No se trata de la famosa obra cómico-satírica escrita por Oscar Wilde por allá de mil novecientos ochenta y cinco con el título en inglés “The Importance of Being Earnest” (A Trivial Comedy for Serious People). Traducida al español, algo así como La importancia de llamarse Ernesto (Una comedia simple para gente seria).
En su desarrollo, dos hombres fingen, primero porque dicen llamarse Ernesto, lo mismo que con sus personalidades que van de lo chusco a lo dramático, con el propósito de enamorar a dos chicas aristócratas que deliran por casarse con parejas de ese nombre.
Con ese mismo alto sentido de lo satírico, mezcla de cómico y dramático, dos jóvenes de “rancio” origen, al estilo de los principales personajes de la pluma de Wilde, fingen lo que no son, pero coinciden en esta tragicomedia en algo incuestionable: los dos se llaman igual y juegan el mismo juego, el de la deslealtad y la traición.
El primer Emilio, el petrolero, se dejó seducir con el ofrecimiento de que contará otra vez con libertad plena y sus cuantiosos bienes. A cambio, soltó la lengua para comprometer a “los que lo obligaron” a caer en la tentación del dinero fácil. Odebretch benefició a otros, lo suyo fue inducción perversa.
El ejemplo cunde, no cabe duda, y ahora un homónimo del aristócrata muchacho, en pleno disfrute personal y familiar de su riqueza mal habida, ante el acoso de la justicia, aprendió del otro Emilio, y se fue en contra de su antigua generosa jefa. Quien fuera ajonjolí de todos sus moles, apuñaló la espalda de la solitaria Rosario, que ya se prepara para hacer lo propio.
A los tocayos los une el mismo objetivo. Al estilo de la obra de Wilde, su propósito es el mismo, o, más bien, el de sus aparentes protectores. Espera impunidad a cambio de servir para alinear el disparo indirecto de la ley contra el ex presidente Peña Nieto, y en especial contra el ex Canciller Videgaray. Indirectamente, porque el objetivo final sería el PRI.
La feria de declaraciones apenas comienza y por ahora, el Revolucionario Institucional se encuentra a salvo; sin embargo; no se dude de que en ambos casos, desde la Fiscalía e Inteligencia Financiera seguirán la ruta del dinero para saber si fue utilizado en las pasadas campañas.
Parece extraviado el compromiso de Andrés Manuel de no molestar al ex presidente a cambio de su ayuda. Peña le cumplió imponiendo al priismo el peor candidato de su historia. Experimentado, pero ajeno; totalmente desangelado, con un discurso aburrido y la sonrisa forzada de David Garrik. El resultado, la pérdida alarmante de buena parte del voto duro.
Por si fuera poco, sobre sus espaldas el peso del último aumento a las gasolinas. A fines de noviembre de dos mil diecisiete que dejó la titularidad de Hacienda para “buscar” la candidatura, se hacía bolas justificando el golpe a los mexicanos. Su rival, entre tanto, se desgañitaba ofreciendo bajar los precios -que al fin no sucedió.
Lo importante ahora sería recuperar el dinero desviado, seguirle la huella hasta alcanzar a los directores, rectores y ex rectores que de la mano de muchas empresas fantasmas se apoderaron de miles de millones de pesos de los mexicanos. Pero la 4T tiene prisa y su prioridad no es necesariamente esa.
Quiere tener los casos listos y resueltos antes de las elecciones del próximo mes de junio en las que habrá más de un candidato descarrilado de las boletas. En el camino surgirán tal vez más “Emilios” apegados al criterio de oportunidad. No sé si ustedes apostarían por un final feliz, yo no.
¡Unanimidad! ¡Unanimidad!
¡Asombroso! ¡Inusitado! Por primera vez en estos últimos dos años y en muchos, los diputados federales se pusieron de acuerdo en todo. Sin discusiones estériles, sin voces discordantes, votaron por unanimidad. No importó que fueran tricolores, blanquiazules, guindas o cualquiera de la escala ¡Votaron a favor! ¡No faltaba más!

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