viernes, 15 de enero de 2021

DE MUCHO, UN POCO/Ley de Insurrección


Han transcurrido casi dos semanas del violento ataque al Capitolio, pieza emblemática del pasado de la poderosa nación formada por migrantes europeos. El histórico recinto parlamentario fue escenario de encarnizados debates en los que los nuevos americanos crearon sus propias leyes para vivir y progresar en una tierra fértil pero especialmente hostil.
A unas cuantas horas de sucederse la esperada toma de posesión del demócrata Joe Biden, la Cámara de Representantes, también conocida como Cámara Baja, ha dado su voto por la propuesta de un segundo juicio político en contra del casi expresidente Donald Trump. Es sabido que la historia del país vecino no registra a un solo mandatario que hubiera sido sometido en dos ocasiones a este procedimiento conocido como “Impeachment”. 
Escapan a nuestra comprensión las motivaciones que pudieran tener la totalidad de los demócratas, pero también, muchos de sus correligionarios republicanos para enjuiciar al gigantón albino, aunque muy presumiblemente se trata de evitar su retorno al poder, o que su figura y su verbo vuelvan a incendiar el ambiente. Vaya, evitar una nueva insurrección, palabra que se encuentra en una ley de más de doscientos años.
De cara a lo anterior, podríamos decir que la idea de esta ley tan antigua, tal vez sea evitar a como dé lugar que otra vez las fuerzas armadas ocupen el lugar de las policías en el combate a la delincuencia y a la inseguridad en todo su territorio. Tal vez tienen la memoria fija en aquella cruenta guerra de secesión que costó cerca de un millón de vidas.
Pero también hay que recordar los disturbios ocurridos a mediados del año anterior, propiciados por el abuso de policías blancos contra hombres de color, mirados de soslayo por el presidente. Ante la ola de desmanes levantada, Trump tomó la decisión de convocar a los militares para sofocar la violencia que se había armado.
A la acción de militares contra civiles se le ha llamado Ley de Insurrección, y con muy poco uso y no pocas enmiendas, se encuentra vigente desde mil setecientos noventa y dos para prever la convocatoria de la milicia para ejecutar las leyes de la unión, suprimir las insurrecciones y repeler las invasiones.
En general, la ley otorga al presidente la facultad de enviar fuerzas militares a los estados para sofocar los disturbios generalizados, y apoyar la aplicación de la ley civil. Pero antes de invocarla, el presidente debe llamar a los “insurgentes” a dispersarse. Si no se restablece la calma, el presidente puede emitir una orden ejecutiva y desplegar las tropas.
El verano pasado, Trump argumentó que la indecisión de los gobiernos locales obligaría al ejército a usar su fuerza para proteger la vida y los bienes de la población. Al fin de cuentas, el buen juicio de estos gobernantes conjuró la amenaza. Hacen bien los legisladores estadounidenses en cortar de tajo cualquier posibilidad de caer en este tipo de tentaciones.
Los disturbios ocasionados por las hordas salvajes, pusieron en riesgo a la población pacífica frente a un ejército uniformado, entrenado y preparado para el uso de la fuerza letal. Ojalá el ejemplo cunda en las naciones latinoamericanas que a menudo caen en la tentación de encomendar a sus ejércitos tareas diferentes a la protección de la población civil que no han sido diseñadas para ellos.

No se vale politizar con la salud
El rostro del presidente lo dice todo cuando se refiere al insoslayable tema. Es su estilo y difícilmente puede apartarse de él. Ha asumido personalmente la tarea de organizar la gran campaña de vacunación que frene la terrible oleada del mal que está afectando a la población del país y de la mayoría de los países.
El presidente sabe que cualquier error de logística y de infraestructura podría poner un freno al programa de prevención y por ende, reflejarse en una crecida en lugar de una disminución de los contagios, sobre todo ahora que han aparecido nuevas y muy agresivas cepas del mismo virus.
Personalmente dudamos que el mandatario esté tratando de medrar y hacer campañas a costa del gigantesco esfuerzo que debe ser colectivo y de plena responsabilidad de todos. Ahora bien, si ha habido brotes de inconformidad y reclamos no ha sido precisamente por alguna falla en la comunicación de las autoridades, y sí por los comentarios de ocurrentes fans de algún partido o candidato.
Un rumor insistente de origen no oficial se ha dejado escuchar los últimos días. Los malquerientes de la 4T sostienen que la campaña de inmunización ha sufrido un quiebre en su objetivo central de proteger primero a los trabajadores de la salud de primera línea y después a los adultos mayores, y así sucesivamente hasta cubrir a todos los mexicanos.
Se rumora que se están anteponiendo a los jóvenes servidores del gobierno federal a los mismos médicos y enfermeras. Esto no es hasta el momento otra cosa que un rumor no confirmado ni desmentido por autoridad alguna del gobierno y mucho menos de la salud.
Recientemente se encendió el debate por la nada original afirmación de un fulano, conocido activista de un partido que, tratando de defender lo que nadie le había pedido. Lanzó la brillante idea de afirmar que todo el mundo recibiría las vacunas, “hasta los priistas”.
Esta barbaridad, lejos de tranquilizar el ambiente, ha venido a tensar la cuerda de lo que ya se avizora como una contienda en la que abundarán los gritos, las acusaciones y las ofensas. En esta idea, es bueno adelantar que la enorme tontería de este comentario no vino de la presidencia, ni de las autoridades de salud, antes bien, fue el loco comentario de un fanático.

… Y ALGO MÁS

Mesa Estatal para la Construcción de la Paz
Lo declaró muy firme el gobernador Carlos Miguel Aysa González durante la última reunión virtual de la importante auxiliar en la tarea relacionada con la emergencia epidemiológica derivada del COVID-19, “no podemos bajar la guardia, ni confiarnos”, diría el gobernador.
Desde esa Mesa Estatal para la Construcción de la Paz se da seguimiento permanente a los reportes diarios; las autoridades locales y delegados federales exhortamos a la población a extremar precauciones y cuidados en la salud”, expresó.
Y no se trata tan solo de la pandemia, existen innumerables riesgos que van desde la seguridad de la población frente a los populares frentes fríos, hasta los riesgos de caer en algún tipo de epidemias derivadas de los cambios bruscos en el clima y la llegada de bajas temperaturas a las que no estamos acostumbrados.

Va por Campeche
Registrados como Alianza, se nota firme Christian Castro Bello para representar como su candidato a los partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática. Pronto veremos en acción a aquella que llamó Alejandro Moreno “Vieja Guardia Priista”. Vendrán cambios y pondrán tarea a la “burocracia dorada”, lo aseguramos.
Aunque no se ha sabido mucho de ella últimamente, la casi segura rival, Layda Sansores San Román por la Coalición Morena-PT.  Sansores San Román será candidata por cuarta ocasión y por diferentes partidos desde finales del siglo anterior. Se le espera un programa  propositivo, acorde con la pasión que su señor padre, el ex priista licenciado Carlos Sansores Pérez puso al servicio de Campeche de mil novecientos sesenta y siete a mil novecientos setenta y tres.
De Castro Bello no existe duda, es un joven talentoso, hábil político y con una gran experiencia en el trabajo social y las relaciones humanas, para lo que hay que recordar su paso como delegado de la antigua Sedesol Federal, y su importante labor al frente de la Sedesyh del gobierno estatal como muy cercano colaborador del gobernador Aysa.
Atento y educado, a Christian no se le conocen pleitos con alguien en especial. Siempre amable y dispuesto a apoyar las causas nobles de sus conciudadanos, en especial de los más humildes, no dudamos que llegado el momento extenderá la mano en un gesto de buena voluntad que contribuya a una campaña de respeto mutuo en beneficio de Campeche y los campechanos.

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