Era
la primera mitad de la década de los años setenta en una ciudad apacible y
tranquila en la que simplemente, no pasaba nada. El escribidor, entonces
funcionario, organizaba y coordinaba cuanto evento cívico, cultural o artístico
estuviera en el calendario oficial o tradicional; singular ocupación que hasta
la fecha sigue siendo la más agradable que ha habido en mi larga historia
personal.
Se acostumbraba la serenata dominical en el parque del centro, a la que llamábamos simplemente “retreta”. La pérgola o plataforma central servía de escenario para la actuación de grupos artísticos como la Banda de Música, la Marimba del Estado y la Romanza Campeche.
Se acostumbraba la serenata dominical en el parque del centro, a la que llamábamos simplemente “retreta”. La pérgola o plataforma central servía de escenario para la actuación de grupos artísticos como la Banda de Música, la Marimba del Estado y la Romanza Campeche.
Deseoso
de mejorar las serenatas y darles más calidad, concebí la idea de llevar a cabo
un ciclo original de espectáculos. En cada uno honraríamos a un compositor
campechano, y enriqueceríamos el evento con las actuaciones de los Ballets
Folklóricos y sus charangas, y otros grupos, además de los clásicos ya mencionados.
Después de algunos sencillos pero muy concurridos homenajes, tocó su turno a
quien da título a esta historia.
El personaje, Don Gonzalo R De la Gala, un ser humano excepcional, trabajaba por el rumbo de la avenida Resurgimiento, en un vetusto edificio en el que funcionaba la harinera, o algo por el estilo.
El personaje, Don Gonzalo R De la Gala, un ser humano excepcional, trabajaba por el rumbo de la avenida Resurgimiento, en un vetusto edificio en el que funcionaba la harinera, o algo por el estilo.
Una
noche, se dio la entrevista para ponernos de acuerdo en los detalles del
evento. Fue en el jardín de su bella casa, en un espacio al que llamaba “El
Cortijo”. Hermosa velada en la que estuvo presente su bella hija Roxana y su
querido hermano Beto.
La
única condición, -si así puede llamarse-, impuesta por Don Gonzalo, consistió
en que le permitiéramos dirigir a la Banda de Música en la interpretación de
una sola melodía, inédita ella, que el señor había compuesto para el amor de su
vida, su señora esposa.
Es
difícil dicen, casi imposible, lograr que el director de una banda u orquesta
ceda su batuta a quien no es un conocido director; para que se dé esa
deferencia, se requiere cubrir ciertos protocolos difíciles de entender para un
ser humano común y corriente. Es más difícil, aclaro, convencer a un joven de
veintinueve años ceder en su terquedad de conseguirlo.
Los razonamientos o el tesón se impusieron y por tanto, la noche del homenaje, Don Gonzalo R De la Gala, con la batuta en la mano derecha, dirigió a la Banda de Música del Estado, y el público pudo escuchar una bella y tierna melodía dedicada a su señora esposa años antes fallecida: Seguiré tus pasos, inolvidable tema.
Los razonamientos o el tesón se impusieron y por tanto, la noche del homenaje, Don Gonzalo R De la Gala, con la batuta en la mano derecha, dirigió a la Banda de Música del Estado, y el público pudo escuchar una bella y tierna melodía dedicada a su señora esposa años antes fallecida: Seguiré tus pasos, inolvidable tema.
La
noche del espectáculo, junto con los locales, participaron de manera gratuita y
en buen número, artistas de Yucatán y de la ciudad de México, sumados
desinteresadamente al homenaje a su amigo y compositor de muchas bellas
canciones que formaban parte de sus repertorios.
Sopranos,
mesosopranos, barítonos y tenores formaron el elenco. Currucú de Palomas,
también conocida como Sueño Tropical, Por aquel caminito, y la citada y ahí
estrenada, Seguiré tus pasos, fueron algunas de las canciones interpretadas esa
noche en el espectáculo y después, en un salón de su residencia, en donde nos
ofreció una regia recepción.
Homenaje
a la memoria del caballero ejemplar, noble y distinguido y prolífico
compositor, Don Gonzalo R de la Gala Carpizo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario