sábado, 12 de noviembre de 2016

Don Carlos Pérez Cámara, un hombre singular




Sin anotar tantas abreviaturas y detalles que los autores y redactores acostumbran incluir en las definiciones de los vocablos en ciertos glosarios, me refiero a una muy especial que encuentro en el Diccionario de la Real Academia Española referente al habitante de esta nuestra entrañable región:
Campechano, -na: Natural de Campeche, perteneciente o relativo a Campeche o a los campechanos, que se comporta con llaneza y cordialidad, sin imponer distancia en el trato, franco, dispuesto para cualquier broma o diversión, dadivoso, afable, sencillo, que no muestra interés alguno por las ceremonias y formulismos.
Espero no parecer demasiado atrevido al decir que si no fue él, seguramente algún antepasado suyo inspiró tal definición, tan amplia, tan clara, tan justa en su dimensión. Me refiero a la personalidad de un campechano excepcional, el Licenciado Carlos Pérez Cámara.
Quienes peinamos y muchas veces también teñimos canas, somos de algún modo testigos de la trayectoria de este hombre singular cuya vida, además de larga, ha sido fructífera y por demás destacada. Noventa y cuatro años de edad si nos atenemos a que nació el veintidós de enero de mil novecientos veintidós.
Leal siempre a su partido, sin cambios ni falsedades, desde mil novecientos treinta y cuatro se afilió al Partido Revolucionario Institucional, en su primera y más antigua versión, el PNR, el de Don Lázaro Cárdenas, y cruzó por sus tres denominaciones: PNR, PRM y PRI.
Una hoja curricular asombrosa define su enorme trayectoria, desde lo local: Secretario General de Gobierno; Tesorero General del Estado,  Gobernador Interino y Presidente Municipal. Entre otros cargos, Presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje y Procurador Auxiliar de la Defensa del Trabajo. También fue Síndico de Asuntos Judiciales en el Ayuntamiento de Campeche.
En el ámbito federal como legislador, diputado por el primer distrito Electoral con sede en la Ciudad Capital, y  Senador de la República. En el Senado, tres veces Presidente de la Legislatura de mil novecientos setenta a mil novecientos setenta y seis.
Priista sin dobleces ni traiciones, fue delegado general o especial del CEN de ese partido en Nayarit, en Puebla, en el Distrito Federal, en Jalisco; además, Secretario de Acción Electoral, Subsecretario General, Coordinador Regional. En Campeche, Presidente de la Comisión Estatal de Procesos Internos y miembro del Consejo Estatal.
Actividades variadas en empleos administrativos y en la educación, desde Vocal del plano regulador en la ciudad de Campeche, abogado litigante, maestro del Instituto Campechano, de la Prevocacional, de la  Escuela Practica de Pesca y de la Facultad de Jurisprudencia.
En la sociedad campechana, Presidente y Socio Fundador del Centro Social Casino de Campeche, miembro titular de diversas Asociaciones Civiles como la Asociación Mexicana de Abogados,   Juntos por Campeche, y la Fundación José Ortiz Ávila, e Integrante del Comité de Vinculación de la Universidad Autónoma local.
La inspiración de su amplio trabajo desde lo social, es herencia genética directa de su Señora madre, Doña Esperanza Cámara Ortegón,  personaje de la más grata memoria que el siglo pasado encabezó o formó parte junto con otras damas altruistas, de asociaciones tan variadas como efectivas; siempre presentes en cuanta obra benefactora se realizara, inclusive las relacionadas con el mantenimiento del patronato de la Catedral de la Ciudad.
Muchas historias del Licenciado Pérez Cámara, las escuchamos contadas con el más grande afecto por aquel especial personaje siempre ligado a él como su más fiel y noble colaborador, Manuel Flores Pérez, su secretario, chofer, asistente, pero principalmente su amigo, quien lo acompañó por décadas; conocido simplemente con el cariñoso apodo de “El Patas”, fue su inseparable compañero en tiempos buenos y malos hasta su partida unos años atrás.
En un justo retiro, Don Carlos Pérez Cámara, junto con su hermano Sergio Hómer y sus hermanas, son los sobrevivientes de aquel grupo de estimables profesionales, deportistas, figuras públicas todos ellos: gratos recuerdos de Genaro, Jorge Luis, Wilhelm, y el primer Sergio.
Hoy Don Carlos es una especie de símbolo de lo que el hombre y el político deben ser: probo, decente, bueno, noble y generoso; amado y apreciado por su extensa familia, goza del respeto de la sociedad, a la que corresponde asistiendo a cuanto acto oficial y sobre todo político es invitado.
Larga, mucho muy larga vida al Licenciado Carlos Pérez Cámara.

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