Los
primeros movimientos se dieron en la campaña de Madero. El grupo femenil “Las
Hijas de Cuauhtémoc”, protestó el fraude electoral y reclamó su derecho a participar
en política. Un lustro después, en Yucatán, se celebró el Primer Congreso
Feminista animado por el gobernador Salvador
Alvarado. La demanda, el voto ciudadano a favor de las mujeres.
En
parte del sur y sureste se conquistó su igualdad jurídica, y en mil novecientos
diecisiete, tras la promulgación de la Constitución, se expidió la “Ley de
Relaciones Familiares”, de acuerdo a la cual, hombres y mujeres serían iguales
en el seno del hogar y la familia. Contradictoriamente, ni ciudadanía ni derecho al voto.
En
el camino se crearon varias organizaciones femeniles que buscaban el reconocimiento
al derecho a votar y ser votadas. En el treinta y siete, el presidente Lázaro Cárdenas
envió a la Cámara de Senadores la iniciativa para reformar el Artículo 34 constitucional,
como primer paso para que las mujeres obtuvieran la ciudadanía. El voto, no.
En
mil novecientos cuarenta y seis, los diputados
aprobaron la iniciativa del Presidente Alemán. A partir de su promulgación
el doce de febrero del cuarenta y siete, se modificaría el artículo 115, para que en las siguientes elecciones municipales
participaran las mujeres, en igualdad de condiciones que los varones y con el
derecho a votar y ser elegidas.
En
un mitin de su campaña, Adolfo Ruiz
Cortines se comprometió a otorgarles el derecho pleno, y fue así que, un
año después, el diecisiete de octubre de mil novecientos cincuenta y tres, su
compromiso se cumplió con la promulgación de la reforma constitucional que otorgó el voto a las mujeres, ahora en
el ámbito federal.
Consecuentemente,
el artículo 34 constitucional se modificaría en el sentido de que: “Son ciudadanos de la República los varones y
las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los
siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo
son, y tener un modo honesto de vivir”.
Superados
esos tiempos, ya no se considera obsequio generoso el reconocimiento de las
mujeres a la participación en la vida pública. Antes bien, en el concierto internacional,
un indicador del avance democrático se mide a través de las condiciones de
igualdad entre los sexos. Paridad de
género, le llaman a la participación equilibrada de hombres y mujeres.
El destino nos alcanzó, y como es sabido, en la elección a
celebrarse el próximo cinco de junio, de
los quince estados que renovarán gubernaturas, por lo menos siete deberán
enfrentar el proceso con mujeres como candidatas. Acertado o no,
justificado o no, lo aprobó el Consejo General del Instituto Nacional Electoral y tiene a varios
partidos preocupados.
La
razón, absortos en cuestiones de fuerzas grupales y rentabilidad electoral, algunos
no se dieron el interés ni el tiempo para conformar sus cuadros femeninos, y al
parecer, cuentan con demasiados varones y un puñado de mujeres destacadas para
enfrentar el proceso.
El
Partido Revolucionario Institucional, a través de su dirigente nacional,
Alejandro Moreno Cárdenas, manifestó total disposición a acatar lo ordenado por el INE.
Por su dinámica, su estructura y sus dirigencias, nacional y estatales y hasta el
último comité de base, cuentan con hombres
y mujeres con posibilidades de participación y oportunidades. Y no es simple
retórica.
Inexplicablemente,
el partido en la presidencia de la república, y otros, se oponen a la
posibilidad de postular mujeres. No ha de ser el caso de Campeche donde tienen buenos
prospectos para una contienda en la que priven el decoro y el respeto: Layda, Rocío y Magui, por ejemplo. Lo
que pase en otros estados, que preocupe a otros estados.
Merecido lugar en la
aceptación ciudadana
El
autor siempre ha pensado que la vida no es en sí misma una competencia, y que
más allá de aspirar a los primeros sitios, deberá sentarse bien las bases para
mantenerse firme en la carrera. La mitad de la tabla de posiciones, es por derecho un sitio de honor.
Este
es el caso de Campeche, de su gobierno y del gobernador. El lugar quince y en
ascenso entre los treinta y dos estados, sitúa adecuadamente al gobernador
Carlos Miguel Aysa González, y lo posiciona bien. Diecisiete meses han sido
suficientes para mejorar su evaluación.
Cuentan
acciones como la respuesta correcta a las afectaciones ocasionadas por los
fenómenos meteorológicos. Le ha valido el reconocimiento ciudadano haber
comisionado a funcionarios de su gobierno para enlazar a la gente con las autoridades
y otros organismos.
El
manejo de la pandemia que mantiene a Campeche como el único Estado del
país en semáforo verde de riesgo epidemiológico, influye de manera determinante
en la aprobación de los campechanos respecto de la gestión del jefe del
ejecutivo.
En
el Capítulo Gobernadores de México: Aprobación Ciudadana correspondiente al mes
anterior, Consulta Mitofsky concluye que, Aysa fue el gobernador con mayor
incremento en aceptación. Un mes antes, su aprobación era del 43.6 por ciento.
El mes de octubre de la medición, tuvo un incremento de 4.8, para llegar al
48.4 por ciento.
Lo
anterior no es producto del falso halago, y más bien, un reconocimiento al
trabajo del mandatario. Su forma de administrar a través de una política de
gasto responsable, cubrió los aspectos señalados, a la vez que llevó obras de
infraestructura a todos los municipios del estado, dinamizando la economía e impidiendo
el estancamiento tras el confinamiento
social.
... Y ALGO MÁS
Las guarderías, el IMSS y los
abuelos
Hace
ocho meses todo era confusión e incertidumbre. Nadie en tres o cuatro
generaciones había vivido una experiencia semejante, y la interrupción de la vida en familia y en sociedad a que
estábamos acostumbrados. Llegó el desdichado encierro, con la advertencia de
cuidar a los mayores porque serían los de mayor riesgo frente a la pandemia.
Las
madres y padres de familia que pertenecían por cuestiones de empleo a
cualquiera de los órdenes de gobierno, simplemente se enclaustraron en sus
hogares con sus nóminas seguras. Para los dueños y trabajadores de empresas y
negocios pequeños fue otro el drama.
La
gente común, acostumbrada a dejar a sus hijos en las guarderías del Instituto
Mexicano del Seguro Social, propias o subrogadas, no tuvo mayor problema,
porque por indicaciones de las autoridades de salud, se mantendrían en sus
casas cuidando de sus hijos menores.
Al
cierre de las guarderías de la extinta Sedesol, acusadas por el gobierno
federal de casos de corrupción, se
propuso la entrega directa a los padres de familia, del dinero para la atención
de sus hijos. Ellos lo entregarían a los abuelos que se hicieran cargo de los
nietos.
Con
el regreso a los centros de trabajo, aquí en Campeche ya han mostrado su
descontento los dueños y empleados de
las guarderías subrogadas al IMSS, que reclaman la reapertura. Alegan que se trata de una actividad
esencial, y el estado es el único con semáforo epidemiológico en verde.
La
cuestión no es tan sencilla y el asunto requiere de la atención del Instituto a
un problema que podría escalar y como consecuencia, los padres de familia
reclamar jurídicamente el cumplimiento de las obligaciones que señalan los
artículos 171 de la Ley Federal del Trabajo normativa del 123 Constitucional, y
los numerales 201 y 205 de la Ley del Seguro Social.
Según
se sabe, esperan respuesta ocho propietarios de guarderías subrogadas,
doscientos treinta y ocho empleados, y más de novecientos campechanos padres y
madres de pequeños entre el mes y medio y los cuatro años de edad. En la fila, cientos de adultos mayores han
suspendido su descanso para cuidar de sus nietos. Ninguno hasta hoy ha sido
escuchado.
Un dúo que le da duro al
trabajo
Fuerte
y de la mano y sin descuidar sus respectivas responsabilidades que les han
hecho ganarse la confianza y el aprecio de la gente y del gobernador Aysa
González, Pedro Armentía y Christian Castro, Secretarios General de Gobierno y de
Desarrollo Social y Humano, respectivamente, no desperdician sus momentos libres y su
condición de Consejeros estatales para reunirse con la estructura y la militancia
de su partido. Champotón y Calkiní fueron la muestra de la semana.

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