Mi
cumpleaños, a diferencia de otras ocasiones en las que siempre, aunque fuera
por un solo día, me convertía en el centro de atención de mi familia, esta vez
fue diferente. En fin, fue un bello sábado y un día tremendamente agradable de
principio a fin.
A
contra corriente de mi acendrada costumbre en esta fecha, no desayuné con mi
compañera, ni acudí con ella a un café. No fui a uno de esos sitios a los que poco visito, al contrario de
muchos grandes personajes que en ellos componen al mundo, definen la buena
marcha de la patria, reparan con acierto
el quehacer político, y con mayor acierto todavía, arman y rearman el tejido
social.
Esta
vez, respondiendo a la amable invitación de mi querido amigo el doctor Pedro
Lara y a la confirmación del estimable don Eleazar Cámara, asistí a una reunión
desayuno con buenos amigos y experimentados políticos, en el Centro de
Convenciones.
Maravillosa
ocasión para estrechar manos y palmear espaldas de apreciados amigos de toda la
vida, a quienes prefiero no mencionar para no caer en el imperdonable error de
alguna involuntaria omisión.
La
primera gran satisfacción me la dio el mismo gobernador, quien me dejó casi
mudo cuando mencionara que es asiduo lector de mis comentarios, doquiera que
los escriba. Mi disculpa por la tan tonta como irreverente pregunta ¿de verdad,
gobernador?. Se habrá reído de mi candidez.
La
segunda, la recibí cuando el joven ejecutivo me honró mencionándome en su
extraordinariamente vibrante discurso, junto con dos –ellos sí-, acreditados
columnistas, como si en realidad tuviera algún valor como campechano que de
algún modo trata de ser con la mayor modestia comunicador de sus ideas.
La
comida en familia en un restaurante de mariscos y una brevísima siesta para
recuperar un poco las energías.
Por
la noche, la sencilla pero muy hermosa boda de mi sobrino César con Ileana, en
la que tuve la oportunidad de abrazar con mucho calor a mis hermanos y a parte
de mis innumerables sobrinos.
De regreso a casa, antes de dormir, todavía me
di el lujo de disfrutar unos momentos de una de mis grandes pasiones, el
deporte del boxeo, con la magnífica pelea entre "El Alacrán" Miguel
Berchelt y Francisco "El Bandido" Vargas.
Gracias
a Dios, gracias a la vida, gracias a mi familia, gracias a mis amigos y a todos
los que quiero y respeto por hacer del sábado veintiocho de enero un día tan
especial.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario