sábado, 26 de diciembre de 2020

DE MUCHO, UN POCO/El principio del fin

La abuela materna, nacida en un punto del Camino Real, el pueblo de Dzitbalché -ahora cabecera municipal-, en tiempo de elecciones y en todo tiempo, al atardecer y junto al ocurrente abuelo, ambos sentados cómodamente a las puertas de su hogar chenero en troncos aserrados de árboles secos, con sendos “Alas Simples” en los labios, solían filosofar.
El que no quiera resbalones ni conocer a sus verdaderos antepasados, que no entre a la cocina ni se meta a la política”, era la frase clásica del viejo. La matrona de los exquisitos guisos, por su parte, cuando intuía un conflicto, se miraba fijamente el moreno antebrazo izquierdo, al tiempo que exclamaba: “Ellos son blancos y que entre blancos se entiendan”.
Oportuno en estos tiempos de elevada efervescencia política y una manera peculiar de aplanar diferencias desde el escabroso mundo de las “benditas” redes sociales que, si bien no en calidad pero sí en cantidad, han rebasado a los medios tradicionales, precisamente por su liviandad y por esa facilidad de decir lo que se les pega la gana sin temor a las consecuencias.
El respeto se ha perdido de ambas partes, sin considerar que ya sea en forma directa o a través de voceros “yutuberos” y otros especímenes, se puede expeler cualquier cantidad de barbaridades, improperios, descalificaciones, e incluso meterse con lo más preciado del ser humano, su familia, su entorno, su privacidad y su honor.
Un affaire entre un conocido comunicador y el mismo presidente nos da idea de en lo riesgoso que se ha ido convirtiendo el manejo de cualquier vía de comunicación. Un cartón del mes de junio y una leyenda que quedó atrapada en el ámbito presidencial, elevó a la enésima potencia la malévola actividad de los invernaderos de “bots” y cuentas falsas.
Mientras México se debate entre el interés por frenar la tremenda crisis de salud y la ola de decesos que está pegando fuerte a las familias, a la vez que sus consecuencias económicas por el camino de regreso al semáforo rojo y tantos negocios cerrados, no faltan las ocurrencias.
Desde el área de comunicación del gobierno federal se propone que los partidos cedan su tiempo oficial en medios para dedicarlo a la publicidad relativa al combate al coronavirus; como si las conferencias vespertinas de López-Gatell y las menciones mañaneras no fueran suficientes. Nobleza del funcionario que concibió la brillante idea.
Por su parte, desde el partido del presidente López Obrador, surge otra voz generosa, para anunciar que Morena cederá la mitad de sus prerrogativas para comprar vacunas contra el mal, a la par que invita a los demás partidos a imitarlos. Otra manifestación de altruismo extremo que difícilmente tendrá como propósito debilitar a la naciente coalición “Va por México”.
El presidente ya anunció que “se cuenta con el presupuesto necesario para adquirir todas las dosis” del fármaco. De paso podrían explorarse otras vías para facilitar la cobertura universal y reducir el gasto. Súmese la intervención de los gobiernos estatales, y permitir a la medicina privada su participación para cubrir a la población de alto poder adquisitivo, por ejemplo.
Con miedo a los resbalones y lejos de la cocina, temerosos de formar parte de las estadísticas y sumarse a la cada vez más larga lista de decesos, desde el fondo de su alma, los mexicanos recogen lo mejor de las palabras más emocionadas que le hemos escuchado al Canciller Ebrard al recibir el primer lote de vacunas: Este es el principio del fin ¡Que así sea!

Pedir está “de moda”
El Gobernador de Campeche, “Carlos Miguel Aysa González, es un ejemplo en la buena administración de los recursos públicos, hacia el cierre de año no ha solicitado presupuesto adicional como está “de moda”. Con estas o parecidas palabras distinguió el presidente López Obrador al gobernador Aysa González.
Desde Dzitbalché, en tanto supervisaba el “Tramo 2, Escárcega-Calkiní” de la construcción del Tren Maya, refrendó lazos de amistad y simpatía con el mandatario campechano, a quien convocó al “trabajo conjunto por el bien de los campechanos”. Coincidencia generacional o antigua relación, pero la empatía se hace evidente en cada encuentro.
Al calificarlo como aliado de su administración e impulsor de acciones de beneficio para los campechanos, dejó claramente establecido que tales acciones continuarán en el último tramo de la responsabilidad de Aysa. También, reconoció el respaldo del mandatario local a la obra sobre rieles a la que muchos campechanos sumamos el nuestro.
A punto de empezar las campañas por diversos cargos, entre ellos la propia gubernatura, es menester que los que ahora descalifican tengan en cuenta lo que piensa el presidente antes de continuar con la cantaleta de los noventa años de corrupción, aseveración que además de injusta, ensucia la memoria de muchos coterráneos de bien.
Y si nos referimos a la sólida carrera del jefe del ejecutivo local, que en apariencia terminaría con su magnífico papel al frente del gobierno estatal, casi apostaría que no será así, y que un lugar de honor lo esperará a que termine su mandato. Antes no, no sería justo para Campeche.

… Y ALGO MÁS

La campaña que interesa
Empezaron a llegar las vacunas, unas cuantas, tal vez para ensayar lo que debe ser masivo. Somos ciento veinticinco millones de mexicanos repartidos entre núcleos urbanos de fácil acceso; pero también; siete millones viven en regiones aisladas e inaccesibles del territorio nacional.
Para cubrir en un año al cien por ciento de la población en la primera dosis, se necesitaría aplicar la vacuna inicial a 342,465 personas diariamente. 684,930 al día si pensamos en las dos aplicaciones. Este enorme esfuerzo se lograría si la mayoría de los mexicanos se suman a una misma causa.
Los gobiernos locales deben participar. Los sistemas estatales de salud, al menos en Campeche, funcionan bien y tienen vasta experiencia en medicina preventiva. Los médicos y clínicas privadas podrían hacer su parte ofreciendo el fármaco a familias de alto poder adquisitivo que seguramente acudirían a ese recurso para evitarse filas.
La Cartilla Nacional de Vacunación y un buen trabajo de control oficial podrían lograr el éxito de la campaña y devolver a la población el ánimo y la confianza. Política y salud son dos cosas diferentes y debemos separarlas.
Por ahora la única campaña que debe interesar y que atañe a todos es la de la vacunación, lo demás puede esperar.

Feliz Año Nuevo
Esta será la última columna del año más complicado de que se tenga memoria, con un mal que ha obligado a miles de familias responsables a un encierro de largos ocho meses y a la llamada “Nueva Normalidad”. Y otra vez, retroceder al punto de partida con la salud mermada. Tras la larga hibernación, nos asomarnos a un panorama desconsolador.
Trasponer los umbrales de las puertas largamente cerradas nos llevó a la visión de que el control de los contagios por un tiempo gracias a la participación de las familias responsables, se  viene abajo por la falta de seriedad de los que hacen caso omiso a las advertencias, siguen con fiestas y jolgorios y rechazan las medidas de seguridad como el tapabocas. Descapitalizados, aburridos y síquicamente afectados, nos asomamos de nuevo a la realidad.
Familias campechanas, esperamos que dentro de sus posibilidades hayan pasado una Navidad tranquila, al tiempo que les expresamos el deseo más sincero de que con el nuevo año vengan nuevas y buenas cosas para ustedes, y que de todas ellas la mejor sea la salud ¡Feliz Año Nuevo 2021!

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