sábado, 24 de diciembre de 2016

Feliz Navidad


“Inveterata consuetudo et opinio iuris seu necessitatis”. Recuerdo hoy mis clases en la Facultad de Derecho de mi alma máter, la antigua Universidad del Sudeste.
Así nos lo hacía repetir con gran solemnidad propia de un togado de la eterna Roma el maestro de Filosofía del Derecho, para significar y precisar el alcance de la frase.
La costumbre es pues, la repetición constante de un hecho, hasta convertirlo en una práctica social arraigada. De ahí, hasta transformarla en norma jurídica, se está a un paso
La costumbre como fuente original del derecho, representa en forma objetiva una práctica interminablemente reiterada, de modo general además, y observada de manera uniforme e ininterrumpida por el pueblo.
La parte subjetiva del asunto es que la costumbre, la sociedad a través de sus órganos de gobierno, la convierte en norma jurídica obligatoria en su observancia y punible en su incumplimiento.
Bueno, pero ya me metí en un berenjenal de Teoría General del Estado, Derecho Constitucional, Equilibrio de los Poderes y esas cosas del que me está costando trabajo salir, cuando únicamente quería referirme a una milenaria costumbre.
De dos siglos trata y ya casi es ley la celebración de la Navidad en casi todos los países del planeta. Me parece que la palabra proviene de un apócope de Natividad, por aquello del nacimiento del Mesías de Belén de Judá un veinticinco de diciembre.
Con todo y mi agnosticismo, este tipo de celebraciones no dejan de impactar un poco en mi ánimo algo más materialista que espiritual, ha de ser porque me traen remembranzas de una niñez y juventud con una mesa modesta rodeada de gente, la mayoría de ella ahora eternamente ausente.
En fin que, afirmando que no me agrada en absoluto enviar arbolitos, santa closes, villancicos y frases hechas, me limito a desear a todo el mundo, independientemente de quienes se trate (incluyendo a los diputados insensibles que se quedaron con su autobono), una noche buena feliz, una navidad tranquila, y un año nuevo con salud y paz.
Saludo también con estas líneas y con el nacimiento tan original inlcluído al pie del texto, a mi adorada familia yucateca, la de la amada tierra del faisán y del venado, la mitad de mi genética.

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