Ni esta generación, ni la precedente sufrieron
tanta angustia. Para los mexicanos de la primera mitad del siglo veinte, la
Segunda Guerra Mundial no fue costosa en vidas. Cinco muertos en combate, uno
por enfermedad, y cuatro cadetes en entrenamiento. Sumen catorce en el
hundimiento del barco “Potrero del Llano”, y diez en el del “Faja de Oro”.
El fatal desenlace de ambas embarcaciones
petroleras hizo que el país participara contra las potencias del Eje
Berlín-Roma-Tokio. Aunque no faltaba mucho para el final de la guerra, el Escuadrón
Aéreo 201 tuvo una relevante participación. La contribución real se dio a través
de la incautación de bienes a alemanes, italianos y japoneses residentes en México.
Hubo también beneficios, y muchos. La
escasez de brazos en Estados Unidos convocó a gran cantidad de mexicanos que sustituyeron
a los norteamericanos combatientes. De esta manera se dio la más grande
corriente migratoria de la historia. Como empleados y a la postre empresarios, fortalecieron
a la economía del vecino país, y también a la nuestra.
Por supuesto que estos apuntes no son
reseña de la Gran Conflagración que costó alrededor de cincuenta millones de
vidas y dividió al planeta en dos mitades. Antes bien, un repaso presente de la guerra que el mundo entero está
librando. Sin armas de fuego, sin bombas, sin cañones, sin aviones, y frente a
un enemigo nada convencional.
La humanidad enfrenta un microorganismo que
golpea y se oculta, que asoma y desaparece, pero que está diezmando a la
población mundial, independientemente de su lengua, religión y credo político. México
pelea contra un enemigo invisible que, a diferencia de los treinta y cuatro
sacrificados en la guerra, ha cobrado casi ciento catorce mil vidas, y contando.
El castigo ha sido tal que la mujer más
poderosa del mundo y líder del país que inició la segunda guerra, clama que
pondrá punto final a la angustia y no cargará sobre su conciencia más muertes
de sus conciudadanos. En
el centro del largo túnel y en el momento más oscuro, se vislumbra una luz de
esperanza. Se ha avanzado en una vacuna que frene la oleada.
Aquí hay avances en las negociaciones para
adquirir estas vacunas, y se ha dado a conocer un calendario para su aplicación
en orden de prioridades. Lo que causa inquietud es que el sector salud, el que
siempre actuó oportunamente, luce pasmado frente a una actividad que nos había
ubicado entre los primeros lugares del mundo en medicina preventiva.
Cosa extraña, en lugar del ejército de
médicos y enfermeras que de siempre han realizado la labor, el Ejército Nacional
se hará cargo de la tarea, sin que a semanas de iniciarse se conozca un
protocolo para su desarrollo. Honestos, ordenados, preparados para apoyar a la
población, pero nuestros soldados no cuentan con la experiencia necesaria para hacerlo
solos.
En un país con altos índices de pobreza y marginación,
áreas inalcanzables, una población dispersa y muy influenciable, no será fácil
vacunar a ciento veinticinco millones de mexicanos. A diferencia de países
europeos poblados pero pequeños en territorio, con magníficas vías de
comunicación y un sistema de salud de primer mundo.
Ojalá nuestro soldados puedan con la tarea
y superen las dificultades que van a encontrar en el camino, Ojalá sean sólo coadyuvantes
del sector salud, con el escéptico doctor López-Gatell incluido. Que ganen esta
guerra, para que como Marcelo Ebrard cuando concluyó la gestión por las
vacunas, los soldados mexicanos puedan decir ¡Misión cumplida!
Los procesos avanzan
Consideración
por los demás, es norma de este espacio. De ahí que, muy respetable el proceso
interno de los partidos para seleccionar a sus representantes en las contiendas
constitucionales de la próxima primavera. Damos por bueno el de la presunta
coalición MORENA-PT, como en su momento el que realicen PRI-PAN-PRD.
Si
algo pudiera criticarse del que vía encuesta y según sus propias cuentas
favoreció a la alcaldesa de la colonia Álvaro Obregón de la Ciudad de México,
Layda Sansores San Román, es el discurso que se maneja desde su dirigencia
central. Decir que con la “renovación” se
terminarán “noventa años de corrupción”, suena falto de respeto.
De
mil novecientos treinta a la fecha, ha habido gobernadores que dejaron profunda
huella en la sociedad, y ya no están. Recordemos al culto escritor doctor Héctor
Pérez Martínez. También, a quien cambió el rostro de Campeche, el licenciado y
general José Ortiz Ávila.
Sumemos
al extraordinario político, diplomático, orador y parlamentario de talla
internacional que fue el licenciado don Rafael Rodríguez Barrera. Igualmente, al
noble y respetado constructor y modernizador, el ingeniero Eugenio Echeverría
Castellot.
Ni
qué decir de uno de los políticos más reconocidos en todo el país, el
licenciado Carlos Sansores Pérez, padre precisamente de la aspirante a
gobernadora ¡Bájele dos rayitas a su encono, señor Delgado, lastima el honor de
muchos campechanos y de sus familias!
... Y ALGO MÁS
Acciones oficiales por la
seguridad
La
grilla en grande, rostros aparecidos, promesas que van y vienen, lo mismo que
las críticas a los adversarios con el afán
de desprestigiar, que algo queda. La tradicional lucha campal por los mejores
lugares en las contiendas que se avecinan. El ofrecimiento a flor de labio y el
compromiso de beneficiar a Campeche y a los campechanos. Lo que importa es convencer.
Mientras
eso sucede, el gobernador Carlos Miguel Aysa González continúa con sus
giras y visitas hasta el más apartado rincón
del suelo campechano. Aquí mismo y en un compás de sus recorridos, entregó a la
Secretaría de Seguridad Pública y a la Fiscalía General del Estado, setenta y
tres vehículos nuevos. También, equipamiento, uniformes y mobiliario por casi
setenta millones de pesos.
Oportuna
dotación cuando empieza la temporada de mayor movimiento económico, sin faltar
aunque no es lo deseable, las tradicionales celebraciones de Navidad y fin de
año. Destacable, porque al acto asistieron los comandantes de la Tercera Región
Naval, Octavio Trejo Hermida y de la 33ª Zona Militar, Enrique Dena Salgado, y
el Secretario de Desarrollo Social y Humano, Christian Castro Bello.
Importante
también porque con este evento se confirmó la excelente relación entre los
niveles estatal y federal de gobierno que con su labor conjunta en la protección
a la sociedad, confirman al estado de Campeche como entidad ejemplo en el plano
nacional en materia de seguridad.
No soy candidato de nadie
Mientras
las cosas avanzan en otros partidos que afinan detalles para su futura
actividad, el fin de semana y en una reunión a la vista de todos, se dio en una
cafetería de la ciudad la primera
plática seria y constructiva entre los partidos que presumiblemente integrarán
una coalición todavía sin nombre, PRI, PAN y PRD.
Christian
Castro Bello, mencionado muy seguido en el ámbito de cualquier grupo, lo mismo
que en los lugares de consumo de cafeína, se pronunció con un No soy candidato de nadie, en obligado
respeto a las normas y a los tiempos. El secretario de Desarrollo Social y
Humano lo dijo claro para que se escuche y se escuche bien, y lo hizo con
conocimiento de causa.
Actuar
como candidato sin serlo, comprometiendo cargos y responsabilidades oficiales,
puede representar para quien lo cometa sanciones muy serias, y Christian como
abogado y político lo sabe. Como servidor público, tiene claro el interés de “apoyar
el desarrollo de Campeche, en este momento legítimamente desde la Secretaría de
Desarrollo Social y Humano”.
No habrá Ley Seca
Lo
aseguró el gobernador Aysa González y lo ratificó el secretario General de
Gobierno. Claro, preciso, enfático y para despejar cualquier duda, Pedro
Armentía López lo expresó a nombre del jefe del ejecutivo. No habrá Ley Seca, pero
seguramente se intensificarán las medidas de prevención. Sobre advertencia no hay
engaño, nos toca a nosotros como sociedad el trabajo y la responsabilidad de cuidarnos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario