sábado, 12 de noviembre de 2016

Claudio Cetina Gómez, un funcionario de nuevo cuño




Es un joven campechano de no más de treinta y siete años; poco común en nuestro solar que alguien así de joven y diríase con semejante posición, pueda conservar el equilibrio sin despegarse del suelo, tampoco marearse arriba de un ladrillo como es y ha sido siempre tan común.
Muchacho serio y trabajador que desde mediados de septiembre del año anterior, ocupa el cargo de Jefe de la Oficina del joven Gobernador del Estado. Para muchos mortales comunes, demasiados, su origen es un verdadero misterio. Se llama Claudio Cetina Gómez y, hasta hace muy poco tiempo era una figura desconocida para quienes se dedican al oficio político y sobre todo, al de colgar milagros a tuti plen.
Quienes conocen de estos asuntos y saben leer entrelineados, pueden ver que este joven tiene madera para ser grande y espolones suficientes para rifarse en algún palenque con gallos más jugados. Por experiencia de toda una vida puedo asegurar que en un tiempo que no habrá de ser largo, destacará fuertemente en la política del patio.
Si nos atenemos a lo que dice Baltasar Gracián, escritor español del siglo diecisiete, tendremos que concluir que “Por grande que sea un puesto, el funcionario ha de mostrar que es mayor la persona”. Y me parece que el chavo lo está demostrando.
Gente cercana al autor, también muy cercana a Cetina, tal vez desde los tiempos de la niñez, asegura que tiene un trato de lo más amable y que no olvida jamás un gesto de amistad o algún favor, y que, por el contrario, no es en absoluto de los que guardan rencores o resentimientos.
En su responsabilidad, trabaja con absoluta transparencia, es sencillo y amable y con una imagen fresca y juvenil que lo hacen tener empatía con la gente a la que no le huye ni se le esconde, por el contrario, en todo momento da la cara a sus responsabilidades que cumple siempre, y las cumple bien. Al igual que el común de los campechanos de a pie, acude con su familia a lugares públicos como cualquier cliente. De ello, muchos tenemos pruebas.
Atención, preciso es afirmar que lo que con el joven Claudio sucede, no es simple producto de la casualidad. Tiene disposición genética a ser buen empresario y también buen político por la herencia de sus abuelos: por la línea paterna, Don Hernán Cetina Riera (+), acaso el primer propietario de aquel famoso restaurante Miramar, y por la materna, ni más ni menos que de Don Leovigildo Gómez Hernández (+), próspero empresario que fuera Presidente Municipal en el período 1954-1957, y Secretario de Desarrollo Económico en el inolvidable sexenio de Don Eugenio Echeverría Castellot (+), de 1979 a 1985.
Es hijo de Claudio Hernán Cetina Morales, comerciante serio y hombre formal, y de la señora Carmelita Gómez Del Rivero, un matrimonio muy apreciado en el pequeño medio campechano. Dato importante, la abuela, Doña Consuelo Del Rivero de Gómez, siempre ha tenido una vida social muy activa, y participado en clubes y asociaciones de beneficencia y apoyo en general a la población. Directamente en el sexenio del Lic. Rafael Rodríguez Barrera (+) en el DIF, y en el del Ing. Echeverría en la CORACEC al lado de Doña Socorro Cabrera de Rodríguez, y de Doña Dolores Lanz de Echeverría (+), respectivamente; ambas damas de gran calidad humana.
Si algo faltara, podría decirse que Claudio Cetina Gómez, al igual que su madre, tías, hermana y primos, -porque sabemos que son buenos para ello-, podrían dedicarse con éxito asegurado exclusivamente a administrar los bienes heredados de su padre y abuelo.
Bueno, pero de alguna manera es inquieto y prefirió la vida pública con todos los riesgos que conlleva, y puedo asegurar que le va a ir bien. No hay que olvidarlo y hay que tenerlo presente, al joven Claudio Cetina Gómez le aguardan grandes e importantes cosas. ¡Al tiempo!.

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