familia y llevarles algunos recursos económicos ahorrados del salario. Estos viajes siempre coincidían con el cobro de la quincena y los hacía en el tradicional autobús de pasajeros de segunda clase.
Viajaba las tardes de viernes para retornar la mañana del domingo y estar en posibilidades de ir a la playa o a otro sitio e, invariablemente, a la función de las cinco de la tarde a cualquiera de los cines de la Ciudad, que no eran más de tres.
En uno de esos viajes, antes de las nueve de una mañana dominical, me aposté frente al parque principal del poblado, justamente a las puertas de la afamada tienda de abarrotes de la familia Alpuche, para esperar la llegada del autobús que pronto arribaría procedente de la ciudad de Mérida.
Casi al llegar el camión de pasajeros, una persona que me observaba desde el interior de la tienda se aproximó en forma amable para hacerme una pregunta obvia: “¿te estás yendo a Campeche?”. “¿No quieres ahorrarte el pasaje?. En tiempos de lucha para superarse, una oferta de esas no está para ser desaprovechada, así que, la respuesta, obvia también, tenía que ser un ¡claro que sí!.
Entonces ponte de acuerdo con tu hermano que está en el centro de salud esperando. El pensamiento de que el  viaje no sólo sería gratuito sino además en compañía de mi consanguíneo, puso alas a mis pies, así que, mochila al hombro, me encaminé a la mencionada casa de salud situada a dos calles del paradero de autobuses.
A las puertas del nosocomio se encontraban algunas personas platicando con el médico responsable del hospital, por supuesto que ninguno de ellos era el secretario del Ayuntamiento, mi hermano. Acomodaban en la cabina del camioncito de redilas de tres toneladas a una señora embarazada de no más de veinte años de edad, mientras una persona mucho mayor que luego me enteré era su padre, subía a la plataforma del vehículo usando las redilas como escaleras.
Alguien puso en mis manos un juego de llaves, a la vez que recitaba unas indicaciones; mientras, el doctor daba otras instrucciones apresuradas:
Cito primero las del señor de las llaves: 1. “No marca, pero el tanque está lleno de gasolina”. 2. “No puedes ir a más de sesenta kilómetros por hora, porque están malas las rótulas y a partir de esa velocidad el camión se sacude como si estuviera bailando”. 3. “Una persona te estará esperando en el hospital Manuel Campos para traer el camión de regreso”.
Trataré de describir las indicaciones del amable doctor, bastante apaciguadoras a pesar de los dramático del momento: 1. “Esta señora tiene un ataque de eclampsia; anoche llegó con uno de preclampsia que mal evolucionó”. 2. “Está corriendo un serio peligro de perder la vida”. 3. “Cuando le venga un ataque, limítate a apretarle ambos carrillos para evitar que se destroce la lengua”. 4. “No me preguntes qué más puedes hacer tú, porque yo con más de treinta años de médico ya no sé qué más hacer”.
Enseguida abordé el camión y me puse al volante con una profunda inhalación que me permitiera poner en orden los pensamientos, sabedor de que la que venía no iba a ser una jornada agradable, y no me equivoqué; lo que ocurrió en el camino merece una continuación en un capítulo próximo…

Relevo en la Federación de Trabajadores del Estado
Era el último año de la década de los setenta y parte de la mitad de la de los ochenta; lo he comentado en una colaboración anterior, lo reitero ahora, cuando  me desempeñé como Procurador Federal de la Defensa del Trabajo en Campeche.
Fue también el tiempo de mi inolvidable relación laboral y de convivencia con un personaje inolvidable, todo él  honestidad, honradez,  y todo él honor y decoro, Don Pablo González Lastra, mi compañero de trabajo y mi gran amigo. Escritorio con escritorio y casi codo con codo en el reducido espacio de la oficina, un día lo vi salir con la misma sencillez con que a diario lo hacía para su hogar, aquella ocasión, para  ocupar el cargo de Secretario de Gobierno.
Ahí también y por razón de las responsabilidades del cargo, que recibí de la vida la gran oportunidad de relacionarme con los obreros organizados que desde la Federación de Trabajadores dirigía uno de los políticos contemporáneos más hábiles local y nacionalmente, Abelardo Carrillo Zavala.
Por invitación de Abelardo, tiempo después diputado federal y a la postre gobernador del estado, me incorporé a la CTM local como asesor en materia jurídico-legal, ideológica, un poco en lo político, y hasta en lo social.
Durante ese tiempo conocí gente muy especial, con pasión y entrega al movimiento obrero, con amor a la causa de los trabajadores y con disciplina y lealtad a su Partido, a su Federación, a la Confederación de Trabajadores de México, a su líder local y a su dirigente nacional, Don Fidel Velázquez Sánchez.
Don Fidel, como se le conocía y se le nombraba, por algo así como seis décadas, dirigió con gran acierto uno de los pilares más importantes del Partido Revolucionario Institucional, La CTM, convirtiéndose en una especie de garante de la paz e institucionalidad.
En la Federación de Trabajadores del Estado de Campeche me relacioné con gente de la talla de Francisco Puga, Francisco Solís, Edilberto Vázquez, Rubén Uribe, Oscar Flores, que además de ser importantes personajes para el movimiento obrero, llegaron a dirigir su Federación. Raúl Arroyo, Audomaro Durán, Luciano Uc, José María Sierra, Alfonso Rocher, Domingo Sonda, Luis Dzul, y varios más que escapan a la memoria; hoy todos ellos descansan en paz.
Un poco alejado de la actividad política, pocas veces en las últimas décadas me acerqué a la CTM local, salvo alguna eventual invitación a un acto, alguna convivencia u otra actividad, que al dejar de menudear y hacerse muy esporádicas, propiciaron una especie de desatención y algo parecido al olvido.
Por lo que se refiere al ritmo de la actividad de la federación obrera, una como inercia propició que de lo cotidiano se cayera en lo rutinario, entre otras cosas por el mantenimiento de su dirigencia por un período de más de veinte años. Esa misma rutina y el desapego fueron tomando los lugares antes ocupados por la actividad sindical, la política obrerista y la defensa entre apasionada y romántica de los derechos de la gente organizada que se gana el pan con su trabajo.
Por fin, unas semanas atrás y de manera sorpresiva -al menos para quien escribe-, se dio el esperado e inevitable relevo y Francisco Haas Palomo, Panchito para sus buenos amigos, renunció al cargo y hay nuevo dirigente en la persona de Wilgen Hernández Cherres, quien rindió protesta ante el dirigente nacional cetemista, Carlos Aceves del Olmo, y como invitado el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas.
No tenía el gusto de conocerlo, no obstante, echando mano de las herramientas modernas de la comunicación, he sabido que Wilgen tiene origen obrero, al parecer pertenece al sector de trabajadores del volante, que tiene gran experiencia en la administración y, sobre todo, que es serio, que es formal y, especialmente, responde al proyecto del gobernador Moreno Cárdenas.
Los valores descritos y su compromiso con los trabajadores campechanos podrían traer para el movimiento obrero buenos tiempos y para su nuevo dirigente un futuro halagador. ¡Qué así suceda!. 
  
… Y ALGO MÁS
Antes que todo, permítanme quienes amablemente me leen, que mencione que esta sección no es esencialmente noticiosa; antes bien, tiene como principal objetivo realizar comentarios relacionados con cosas que suceden durante la semana que pudieran ser relevantes. Destaco en esta ocasión las siguientes:

Ironman 70.3 Campeche 2017, un gran evento
Lo que se vio no puede ser juzgado, menos de mala fe: vuelos completos, calles y carreteras saturadas, hoteles y restaurantes a toda su capacidad, y una enorme derrama económica que benefició a mucha gente.
Turistas y competidores de treinta y dos países diferentes dieron a Campeche una nota de original colorido durante todo el fin de semana en ese histórico acontecimiento que puso a Campeche frente a los ojos del mundo, posicionándolo, como dijera el gobernador Moreno Cárdenas, como un importante destino turístico deportivo.
Este tipo de promociones tienen mayor efectividad que las ferias mundiales en las que se promueve al Estado. La promesa de Moreno Cárdenas de que habrá quince eventos deportivos más, nacionales e internacionales, junto con lo ahora realizado, rendirá pronto sus frutos. Los resultados se verán en un plazo no muy largo, no tengo ninguna duda
Un reconocimiento para las autoridades que posibilitaron el hecho histórico, en especial a los organizadores y realizadores que hicieron que el evento deportivo de alto rendimiento se desarrollara con gran precisión, sin mayores contratiempos y con escasas molestias para la población a pesar de su gran magnitud.
Tal vez la nota más sobresaliente del Ironman fue la participación abierta del principal protagonista, la población campechana que se dio cita a lo largo del recorrido para aplaudir, animar y acompañar a los deportistas de otros países, lo mismo que a los nacionales, y también a los triatlonistas campechanos que participaron con legítimo orgullo.
Mención especial  para la gente de Campeche, amable, franca, respetuosa y entusiasta que aplaudió y animó en todo momento a los deportistas participantes y no se retiró hasta vitorear y escoltar la emotiva llegada del último competidor, un hombre con limitadas capacidades físicas pero con un enorme corazón.
¡Encantados de ver a Campeche en el mapa mundial de los grandes acontecimientos!.

Instalación de videocámaras
El tema de las cámaras de video vigilancia es importante, por supuesto que lo es, porque permite una acción rápida de las autoridades ante algún hecho delictivo que se estuviera cometiendo en un momento dado. La instalación de las primeras mil es en sí un hecho relevante.
El de las mencionadas cámaras ha sido un reclamo recurrente que, sin ánimo de juzgar a las autoridades del pasado, este moderno sistema no pasó de ser un reducido número de artefactos ubicados en algunos puntos con material de mala calidad y mantenimiento nulo con los resultados de que sea un recurso casi inexistente.
Con la instalación de los dispositivos anunciados, un efectivo sistema de supervisión humana, junto con las necesarias tareas de inteligencia policiaca en las colonias de la periferia y la participación efectiva de la población, podremos preservar el clima de paz de que gozamos y continuar siendo un estado con buenas referencias en lo que a este rubro se refiere.

Nuevas inversiones para Campeche
En la colaboración anterior en este mismo generoso medio, mencionaba que el gobernador campechano en todo momento busca la oportunidad, la propicia, y la toma en sus manos.
Reitero hoy lo dicho después de realizado el acto de protesta del comité especial instalado para el efecto de la celebración del quinto centenario del encuentro de dos culturas en el que estuvo acompañado del embajador y otros invitados españoles. Moreno Cárdenas ha invitado a los ibéricos a traer parte de sus inversiones a Campeche.
Es sabido que los empresarios hoteleros españoles tienen inversiones en este tipo de negocios en buena parte del mundo, la península yucateca es un claro ejemplo; además, los hoteleros europeos son particularmente hábiles para promover y atraer turismo desde su continente a cualquier lugar donde tengan un hotel.
El mayor deseo de esta columna es que la invitación rinda sus frutos y en el mediano plazo veamos surgir en Campeche muestras materiales de algunas de las cadenas españolas de fama mundial.

Organización, músculo y energía
Fue una gran experiencia la del pasado sábado, y me explico: después de mucho tiempo de abstinencia política por múltiples razones, pude apreciar parte del trabajo de los partidos, uno en particular, rumbo a la especial contienda del próximo año. Esta ocasión, un gesto amable del Comité Directivo Estatal del PRI, me permitió asistir como invitado a la Tercera Sesión Ordinaria de su Consejo Político Estatal celebrada en la bella ciudad de Calkiní.
La reunión recreó escenas olvidadas e hizo revivir otros tiempos; de paso permitió saludar a amigos con los que de alguna manera compartimos cosas en común en el pasado reciente, y no tan reciente. No podían faltar los saludos de funcionarios importantes, como el serio y eficiente Secretario de Gobierno, Carlos Miguel Aysa González; siempre atento y amable, siempre deferente con el escribidor. Doble motivo para disfrutar del acto.
Muy bien organizado, muy concurrido, con un variado orden del día que remató con dos  discursos adecuadamente estructurados y muy bien pronunciados: el de Ernesto Castillo Rosado, Presidente del Comité Estatal, bueno y con estilo y corte de líder. El de Alejandro Moreno Cárdenas, Consejero Estatal y gobernador del Estado, una pieza de oratoria de mucho peso y contenido, con el lenguaje corporal, el énfasis y la pasión que sabe poner a sus discursos un buen orador como es el caso de Alejandro. El priista principal de Campeche recibió muchos aplausos y dos o tres  ovaciones bien ganadas. Debo reconocer que valió la pena el viaje.

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