domingo, 29 de enero de 2017

Mi cumpleaños



Mi cumpleaños, a diferencia de otras ocasiones en las que siempre, aunque fuera por un solo día, me convertía en el centro de atención de mi familia, esta vez fue diferente. En fin, fue un bello sábado y un día tremendamente agradable de principio a fin.
A contra corriente de mi acendrada costumbre en esta fecha, no desayuné con mi compañera, ni acudí con ella a un café. No fui a uno de esos  sitios a los que poco visito, al contrario de muchos grandes personajes que en ellos componen al mundo, definen la buena marcha de la patria,  reparan con acierto el quehacer político, y con mayor acierto todavía, arman y rearman el tejido social.
Esta vez, respondiendo a la amable invitación de mi querido amigo el doctor Pedro Lara y a la confirmación del estimable don Eleazar Cámara, asistí a una reunión desayuno con buenos amigos y experimentados políticos, en el Centro de Convenciones.
Maravillosa ocasión para estrechar manos y palmear espaldas de apreciados amigos de toda la vida, a quienes prefiero no mencionar para no caer en el imperdonable error de alguna involuntaria omisión.
La primera gran satisfacción me la dio el mismo gobernador, quien me dejó casi mudo cuando mencionara que es asiduo lector de mis comentarios, doquiera que los escriba. Mi disculpa por la tan tonta como irreverente pregunta ¿de verdad, gobernador?. Se habrá reído de mi candidez.
La segunda, la recibí cuando el joven ejecutivo me honró mencionándome en su extraordinariamente vibrante discurso, junto con dos –ellos sí-, acreditados columnistas, como si en realidad tuviera algún valor como campechano que de algún modo trata de ser con la mayor modestia comunicador de sus ideas.
La comida en familia en un restaurante de mariscos y una brevísima siesta para recuperar un poco las energías.
Por la noche, la sencilla pero muy hermosa boda de mi sobrino César con Ileana, en la que tuve la oportunidad de abrazar con mucho calor a mis hermanos y a parte de mis innumerables sobrinos.
 De regreso a casa, antes de dormir, todavía me di el lujo de disfrutar unos momentos de una de mis grandes pasiones, el deporte del boxeo, con la magnífica pelea entre "El Alacrán" Miguel Berchelt y Francisco "El Bandido" Vargas.
Gracias a Dios, gracias a la vida, gracias a mi familia, gracias a mis amigos y a todos los que quiero y respeto por hacer del sábado veintiocho de enero un día tan especial.

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