domingo, 15 de marzo de 2020

DE MUCHO, UN POCO/La primavera de un nuevo país

Disculpa anticipada por el abuso de la primera persona del singular. Desde la visión de un tercero, simplemente carecería de objetividad evocar la lejana niñez en el seno de una familia de clase media, sencilla y pueblerina. Ni pensar entonces en hogares destrozados, bullying, traumas, sicólogos y terapistas de la conducta. Las cosas a mediados del siglo pasado se manejaban de otra manera.
Nacimos y nos criamos en un hogar promedio, no muy diferente de los demás. Un padre de carácter férreo, un abuelo todo ternura y comprensión y con un concepto muy especial de la rectitud y la honestidad. La madre y la abuela, simplemente encargadas de la magia de la cocina, de hacer rendir el presupuesto, y de vez en cuando de ajustar las cuentas.
Fuimos ocho hermanos, siete sobrevivientes. Tres hermanas de edades diferentes, varias tías, numerosas primas y, por supuesto, muchas amigas. De pequeños nos enseñaron a apreciar y respetar a las mujeres. Una falta contra una sola costaba caro al infractor. La dureza de un cinturón de cuero o un zapato lanzado con inexorable tino, dejaban escasas huellas físicas; morales, por supuesto, las que calaron y dejaron huellas en mi alma.
Desde las primeras letras hasta la Universidad, pasando por la Normal, siempre convivimos hombres y mujeres. En especial en la última, la diferencia en número era abrumadora, algo así como diez muchachas por cada varón. A todas las chicas de ese tiempo las recuerdo buenas compañeras, amables, bellas, y sobre todo, mejores estudiantes que yo.
En los diferentes empleos hasta el retiro, siempre hubo un buen número de compañeras. De todas guardo el mejor de los conceptos, y difícilmente pueda concebir hacia alguna un solo pensamiento negativo. Las mujeres de mi vida, muchas, y a todas las recuerdo con cariño por lo que aportaron a mi formación y ayudaron a alcanzar la madurez de la mediana edad, que como es sabido, se convierte en sabiduría en la edad mayor.
Me declaro con el corazón un decidido feminista. Los que me conocen saben que es norma de mi vida hablar bien de las mujeres. La ideología y el pensamiento ajeno son patrimonio inalienable, como los es en especial el sagrado derecho de las damas de hacer su propia vida y sobre todo, luchar con todo para conservarla.
De ahí que, cuando el domingo ocho y, por supuesto, el planeado lunes nueve parecían quimeras, usamos el espacio acostumbrado para reflexionar en las redes sociales, para apoyar el proyecto femenino, y de paso, asegurar como al final fue, que habría un antes y un después de la marcha y el “día sin mujeres”.
Este atípico marzo será recordado por varias razones, y en especial, por el despertar de las mujeres como fuerza social. Marcharon millones y se dejaron ver. Pararon millones y se dejaron sentir. Con su ausencia detuvieron por un día la vida de la nación. México cambió, no hay duda y ya lo empezamos a ver.
Los intentos de manipulación y descalificación fueron arrojados al vacío, y a la calle los que pretendieron beneficiarse con el activismo de las mexicanas. Por sí solos se apagaron los murmullos humillantes de que se trataba de un movimiento calculado y financiado  por los partidos políticos. La inquietud femenina motivó y arrastró a hombres y mujeres.
Fue vano el intento de las encapuchadas de negro de siempre, las que están en los paros de las universidades lo mismo que en las protestas callejeras para destruir, dañar, pintarrajear y causar destrozos. Mujeres que sin pudor desprestigian a su género y reciben sus doce monedas compensatorias desde la nómina o la lista de raya. Su castigo, la ignominia.
Quedó claro que no se trató sólo de un movimiento pro aborto. Imposible, si había mujeres de generaciones diferentes, como también de diferentes niveles sociales y distintas ocupaciones. Intelectuales, profesionistas, periodistas, empresarias, funcionarias gubernamentales, obreras, amas de casa, marcharon juntas y después, desaparecieron juntas. México cambió y a partir de esta primavera se va a dar -se está dando- mejor atención a las mujeres mexicanas que no piden otra casa  que justicia,  y recuperar sus calles, y caminar seguras. Las mujeres ya dijeron que es de noche y todos deben entender que este es el mejor momento para encender las luces… del entendimiento. 

El deporte, el rumor, la salud y la política 
No ha de haber sido fácil para el gobernador tomar la decisión de llevar a cabo el evento deportivo internacional Ironman 70.3. Carlos Miguel Aysa González es un hombre serio y responsable, debemos ponerlo primero sobre la mesa, para concluir en que muchas horas de meditación propia y de cálculos y estudios de su equipo de trabajo, médico, político, económico y deportivo habrán tenido lugar antes y durante el pasado domingo.
Debe haberle costado horas de sueño al mandatario analizar la posibilidad de suspender la justa deportiva. Las voces que se alzaron, en  especial desde redes sociales, no todas fueron de mala fe, algunas, reflejaban una legítima preocupación. Otras, desafortunadamente, provenían de gente mal intencionada, alarmista, y posiblemente con interés perverso.
Lo que quedó muy claro, cualquiera que fuera la intención, es que en todas ellas había una elevada dosis de desconcierto derivado de la misma desinformación. Los mal intencionados tenían un objetivo específico, claro, crear un ambiente de temor y angustia que redundara en el desprestigio del gobierno en turno.
Pese a todo y a todos los rumores, de buena o mala fe, el evento fue exitoso y Campeche cumplió con un compromiso establecido desde la realización del anterior evento que, simplemente, había encantado a los campechanos.
De lo que estamos seguros es de que los contagios en algún momento habrán de alcanzarnos, y que como en otras latitudes, las autoridades de los tres niveles de gobierno, del tipo que sea, estarán al pendiente para informar a la población y dictar las medidas necesarias para que el daño sea el menor posible. La atinada decisión de modificar el período vacacional es una muestra.
Enfrentemos una realidad tangible: en Campeche tenemos mando y gobierno, pero eso no convierte a la entidad en un territorio inaccesible al que por alguna razón no penetrará el microrganismo viral. Un día llegará y causará sus efectos nocivos, y de nosotros dependerá que no sean letales, o por lo menos, no tan dañinos.
Cada quien debe hacer su tarea, y esta consiste en estar pendientes de las indicaciones que dicten las autoridades sanitarias, y del tipo que sea, pero principalmente, no hacer caso de los rumores cargados de perversidad. En especial, exhibir a quien los inicie o los propague. Seamos ciudadanos campechanos responsables, nuestras familias lo merecen. 

… Y ALGO MÁS

Campeche y Yucatán con su territorio a salvo 
Triunfaron el derecho y la razón, y en el caso del provocado lío limítrofe con el estado vecino que pretendió agenciarse una amplia franja de territorio campechano y yucateco, la Suprema Corte de Justicia de la Nación aplicó un criterio simple: ¡Ninguna disposición local podrá estar por encima de un mandato federal!
Lo anterior deja sin efecto el endeble argumento esgrimido por parte de grupos interesados que a falta de cultura jurídica echaron mano de otros recursos, y no se les puede negar habilidad, por supuesto que no, si habilidad puede llamarse a la capacidad de manipular a su antojo a todo un poder hasta llevarlo a ser partícipe de lo absurdo.
Lo importante ahora es dejar en claro que, históricamente, ya lo escribimos alguna vez, entre los campechanos y los quintanarroenses, sobre todo los que habitan en la franja limítrofe, ha habido siempre una relación de amistad y hasta de familiaridad que no podía romperse o alterarse por el capricho de algunos. Hay una historia relacionada con el primer gobernador constitucional, Jesús Martínez Ross en su cierre de campaña. Pronto la reescribiremos. 
Ahora bien, ha llegado el momento de que aquel legislador que desde la tribuna lanzó condenas y declaró no grato al gobernador Carlos Miguel Aysa González, tome de nuevo el micrófono y alce su voz para mostrar arrepentimiento, y por qué no, para invitar al jefe del ejecutivo campechano a visitarlos y disculparse con él personalmente ¡Sería un gesto de caballeros y los quintanarroenses lo son, ni duda cabe!


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