sábado, 14 de abril de 2018

DE MUCHO, UN POCO/Las encuestas y las campañas

Encuesta, según el diccionario, es una serie de preguntas que en un momento determinado se formulan a un conjunto de personas para reunir datos, y detectar la opinión pública sobre un asunto determinado. Es un procedimiento de investigación en el que se recopila información mediante un cuestionario previamente diseñado, sin alterar ni modificar el entorno ni el fenómeno donde se recoge la información.
Los datos se obtienen realizando un conjunto de preguntas específicas a una muestra o al total de una población. En un principio se implementaron en el espacio empresarial y en ciertas áreas institucionales para conocer mediante muestreo las opiniones, ideas y ciertas cuestiones muy específicas.
La parte final del anterior siglo y milenio y lo que corre de los actuales, la encuesta experimentó un crecimiento exponencial aplicada a la política. Fue precisamente el presidente norteamericano John F. Kennedy quien la puso en boga durante los primeros años de la década de mil novecientos sesenta, tomándola como base para conocer las opiniones de los potenciales votantes y establecer su programa electoral.
El uso de este instrumento, se entiende, inicialmente tuvo un manejo de carácter interno, y no tenía en apariencia la intención de permear a la población para orientar la intención del voto, tampoco influir en la opinión de la sociedad. Se limitaba su uso a los planes estratégicos de las campañas.
Desafortunadamente, los tiempos han cambiado y en muchos casos, la encuesta se ha convertido en un negocio en el que se mueven enormes sumas de recursos económicos, principalmente dinero público.  Lamentablemente, a veces con el único fin de que algún candidato en un golpe de ego escuche lo que le agrada. En otros casos, no se trata de una estrategia para conocer la realidad, por el contrario, se utiliza para tratar de influir en el ánimo de los votantes.
La verdad es que las encuestas no dejarían lugar a dudas si fueran normadas y vigiladas por la autoridad electoral, realizadas por firmas especializadas, y aceptadas en su procedimiento y contenido por todos los partidos y candidatos. Sería interesante conocer periódicamente de manera oficial, las altas y bajas de popularidad de los contendientes, sobre todo después de los debates. Servirían además para que los candidatos afinen sus estrategias y mejoren sus propuestas.
Ahora bien, lo que es verdaderamente cierto e incuestionable es que cada partido y ahora cada uno de los candidatos independientes, mediante sus propias encuestas, tienen oportunidad de contar con un retrato exacto de su situación frente al electorado y el lugar que ocupan en la preferencia del voto cada día durante las semanas y los meses de las campañas.
Un partido y una coalición, tienen clara su situación electoral. En Campeche, a menos de una semana de que se dé el  primer debate y de que las preferencias puedan moverse de acuerdo al desempeño de su candidato, la coalición “Todos por México” ya conoce el sitio en el que se encuentra.
Aquí y en este momento, con base en los conocimientos de la preparación personal de José Antonio Meade y su imagen de hombre probo, las encuestas internas lo sitúan como el más adelantado en la campaña presidencial. 
Sin que podamos precisar su posición en las restantes entidades, son tres los estados donde el PRI lidera claramente: Campeche, Tlaxcala y Zacatecas. De buena fuente sabemos que Yucatán con un buen candidato a la gubernatura, ha tenido a últimas fechas un reposicionamiento muy significativo.
En Campeche, sin entrar en detalle de lo que pudiera estar sucediendo en el resto del territorio nacional y de lo que ocurra después del encuentro moderado entre candidatos a celebrarse el domingo veintidós de este mes, con el atinado nombramiento del experimentado Ramón Santini Pech como coordinador de la campaña, el trabajo se encuentra en plena marcha y es nuestro estado el mejor posicionado de los tres punteros.
La sólida estructura territorial con Santini al frente, captados aquí y allá los más sólidos liderazgos regionales, está realizando eventos de difusión de la imagen de José Antonio en la que suele llamarse “campaña sin candidato”. 
Sin su presencia física, pero con el material proveniente de sus mensajes y sus propuestas, preparan la que será su gira de proselitismo por territorio estatal, que se espera ocurra a mediados del próximo mayo, cuando todos y cada uno de los candidatos a cargos federales, estatales y municipales estén desplegando la organización y la fuerza de la conocida “ola roja”.
Ramón entiende de esas cosas, conoce el entramado social, teje fino en el hilar de la política y sabe identificar los liderazgos. Como representante del principal candidato de los priistas, entiende la trascendencia de su trabajo que como siempre, habrá de cumplirlo con eficiencia, compromiso y absoluta lealtad al llamado de su partido. 

“El Bronco” estará en las boletas 
Cuatro de los siete magistrados que componen el máximo tribunal de alzada en materia electoral, abrieron el debate con relación a la aceptación de un nuevo candidato independiente a la presidencia de la república. Jaime Rodríguez Calderón estará presente en los comicios del primer domingo de julio.
En apariencia, el candidato conocido con el mote de “El Bronco”, ha despejado el camino para  ver su nombre en las boletas electorales por una decisión del Tribunal Federal Electoral, lo que ha dividido seriamente a los magistrados y planteado un conflicto en torno a la legalidad de la medida.
Aunque las consecuencias económicas no fueron tan graves porque las boletas aún no se elaboran, desde este momento el INE está obligado a efectuar una serie de ajustes, tales como la redistribución de los recursos públicos y los espacios publicitarios ya asignados. Dado el corto tiempo de las campañas, no será nada fácil.
Que la irrupción de Rodríguez Calderón a la campaña resultará en la pérdida de votos para un candidato en particular, no queda del todo determinado y es de suponerse que la afectación será para todos, pero en particular para la otra candidata independiente con la que habrá de dividir el número de los sufragios de quienes no tienen confianza en ningún partido.
La decisión del TFE a pesar de lo cuestionado del nuevo candidato y a pesar también de las múltiples faltas cometidas que comprendieron la inclusión de ciudadanos fallecidos, credenciales duplicadas, firmas falsificadas y otras irregularidades, pega directamente al prestigio del árbitro electoral.
Además, la cuestionada decisión abre la posibilidad de que miles de aspirantes en semejantes condiciones en todos los estados y a todos los niveles, incluido uno presidencial, apelen por las resoluciones que los dejaron fuera, e invoquen su reparación apoyados en los resultados de lo que parece un acto pleno de desigualdad y favoritismo.
La cuestión es que si los cambios se producen en cascada pondrían en serios aprietos a la autoridad electoral, a la vez que mandarían un mensaje a la sociedad con una mala señal, muy mala señal. 



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