Verdaderamente
especial en todos sentidos la primera semana del esperado a la vez que intimidante y
de no muy buenas expectativas año dos mil veinte. Bienvenido de cualquier manera
el que ha sido dado por llamarse el año del doble veinte.
Modificaciones
a las leyes, particularmente a las fiscales, ponen los pelos de punta a los
sufridos receptores de la conocida cuanto temida “cuesta de enero”. Porque vaya
que suele ser así desde siempre, tanto por las alzas normales como por suceder
dramáticamente y con feo rostro a las fechas de alegría y festejos de la jornada “Guadalupe-Reyes”.
Con
los cambios en la Miscelánea Fiscal y al Impuesto Especial Sobre
Producción y Servicios -el temido IEPS-, se prevé una escalada generalizada en
los precios, sean cigarros y otros bienes
de consumo como la gasolina, el diésel y sus derivados. Es cierto que no todos los
mexicanos fuman, tampoco todos tienen vehículos, pero forzosamente las alzas moverán
a los transportistas a pugnar por incrementar sus ya de por sí altas tarifas.
A
los gastos obligados de cada principio de año, derivados de los
festejos de la jornada, hay que sumarles el pago
de los impuestos por servicios básicos como el predial, la recoja de basura y otras
obligaciones ineludibles con el fisco y con otros acreedores.
En
una primera semana atípica, nos hemos encontrado además de aumentos de precios
en los artículos básicos, la certeza de que ya se terminó la era de las bolsas
desechables, y dio inicio el uso de otros recipientes, sin saber
a ciencia cierta que va a ocurrir con ciertos contenedores que lo mismo sirven
para manejar residuos sólidos y recoger los desechos de los “peluditos” que para la venta de alimentos y bebidas.
Sume,
pero no piense mucho en ello; no se esfuerce ni se caliente la cabeza en
suponer qué pasará con las reformas a otras leyes que en un descuido o una
mala racha pudieran conducirle a una acusación de delincuencia
organizada, y en una de esas, perder la libertad y ver el patrimonio de toda una
vida expuesto en una mesa de remate.
Porque,
mire usted, las reformas tuvieron
-tienen todavía- a millones de mexicanos, principalmente de clase media,
preocupados por saber si habrá o no intromisión del fisco en la economía de los
hogares, y un férreo control de sus gastos. La explicación de algunas
autoridades intermedias, puso un poco de tranquilidad, pero no convenció a
todos.
Ya
las alzas se encuentran a la orden del día, y solamente para ponerlo como
ejemplo, las bolsas ecológicas para las compras que antes de manera opcional
se adquirían en los supermercados a razón de veinte o treinta pesos, en este
momento se venden a por lo menos el triple de su precio
original.
La
cuesta de enero ya está aquí, cruda como nunca, y con ella llegaron las alzas a
los combustibles, al gas doméstico, a la electricidad, al derecho de contar con vivienda propia,
a la recoja parcial de basura, al agua entubada. Y vendrán más cosas, téngalo por seguro.
Algo está sucediendo en casa
Sigue
la madre naturaleza en su intento de corroborar las teorías de los primeros
pobladores de la región que creían en la magia del maíz con la misma intensidad
que en sus predicciones. De la observación podían anticipar lo que podían
esperar de la cosecha del grano. Confiaban en sus dioses, en los períodos de
lluvia, y desde luego, en las “cabañuelas”.
Con
el clima cambiante antes atribuido al fenómeno, se cumplió el ofrecimiento al gobierno estatal de la compañía naviera francesa Ponant, y su
crucero de lujo “Le Champlain”, arribó hasta
en siete ocasiones repleto de turistas de alta capacidad económica que
pernoctaron en Campeche, recorrieron sus sitios de interés, y efectuaron una
importante derrama monetaria a favor de la industria que no echa humo, no
ensucia ni contamina.
Con
las cabañuelas llegaron también acontecimientos poco comunes en el ámbito
local, como la tunda en prensa, televisión y hasta en redes sociales
a quien es al responsable de los asuntos del turismo desde inicios de la administración
de Alejandro Moreno Cárdenas, y mantenido hasta hoy por Carlos Miguel Aysa
González.
El motivo principal de la andanada contra el encargado del sector, se
inició por el supuesto robo a un turista en un hotel del centro de la Ciudad.
Excesivo, porque ningún huésped responsable deja en su habitación sin por lo menos reportarlo a la
administración, objetos de alto valor comercial. Peor aún, miles de dólares en
efectivo. El señor Manos no tendría ninguna responsabilidad aunque el hurto
resultara cierto.
Algo
semejante ocurrió con la encargada del Patronato de la Ciudad, lo que sea
que signifique el cargo y lo que sea que realice. Nada contra ella ni contra
nadie, pero es notoria la enorme cantidad de bolsas de basura depositadas
hasta altas horas de la noche en los sitios más frecuentados. Si hay dudas, observe el muladar permanente en el Centro Histórico, en especial a las puertas de un banco.
Aquí
entre nos, hablando de turismo y de los servicios de limpieza, no puede dejar de pensarse
en en “el arqui" como responsable y precursor de la
actividad. Ni qué decir de su paso por el Ayuntamiento, cuando hizo del municipio ejemplo de orden y eficiencia.
Jorge Luis González Curi consolidó el trabajo de un grupo de campechanos, entre ellos su hermano
Antonio. Con mucho esfuerzo y poco capital, pusieron a Campeche en el mapa internacional con sus dos
títulos de “Patrimonio de la Humanidad”, y aquel pegajoso eslogan del “Tesoro
Escondido”. Un adecuado trabajo de promoción institucional antes que personal podría regresar esos tiempos ¡Ojalá!.
… Y ALGO MÁS
Un aumento que de verdad
lastima
De
todos los incrementos, el de la tortilla es de los más sensibles. Aumento en insumos,
como la harina, salarios, gas, electricidad, competencia “desleal”, cualesquiera que se mencione,
repercute en el precio e impacta a las familias que entre más pobres, más
dependen de ella para completar su dieta.
Con
imaginación, políticas adecuadas y tal vez subsidios, podría hacerse menos
grave la tan cacareada “cuesta de enero” que de por sí ya trae lo suyo.
De toreros y manteros
Nada
tiene que ver con la llamada fiesta brava y con su combate a través de
presiones de grupos sociales que abogan por los animales, pero en la Capital
del país les llaman “toreros”. En regiones lejanas como Barcelona, les dicen
simplemente, “manteros”.
Son
comerciantes ambulantes, reconocidos por su habilidad para recoger sus productos
y escapar de la policía y de los inspectores. Cualquiera que sea la causa, en
Campeche ya se está presentando este fenómeno, en especial en los alrededores
del mercado principal y en la calle 53.
Ojalá
las autoridades municipales y las que tienen que ver con el comercio puedan
proponer una solución viable que satisfaga y convenza a las partes involucradas.
Tienen razón los comerciantes establecidos que pagan impuestos, renta y
empleados. Derechos tal vez no los tengan los ambulantes, aunque sí motivos para buscar una
manera de ganarse la vida.
Diálogo,
concertación, y una solución que debe ser eminentemente política. No hay de
otra.
Rafael Rodríguez Cabrera se nos
va
Algunos
opinan que el doctor Rafael Rodríguez Cabrera se va de Campeche. Que ha sido
invitado por el presidente para unirse al equipo de la Cuarta Transformación.
Se dice que ya hay un acuerdo entre el gobernador Carlos Miguel Aysa González y
el presidente Andrés Manuel López Obrador y solamente falta determinar las
fechas.
Podría
tratarse de un rumor, hasta ahora nadie lo sabe, lo que sí está claro, es la certeza
de la capacidad, honestidad e institucionalidad de Rafael, producto de su
formación familiar. Si se va, enhorabuena, que lo que pierda Campeche lo gane
el país entero.

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