martes, 10 de enero de 2017

Las tortillas

Una de las consecuencias más dramáticas de la ola de alzas a los productos básicos que tiene a los mexicanos en general y a los campechanos en particular muy preocupados, es la de las tortillas; quien no lo estaría si son un acompañante inseparable de los alimentos, tanto en las mesas modestas como en las otras.
Al momento y según leo por ahí, en algunas entidades, a pesar de que los productores tratan de ponerse del lado de la población aumentando solamente un peso al indispensable alimento, sus propias cámaras los presionan para que el incremento sea de hasta cuatro pesos por kilo.
En un respetuoso parafraseo de una frase no muy afortunada de hace algunos años, comento que “no soy ama de casa”, pero sé que el año pasado los blancos y tan sabrosos discos tenían un precio de dieciséis pesos y ahora cuestan dieciocho por cada kilo.
Todo esto me trae a la memoria una agradable reunión decembrina a la que acudió un importante y ahora mucho muy vituperado alto funcionario cuya ubicación en la larga mesa fue justamente frente a mí.
En aquella ocasión, el funcionario hizo una exposición de los avatares que estaba viviendo como mediador en las conversaciones entre los productores de maíz, los empresarios tortilleros y las empresas productoras de la harina para la elaboración de las tortillas. Estos últimos se obstinaban en pagar muy bajos precios por el grano, mientras cada vez aumentaban más sus precios a los tortilleros.
Los que conocen a este “escribidor” y saben de su estilo poco ortodoxo para aquello del “si señorismo”, me creerán si les comento de mi irreverente propuesta, que consistía en tratar de que los fabricantes de tortillas adquirieran el maíz directamente de los campesinos y regresaran a la ancestral costumbre de utilizar el grano haciéndolo nixtamal, moliéndolo y luego convirtiéndolo en tortillas.
La respuesta fue muy original y ahora la repito: “no quieren porque les gusta el trabajo fácil y prefieren aceptar las condiciones de los fabricantes de la harina y subir sus precios que levantarse en la madrugada a trabajar”.
¿Será cierto?.


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