Es un joven campechano de no más de treinta y siete años; poco común en nuestro solar que alguien así de joven y diríase con semejante posición, pueda conservar el equilibrio sin despegarse del suelo, tampoco marearse arriba de un ladrillo como es y ha sido siempre tan común.
Muchacho serio y trabajador que
desde mediados de septiembre del año anterior, ocupa el cargo de Jefe de la
Oficina del joven Gobernador del Estado. Para muchos mortales comunes,
demasiados, su origen es un verdadero misterio. Se llama Claudio Cetina Gómez
y, hasta hace muy poco tiempo era una figura desconocida para quienes se
dedican al oficio político y sobre todo, al de colgar milagros a tuti plen.
Quienes conocen de estos asuntos
y saben leer entrelineados, pueden ver que este joven tiene madera para ser
grande y espolones suficientes para rifarse en algún palenque con gallos más
jugados. Por experiencia de toda una vida puedo asegurar que en un tiempo que
no habrá de ser largo, destacará fuertemente en la política del patio.
Si nos atenemos a lo que dice
Baltasar Gracián, escritor español del siglo diecisiete, tendremos que concluir
que “Por grande que sea un puesto, el funcionario ha de mostrar que es mayor la
persona”. Y me parece que el chavo lo está demostrando.
Gente cercana al autor, también
muy cercana a Cetina, tal vez desde los tiempos de la niñez, asegura que tiene
un trato de lo más amable y que no olvida jamás un gesto de amistad o algún
favor, y que, por el contrario, no es en absoluto de los que guardan rencores o
resentimientos.
En su responsabilidad, trabaja
con absoluta transparencia, es sencillo y amable y con una imagen fresca y
juvenil que lo hacen tener empatía con la gente a la que no le huye ni se le
esconde, por el contrario, en todo momento da la cara a sus responsabilidades
que cumple siempre, y las cumple bien. Al igual que el común de los campechanos
de a pie, acude con su familia a lugares públicos como cualquier cliente. De
ello, muchos tenemos pruebas.
Atención, preciso es afirmar que
lo que con el joven Claudio sucede, no es simple producto de la casualidad.
Tiene disposición genética a ser buen empresario y también buen político por la
herencia de sus abuelos: por la línea paterna, Don Hernán Cetina Riera (+),
acaso el primer propietario de aquel famoso restaurante Miramar, y por la
materna, ni más ni menos que de Don Leovigildo Gómez Hernández (+), próspero
empresario que fuera Presidente Municipal en el período 1954-1957, y Secretario
de Desarrollo Económico en el inolvidable sexenio de Don Eugenio Echeverría
Castellot (+), de 1979 a 1985.
Es hijo de Claudio Hernán Cetina
Morales, comerciante serio y hombre formal, y de la señora Carmelita Gómez Del
Rivero, un matrimonio muy apreciado en el pequeño medio campechano. Dato importante,
la abuela, Doña Consuelo Del Rivero de Gómez, siempre ha tenido una vida social
muy activa, y participado en clubes y asociaciones de beneficencia y apoyo en
general a la población. Directamente en el sexenio del Lic. Rafael Rodríguez
Barrera (+) en el DIF, y en el del Ing. Echeverría en la CORACEC al lado de
Doña Socorro Cabrera de Rodríguez, y de Doña Dolores Lanz de Echeverría (+),
respectivamente; ambas damas de gran calidad humana.
Si algo faltara, podría decirse
que Claudio Cetina Gómez, al igual que su madre, tías, hermana y primos,
-porque sabemos que son buenos para ello-, podrían dedicarse con éxito
asegurado exclusivamente a administrar los bienes heredados de su padre y
abuelo.
Bueno, pero de alguna manera es
inquieto y prefirió la vida pública con todos los riesgos que conlleva, y puedo
asegurar que le va a ir bien. No hay que olvidarlo y hay que tenerlo presente,
al joven Claudio Cetina Gómez le aguardan grandes e importantes cosas. ¡Al
tiempo!.

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