No
es el 25 de abril de 1846; no es el 3 de febrero de 1848. ¡No es lo mismo!.
Mientras
no haya nada firme, fundado, documentado y real, lo mejor es no jugar al
profeta y al experto en temas bilaterales.
Que
los funcionarios encargados de negociar -empleados de todos los mexicanos-, sin
cheques en blanco, cumplan con su trabajo. Mientras tanto, mi opinión es que lo
mejor es no opinar.

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