Cambio de planes
Con motivo de una gira presidencial, comisionados por el amable gobernador Don Rafael Rodríguez Barrera, el Profe y el escribidor fuimos citados al Casino de Campeche por quien aparentaba ser el jefe de la avanzada que precedía la importante visita. La idea era destinar a alguien que reuniera ciertas características para actuar como maestro de ceremonias en el acto oficial que se celebraría ahí mismo. De ahí que, la mañana previa al evento, nos presentamos a lo que llamaron “prueba de voz”.
No bien había terminado de decir “bueno, bueno, uno, dos, tres, probando”, cuando el serio personaje señaló tajante: “Aranda, tú serás el maestro de ceremonias”. "Te quiero aquí a las cinco de la tarde para un ensayo rápido, y después te plantas en este círculo con el micrófono en la mano; de ahí no te moverás hasta que yo te lo indique". “Necesito que entiendas que solamente te limitarás a leer lo escrito en este papel; ¡ninguna palabra más!”.
Ya casi sobre la hora del acto, el gobernador, previamente enterado de las drásticas instrucciones, indicó tajante: “no sé ni me interesa quién lo dispuso, pero yo ordeno en este momento que el maestro de ceremonias será Gustavito (Gustavo Pérez Vera), y se acabó”. Un “repentino malestar estomacal”, de inmediato me obligó a abandonar el casino acompañado de las risotadas y el guiño cómplice de El Profe.
No supe y nunca me ocupé de averiguar que sucedió antes del acto, durante su desarrollo y después de él. Ya tranquilo por la noche y totalmente aliviado del “repentino malestar estomacal”, pude escuchar desde mi casa el sonido de los motores de los aviones que partían para la Capital.
Del drástico personaje no volví a saber jamás. Ese día, aprendí que, por muy poderoso e impositivo que sea el que ordena, más poderoso y convincente es el que paga.
Con motivo de una gira presidencial, comisionados por el amable gobernador Don Rafael Rodríguez Barrera, el Profe y el escribidor fuimos citados al Casino de Campeche por quien aparentaba ser el jefe de la avanzada que precedía la importante visita. La idea era destinar a alguien que reuniera ciertas características para actuar como maestro de ceremonias en el acto oficial que se celebraría ahí mismo. De ahí que, la mañana previa al evento, nos presentamos a lo que llamaron “prueba de voz”.
No bien había terminado de decir “bueno, bueno, uno, dos, tres, probando”, cuando el serio personaje señaló tajante: “Aranda, tú serás el maestro de ceremonias”. "Te quiero aquí a las cinco de la tarde para un ensayo rápido, y después te plantas en este círculo con el micrófono en la mano; de ahí no te moverás hasta que yo te lo indique". “Necesito que entiendas que solamente te limitarás a leer lo escrito en este papel; ¡ninguna palabra más!”.
Ya casi sobre la hora del acto, el gobernador, previamente enterado de las drásticas instrucciones, indicó tajante: “no sé ni me interesa quién lo dispuso, pero yo ordeno en este momento que el maestro de ceremonias será Gustavito (Gustavo Pérez Vera), y se acabó”. Un “repentino malestar estomacal”, de inmediato me obligó a abandonar el casino acompañado de las risotadas y el guiño cómplice de El Profe.
No supe y nunca me ocupé de averiguar que sucedió antes del acto, durante su desarrollo y después de él. Ya tranquilo por la noche y totalmente aliviado del “repentino malestar estomacal”, pude escuchar desde mi casa el sonido de los motores de los aviones que partían para la Capital.
Del drástico personaje no volví a saber jamás. Ese día, aprendí que, por muy poderoso e impositivo que sea el que ordena, más poderoso y convincente es el que paga.
… Y ALGO MÁS
La bandera nacional
Corriendo
el riesgo calculado de ser tildado de patriotero, reitero mi comentario de
siempre: amo entrañablemente los símbolos de mi país. El Himno, el Escudo y la
Bandera Nacional siguen ligados a mí igual que en la lejana niñez.
¿Demasiado
romántico?; tal vez, pero sigo sintiendo humedad en los ojos cuando escucho las
vibrantes notas de la obra un poco bélica, pero muy nuestra, compuesta por
Jaime Nunó y Francisco González Bocanegra; o bien, cuando veo ondear mi Bandera
al toque de un clarín.
Hoy,
veinticuatro de febrero, en todo México se celebra el Día de La Bandera
Nacional; de ese bello y majestuoso girón de tela con los tres colores y el
águila bravía parada sobre un nopal devorando una serpiente. Así la vieron, así la soñaron
o así la imaginaron nuestros antepasados mexicas.
La
Bandera Nacional Mexicana ha sido siempre símbolo de libertad, justicia y
nacionalidad. Su escudo y sus colores representan el origen, los principios, el valor
y la lucha de los mexicanos por ser libres.
Ha
habido a través de los años diferentes banderas, aunque la que actualmente nos
representa, con ligeros cambios, es la misma que se utilizó en la Declaración
de la Independencia.
El
Lábaro Patrio nació el año mil ochocientos veintiuno cuando Su Alteza
Serenísima, Agustín de Iturbide, trató de representar las garantías que
tendrían los mexicanos al declararse la Independencia.
La
celebración, cosa curiosa y poco conocida, se debe a un empleado del Banco de
México, Benito Ramírez, quien en esta fecha, pero del año mil novecientos
treinta y cinco, organizó una guardia de honor en homenaje al Sacro Pabellón. En mil
novecientos cuarenta, la práctica se institucionalizó con Lázaro Cárdenas
cuando se declaró el veinticuatro de febrero como el Día de la Bandera.
Este día, desde la escuela más humilde hasta los
colegios más lujosos; desde las dependencias y representaciones oficiales, los mexicanos que aman a su país expresan su regocijo
discursando, recitando, bailando, cantando y haciendo honores a la Enseña Patria.
¡Feliz
Día, Bandera Nacional!.
Atención a víctimas de
delitos
Más
que buena, estupenda la información de que ya se ha instalado el grupo de
trabajo de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) y el Gobierno de
Campeche. Su fin, promover
estrategias que permitan poner en marcha mecanismos de coordinación para la
atención a víctimas del delito y la defensa de sus derechos. El Secretario de Gobierno, Carlos Miguel
Aysa González, con la representación del gobernador Alejandro Moreno Cárdenas
instaló este grupo.
No
es cualquier cosa pensar en la atención a víctimas de actos delictivos y la
defensa de sus derechos; tan importante como la sanción del delito en sí,
porque hacer justicia no solamente implica castigar a los responsables, sino
proteger y asistir a las víctimas inocentes.
Fue
el veintinueve de febrero del año anterior que el gobernador campechano
suscribió un convenio en materia de atención a víctimas en una reunión de la CONAGO
(Conferencia Nacional de Gobernadores). Así lo recordó el Secretario Aysa González.
Gobernar
no solamente es administrar o hacer política. Gobernar es también hacer
justicia, y en Campeche esta máxima se está cumpliendo, y se está cumpliendo
bien.

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