Sin anotar tantas abreviaturas y detalles que los autores y redactores acostumbran incluir en las definiciones de los vocablos en ciertos glosarios, me refiero a una muy especial que encuentro en el Diccionario de la Real Academia Española referente al habitante de esta nuestra entrañable región:
Campechano, -na: Natural de
Campeche, perteneciente o relativo a Campeche o a los campechanos, que se
comporta con llaneza y cordialidad, sin imponer distancia en el trato, franco,
dispuesto para cualquier broma o diversión, dadivoso, afable, sencillo, que no
muestra interés alguno por las ceremonias y formulismos.
Espero no parecer demasiado
atrevido al decir que si no fue él, seguramente algún antepasado suyo inspiró
tal definición, tan amplia, tan clara, tan justa en su dimensión. Me refiero a
la personalidad de un campechano excepcional, el Licenciado Carlos Pérez
Cámara.
Quienes peinamos y muchas veces
también teñimos canas, somos de algún modo testigos de la trayectoria de este
hombre singular cuya vida, además de larga, ha sido fructífera y por demás
destacada. Noventa y cuatro años de edad si nos atenemos a que nació el
veintidós de enero de mil novecientos veintidós.
Leal siempre a su partido, sin
cambios ni falsedades, desde mil novecientos treinta y cuatro se afilió al
Partido Revolucionario Institucional, en su primera y más antigua versión, el
PNR, el de Don Lázaro Cárdenas, y cruzó por sus tres denominaciones: PNR, PRM y
PRI.
Una hoja curricular asombrosa
define su enorme trayectoria, desde lo local: Secretario General de Gobierno;
Tesorero General del Estado, Gobernador
Interino y Presidente Municipal. Entre otros cargos, Presidente de la Junta de
Conciliación y Arbitraje y Procurador Auxiliar de la Defensa del Trabajo.
También fue Síndico de Asuntos Judiciales en el Ayuntamiento de Campeche.
En el ámbito federal como
legislador, diputado por el primer distrito Electoral con sede en la Ciudad
Capital, y Senador de la República. En
el Senado, tres veces Presidente de la Legislatura de mil novecientos setenta a
mil novecientos setenta y seis.
Priista sin dobleces ni
traiciones, fue delegado general o especial del CEN de ese partido en Nayarit,
en Puebla, en el Distrito Federal, en Jalisco; además, Secretario de Acción
Electoral, Subsecretario General, Coordinador Regional. En Campeche, Presidente
de la Comisión Estatal de Procesos Internos y miembro del Consejo Estatal.
Actividades variadas en empleos
administrativos y en la educación, desde Vocal del plano regulador en la ciudad
de Campeche, abogado litigante, maestro del Instituto Campechano, de la
Prevocacional, de la Escuela Practica de
Pesca y de la Facultad de Jurisprudencia.
En la sociedad campechana,
Presidente y Socio Fundador del Centro Social Casino de Campeche, miembro
titular de diversas Asociaciones Civiles como la Asociación Mexicana de
Abogados, Juntos por Campeche, y la
Fundación José Ortiz Ávila, e Integrante del Comité de Vinculación de la
Universidad Autónoma local.
La inspiración de su amplio
trabajo desde lo social, es herencia genética directa de su Señora madre, Doña
Esperanza Cámara Ortegón, personaje de
la más grata memoria que el siglo pasado encabezó o formó parte junto con otras
damas altruistas, de asociaciones tan variadas como efectivas; siempre
presentes en cuanta obra benefactora se realizara, inclusive las relacionadas
con el mantenimiento del patronato de la Catedral de la Ciudad.
Muchas historias del Licenciado
Pérez Cámara, las escuchamos contadas con el más grande afecto por aquel
especial personaje siempre ligado a él como su más fiel y noble colaborador,
Manuel Flores Pérez, su secretario, chofer, asistente, pero principalmente su
amigo, quien lo acompañó por décadas; conocido simplemente con el cariñoso
apodo de “El Patas”, fue su inseparable compañero en tiempos buenos y malos
hasta su partida unos años atrás.
En un justo retiro, Don Carlos
Pérez Cámara, junto con su hermano Sergio Hómer y sus hermanas, son los
sobrevivientes de aquel grupo de estimables profesionales, deportistas, figuras
públicas todos ellos: gratos recuerdos de Genaro, Jorge Luis, Wilhelm, y el
primer Sergio.
Hoy Don Carlos es una especie de
símbolo de lo que el hombre y el político deben ser: probo, decente, bueno,
noble y generoso; amado y apreciado por su extensa familia, goza del respeto de
la sociedad, a la que corresponde asistiendo a cuanto acto oficial y sobre todo
político es invitado.
Larga, mucho muy larga vida al
Licenciado Carlos Pérez Cámara.

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