Disculpa
anticipada por el abuso de la primera persona del singular. Desde la visión de un
tercero, simplemente carecería de objetividad evocar la lejana niñez en el seno
de una familia de clase media, sencilla y pueblerina. Ni pensar entonces en hogares
destrozados, bullying, traumas, sicólogos y terapistas de la conducta. Las
cosas a mediados del siglo pasado se manejaban de otra manera.
Nacimos y nos criamos
en un hogar promedio, no muy diferente de los demás. Un padre de carácter férreo, un abuelo todo ternura y comprensión y con un concepto muy
especial de la rectitud y la honestidad. La madre y la abuela, simplemente encargadas
de la magia de la cocina, de hacer rendir el presupuesto, y de vez en cuando de
ajustar las cuentas.
Fuimos ocho
hermanos, siete sobrevivientes. Tres hermanas de edades diferentes, varias tías,
numerosas primas y, por supuesto, muchas amigas. De pequeños nos enseñaron a
apreciar y respetar a las mujeres. Una falta contra una sola costaba caro al
infractor. La dureza de un cinturón de cuero o un zapato lanzado con inexorable
tino, dejaban escasas huellas físicas; morales, por supuesto, las que calaron y
dejaron huellas en mi alma.
Desde las
primeras letras hasta la Universidad, pasando por la Normal, siempre convivimos
hombres y mujeres. En especial en la última, la diferencia en número era
abrumadora, algo así como diez muchachas por cada varón. A todas las chicas de
ese tiempo las recuerdo buenas compañeras, amables, bellas, y sobre todo,
mejores estudiantes que yo.
En los
diferentes empleos hasta el retiro, siempre hubo un buen número de compañeras. De
todas guardo el mejor de los conceptos, y difícilmente pueda concebir
hacia alguna un solo pensamiento negativo. Las mujeres de mi vida, muchas, y a
todas las recuerdo con cariño por lo que aportaron a mi formación y ayudaron a
alcanzar la madurez de la mediana edad, que como es sabido, se convierte en sabiduría
en la edad mayor.
Me declaro con
el corazón un decidido feminista. Los que me conocen saben que es norma de mi
vida hablar bien de las mujeres. La ideología y el pensamiento ajeno son
patrimonio inalienable, como los es en especial el sagrado derecho de las damas de
hacer su propia vida y sobre todo, luchar con todo para conservarla.
De ahí que, cuando el domingo ocho y, por supuesto, el planeado lunes nueve
parecían quimeras, usamos el espacio acostumbrado para reflexionar en las redes
sociales, para apoyar el proyecto femenino, y de paso, asegurar como al final
fue, que habría un antes y un después de la marcha y el “día sin mujeres”.
Este atípico
marzo será recordado por varias razones, y en especial, por el despertar de las
mujeres como fuerza social. Marcharon millones y se dejaron ver. Pararon
millones y se dejaron sentir. Con su ausencia detuvieron por un día la vida de
la nación. México cambió, no hay duda y ya lo empezamos a ver.
Los intentos de
manipulación y descalificación fueron arrojados al vacío, y a la calle los que
pretendieron beneficiarse con el activismo de las mexicanas. Por sí solos se apagaron los
murmullos humillantes de que se trataba de un movimiento calculado y financiado
por los partidos políticos. La inquietud femenina motivó y arrastró a hombres y
mujeres.
Fue vano el
intento de las encapuchadas de negro de siempre, las que están en los paros de las
universidades lo mismo que en las protestas callejeras para destruir, dañar,
pintarrajear y causar destrozos. Mujeres que sin pudor desprestigian a su género y reciben sus doce monedas compensatorias desde la nómina o la lista
de raya. Su castigo, la ignominia.
Quedó claro que
no se trató sólo de un movimiento pro aborto. Imposible, si había mujeres de generaciones
diferentes, como también de diferentes niveles sociales y distintas ocupaciones.
Intelectuales, profesionistas, periodistas, empresarias, funcionarias gubernamentales, obreras, amas de casa,
marcharon juntas y después, desaparecieron juntas. México cambió y a partir de esta
primavera se va a dar -se está dando- mejor atención a las mujeres mexicanas
que no piden otra casa que justicia, y recuperar sus calles, y caminar seguras. Las
mujeres ya dijeron que es de noche y todos deben entender que este es el mejor
momento para encender las luces… del entendimiento.
El deporte, el rumor, la salud y la política
No ha de haber
sido fácil para el gobernador tomar la decisión de llevar a cabo el evento
deportivo internacional Ironman 70.3. Carlos Miguel Aysa González es un hombre
serio y responsable, debemos ponerlo primero sobre la mesa, para concluir en que
muchas horas de meditación propia y de cálculos y estudios de su equipo de
trabajo, médico, político, económico y deportivo habrán tenido lugar antes y durante
el pasado domingo.
Debe haberle costado
horas de sueño al mandatario analizar la posibilidad de suspender la justa
deportiva. Las voces que se alzaron, en especial desde redes sociales, no todas fueron
de mala fe, algunas, reflejaban una legítima preocupación. Otras,
desafortunadamente, provenían de gente mal intencionada, alarmista, y posiblemente con interés perverso.
Lo que quedó muy
claro, cualquiera que fuera la intención, es que en todas ellas había una elevada
dosis de desconcierto derivado de la misma desinformación. Los mal intencionados tenían
un objetivo específico, claro, crear un ambiente de temor y angustia que redundara en el desprestigio del gobierno en turno.
Pese a todo y a
todos los rumores, de buena o mala fe, el evento fue exitoso y Campeche
cumplió con un compromiso establecido desde la realización del anterior
evento que, simplemente, había encantado a los campechanos.
De lo que
estamos seguros es de que los contagios en algún momento habrán de alcanzarnos,
y que como en otras latitudes, las autoridades de los tres niveles de gobierno,
del tipo que sea, estarán al pendiente para informar a la población y dictar
las medidas necesarias para que el daño sea el menor posible. La atinada decisión de modificar el período vacacional es una muestra.
Enfrentemos una
realidad tangible: en Campeche tenemos mando y gobierno, pero eso no convierte a la entidad en un territorio
inaccesible al que por alguna razón no penetrará el microrganismo viral. Un día
llegará y causará sus efectos nocivos, y de nosotros dependerá que no sean
letales, o por lo menos, no tan dañinos.
Cada quien debe
hacer su tarea, y esta consiste en estar pendientes de las indicaciones que
dicten las autoridades sanitarias, y del tipo que sea, pero principalmente, no hacer
caso de los rumores cargados de perversidad. En especial, exhibir a quien los inicie o los propague.
Seamos ciudadanos campechanos responsables, nuestras familias lo merecen.
… Y ALGO MÁS
Campeche y Yucatán con su territorio a salvo
Triunfaron el
derecho y la razón, y en el caso del provocado lío limítrofe con el estado vecino que pretendió
agenciarse una amplia franja de territorio campechano y yucateco, la Suprema
Corte de Justicia de la Nación aplicó un criterio simple: ¡Ninguna disposición
local podrá estar por encima de un mandato federal!
Lo anterior deja
sin efecto el endeble argumento esgrimido por parte de grupos interesados que a
falta de cultura jurídica echaron mano de otros recursos, y no se les puede
negar habilidad, por supuesto que no, si habilidad puede llamarse a la
capacidad de manipular a su antojo a todo un poder hasta llevarlo a ser partícipe
de lo absurdo.
Lo importante
ahora es dejar en claro que, históricamente, ya lo escribimos alguna vez, entre
los campechanos y los quintanarroenses, sobre todo los que habitan en la franja
limítrofe, ha habido siempre una relación de amistad y hasta de familiaridad que
no podía romperse o alterarse por el capricho de algunos. Hay una historia
relacionada con el primer gobernador constitucional, Jesús Martínez Ross en su
cierre de campaña. Pronto la reescribiremos.
Ahora bien, ha
llegado el momento de que aquel legislador que desde la tribuna lanzó condenas
y declaró no grato al gobernador Carlos Miguel Aysa González, tome de nuevo el
micrófono y alce su voz para mostrar arrepentimiento, y por qué no, para
invitar al jefe del ejecutivo campechano a visitarlos y disculparse con él personalmente
¡Sería un gesto de caballeros y los quintanarroenses lo son, ni duda cabe!

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