Premonitoriamente tal vez, en una columna
anterior me refería a liderazgos auténticos, a acciones políticas de hombres o
mujeres de carne y hueso, a personas con fortalezas y debilidades, con virtudes
y defectos, que estén dispuestos siempre a aceptar sus errores y no teman
reconocerlos cuando han fallado.
Recientes acontecimientos han obligado a
reflexionar, y hacerlo en serio, en el tema de la corrupción, en la necesidad
de su combate desde todos los frentes y desde todas las instancias, porque
tanto se dan actos deshonestos a partir del cargo público, de la posición
política, como del interior de la sociedad que los permite y en ocasiones, los alienta
y los propicia.
No existe democracia, hay que decirlo,
que pueda ser fuerte sin la presencia y la actuación de líderes opositores
fuertes. Desde Clouthier y Cárdenas, no había habido otro semejante hasta
ahora. Su nombre es sinónimo de oposición, y aunque falta un buen trecho para
las elecciones presidenciales y aún pueden suceder muchas cosas, se encuentra
bien posicionado en las encuestas, claro está, anticipadas.
Sin embargo, algo en los recientes días
ha afectado seriamente al aspirante a la silla presidencial: una legisladora
con licencia, fue exhibida recibiendo recursos de manos de personas anónimas,
con el argumento de que serían para entregarlos a la causa del líder opositor
de izquierda. La escena de gruesos fajos de billetes que iba acomodando en su bolso
con cierta parsimonia, fue de las que desagradan a la gente por lo grotesco.
A simple vista y con un examen demasiado
ligero, pareciera que la acción fue orquestada desde los pasillos del poder y
con la clara intención de disminuir al opositor; la respuesta del político, -equivocada
a mi juicio-, fue una serie de declaraciones poco pensadas afirmando que se
trató de un “cuatro”, y que la señora que recibe es uno de los cuadros más
honestos e impolutos de su causa. Después de otras dos entregas de dinero,
hermético silencio.
Después de un frío análisis del conjunto
de circunstancias presentadas, no queda otro remedio que pensar que no se trató
de una acción de gobierno para perjudicar y bajar de las encuestas al fuerte
aspirante, sino más bien de una investigación periodística que dio buenos
resultados.
El golpe mediático que produjo el
“donativo” inicial de medio millón de pesos, creció como una ola después de que
se sucedieran nuevas entregas, una de ellas por una mayor cantidad y para fines
específicos de cabildear alguna ley que beneficiara a sus donantes. La diputada
involucrada se encuentra a punto de ser enjuiciada mientras ha visto
derrumbarse estrepitosamente su carrera política.
Si el objetivo central hubiera sido
golpear severamente desde lo oficial a quien se considera a sí mismo probable
ganador de las elecciones del dos mil dieciocho representando a una importante
fracción de la izquierda, lo lógico hubiera sido guardar las evidencias un
tiempo hasta que estuviera situado como candidato en campaña. El golpe hubiera
sido contundente y su efecto devastador.
En este momento tenemos una persona a
punto de ser vinculada a proceso por un delito electoral que podría
representarle varios años en prisión, y un aspirante que aunque no se ha
deslindado del todo, está apostándole al olvido; lo esperado es que salga a dar
la cara para decir que la señora actuó por su cuenta, y que por supuesto se
equivocó cuando dijo que era uno de sus mejores cuadros.
Por último, que reconozca que es humano y
que ha cometido y seguramente cometerá muchos errores todavía. Los errores de
un aspirante o un candidato lo dañan a él, a su grupo, a su partido y a sus
aspiraciones y pretensiones. Los errores de un presidente –si lo lograra-,
dañarían a toda una nación.
Es tiempo, lo dijimos entonces, lo
reiteramos ahora, de que se dé un diálogo fecundo entre rivales que conduzca a
un gran acuerdo nacional para llevar a cabo campañas de altura, ordenadas,
civilizadas, que hagan a los mexicanos recuperar de nuevo la fe en la política
y en los políticos. Es por el bien de todos. México lo merece; ¿o no?.
Por
fin, el Plan Operativo Anual del municipio
Habrá tenido algo que ver la columna
publicada recientemente en este mismo rotativo por el periodista Francisco
Vázquez Burgos destacando la falta de este importante documento, o habrá sido
mera coincidencia, no se sabe, pero ya el alcalde salió a darlo a conocer, y a
informar que el total de inversión municipal asciende a los ciento setenta y
nueve millones cuatrocientos mil noventa y tres pesos. Falta el desglose.
Completo o no el documento, algún avance
se registra; como quiera que sea, queda de manifiesto que Edgar Hernández está
pendiente del pulso de la opinión pública, es receptivo a ella y, por supuesto,
está dispuesto a responder a los reclamos de los campechanos que habitamos este
municipio.
Falta más por hacer y es reiterada la
inconformidad y demasiado frecuentes las quejas en los servicios, agua potable y
basura principalmente. Algunos campechanos de barrios y colonias se quejan de
olvido de los encargados de abrir las llaves de las tuberías que los surten. Imperdonable descuido atendiendo al intenso
calor y al reciente aumento en el costo de los servicios. Si quieren saber de
basura, dense una vueltecita por los rumbos del mercado al medio día o por la
tarde.
Si el señor alcalde me lo permite, le
haría dos recomendaciones: la primera, que leyera o volviera a leer aquel libro
que estuvo muy de moda entre las estructuras políticas y burocráticas de fines
de los años sesenta y principios de los setenta, “El Principio de Peter”, coautoría
de Lawrence J. Peter. En sus páginas podría encontrar algunos motivos y razones
de ciertas actitudes.
La segunda y un poco más drástica, que sacuda
o renueve su equipo de colaboradores. Olvidarse de barrer una calle genera
basura y descontento, dejar sin agua a alguna colonia por no abrir una llave es
imperdonable y genera algo parecido a la furia. Lo peor es que la culpa y los
reclamos son para el alcalde y no para sus colaboradores.
El presidente se me figura buena persona,
así me lo parece; sin embargo, algo está fallando en su círculo pequeño que al
parecer no está asumiendo su rol a plenitud. Su cargo pronto estará muy disputado;
si quiere mantenerse en la pelea no tiene de otra que poner a su gente a trabajar.
…
Y ALGO MÁS
Dignificación
del sistema penitenciario
Es sabido que el propósito de los centros de
readaptación social –incluidos los de Campeche-, es la reinserción adecuada a
la sociedad de las personas privadas de su libertad por la comisión de algún
hecho punible, basados en los principios de legalidad y defensa jurídica,
garantizándoles una vida digna con absoluto respeto a sus derechos
fundamentales.
Bastante abrumadora es sin duda alguna la
carga moral de quienes habitan esos centros, tanto por el peso de las culpas que
los agobian como por el aislamiento y separación de sus familias y amistades.
De ahí que, la noticia reciente dada por el secretario de gobierno, Carlos Miguel
Aysa González a nombre del jefe del ejecutivo Alejandro Moreno Cárdenas, de que
con recursos de la Iniciativa Mérida, la Embajada de Estados Unidos certifica
los Centros de Readaptación Social de San Francisco Kobén y de El Carmen,
augura buenos tiempos.
Es cierto que las personas recluidas en
el Cereso de San Francisco Kobén, en el de Carmen y en el Tutelar de Menores de
Kila, Lerma representan solamente un pequeño porcentaje del total de la
población campechana, pero no por ello merecen ser descuidadas u olvidadas en
su ya de por sí difícil situación.
Fortalecer
el marco jurídico desde el Congreso del Estado y mejorar el funcionamiento de los
centros de reclusión para una vida más digna de quienes incumplieron con las
leyes, es tarea insoslayable tanto del gobierno estatal como del gobierno
federal por conducto de la Secretaría de Gobernación. Mejorar el
entorno de quienes se encuentran en esa situación, contribuye a la
dignificación del sistema penitenciario y a una vida más decorosa de quienes
lamentablemente ahora purgan condenas por hechos que seguramente estarán
lamentando.
Cuando
el destino nos alcance
Una película con ese título estuvo de
moda la primera mitad de la década de los años setenta. Protagonizada por el
actor Charlton Heston, se resume en un período del futuro situado el año dos
mil veintidós, cuando la industrialización y el deterioro del medio ambiente,
el calentamiento global y el efecto invernadero, llevaron a la catástrofe a la
humanidad por falta de alimentos.
La distribución de los medios
alimenticios para sobrevivir estaba a cargo de un pequeño grupo de élite que administraba
todo lo político y lo económico, y eran los únicos con derecho a ciertos bienes
como la carne y los vegetales. Las mayorías se alimentaban de unas cápsulas de
contenido desconocido.
Un hábil detective descubre que las
cápsulas llamadas “Soylent”, eran extraídas de los cuerpos de quienes después
de una “última cena”, eran sacrificados para ese fin. Al concluir la película,
recomendable por lo actual, termina el espectador con una sensación de
desasosiego y profundo pesar, como reconociendo su parte de culpa.
Pues bien, dramáticamente y al menos por
lo que se está apreciando en ciertos noticieros y apuntes informativos, algo
está sucediendo en el mundo y al parecer ha alcanzado a nuestro país, por la
introducción de productos chatarra a base de plásticos y toda suerte de
polímeros que a vista y paciencia de las autoridades se están expendiendo en la
central de abastos de la capital a precios muy por debajo de los del mercado.
Arroz
de plástico proveniente de Asia podría ser parte de nuestra alimentación con
grave riesgo para la salud de nuestras familias, es la
advertencia. El problema principal es que hasta este momento no hemos visto a
ninguna autoridad de salud salir a decir airadamente que se trata de una gran
mentira y que ese riesgo no existe. En otro caso, que alguien salga y nos diga…
¡si lo consumes es bajo tu propio riesgo!.

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