Los campechanos nacidos alrededor de la mitad del siglo anterior, todavía recuerdan la postulación del Ingeniero Eugenio Echeverría Castellot como candidato al gobierno del Estado por el Partido Revolucionario Institucional, y gobernador durante el período 1979-1985.
Como no recordarla si entonces,
finales del año mil novecientos setenta y ocho, en todas las “rumorosas” ciudades y poblaciones, los
políticos acostumbrados a la manera clásica, como siempre, o casi como siempre,
esperaban la señal para sumarse a la popular cuanto tradicional “cargada”. Esta
era una original manera de hacer las cosas; mientras la cuestión se decidía en
los círculos del poder, nombres iban y nombres venían, pero todos relacionados
con los legisladores federales de la época.
Desconcierto, carreras,
comentarios de lo más variado de inmediato inundaron los sitios de reunión, en
particular cafeterías y restaurantes en los que se acostumbra analizar,
componer y recomponer la vida de la gran familia campechana. Desde, será un
candidato de transición hasta un gobernador temporal, fue lo menos que se
comentó.
No podía ser menos, toda vez que
el señor surgió de la administración pública federal en la que se desempeñaba
en un puesto de bajo perfil, si así puede nombrarse su encargo en el Comité
Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas en el Estado de
México. Buenas relaciones y mejores amarres concluyeron con aquella famosa
frase de un ex Presidente a la objeción de su Secretario de Gobernación que
argumentó no conocerlo. Contundente respuesta para la historia: “pero yo sí, y
eso basta”.
Se le recuerda bien con aquel su
fino y cuidado bigote y esa su voz con timbre entre tenor y bajo profundo y una
ejecutividad asombrosa, primero, cambiando para siempre la vieja y obsoleta
estructura administrativa compuesta por direcciones de área, para crear
secretarías de diferentes ramos, buscando igualarlas en actividades y políticas
con las de la administración pública federal.
Como no evocar el cambio drástico
en el ejercicio del presupuesto y en la ejecución de la obra pública. Ahí están
todavía la remodelación del centro histórico de esta ciudad cuna de Baranda, el
Puente de la Unidad, y que decir de la moderna carretera Campeche Mérida
pasando por el Camino Real, basamento de lo que es ahora la moderna autopista.
Decisivo impulso a la agricultura y a los caminos rurales hizo florecer en gran
medida el campo campechano.
Su otra gran pasión, el beisbol,
se materializó con el ingreso de Campeche a la Liga Mexicana por el año 1980
con el equipo de “Piratas”. Aunque lo merecía, el equipo local, protagonizó
épicas batallas en busca de un título que durante su administración no fue
posible.
Como no recordar también en su
gobierno el enorme apoyo a las tareas asistenciales, culturales y educativas y
a la labor editorial, impulsadas desde la Coordinación de Organismos
Asistenciales, Culturales y Educativos de Campeche (CORACEC), de la que su
Señora esposa, Doña Dolores Lanz Paullada, con la ayuda invaluable de gente
valiosa como el Licenciado Manuel Lanz Cárdenas, Doña Dolores Lanz Peña, María
Antonieta Bojórquez de Sarmiento, y una gran cantidad de distinguidas damas
dignas de encomio, crearon el Instituto Literario de Estudios Superiores de
Campeche (ILESC), y las Normales Superiores, a la vez que promovieron una gran
obra editorial y cultural.
Los colaboradores más cercanos
del Ing., Echeverría Castellot, muchos de ellos sus entrañables amigos, a la
vez que probos y capaces personajes: Don Pablo González Lastra y Don Leovigildo
Gómez Hernández, a quienes hemos
mencionado en otra entrega, el Profesor Nicolás Canto Carrillo, el
Profesor Fernando Turriza Peña, el Licenciado Enrique Escalante Escalante, y otros
que escapan a la frágil memoria.
La descendencia de Doña Lolita y
Don Eugenio, por su sencillez, agradable trato y don de gentes, se ganaron y
aún conservan, el afecto y el respeto de la sociedad campechana. Verdad pura es
que a pesar de haber establecido por un largo tiempo su residencia en el
altiplano, jamás se apartaron de Campeche por completo, y aquí continúan
viviendo.
Claros ejemplos, su hija Lolina,
una linda muchacha y ahora una bella madre de familia y amorosa abuela, estuvo
y está presente en cualquier acontecimiento social, desde reina del carnaval
hasta soberana de clubes, agrupaciones y eventos sociales de toda clase. El
malogrado Arcadio, político muy joven, por azares de la vida no llegó a mostrar
a plenitud su gran talento y de lo que era capaz de lograr en favor de su
tierra y de su gente. ¡Descanse en paz!.

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