jueves, 2 de febrero de 2017

La marcha se hizo y se hizo muy bien



La década de los años setenta, en una agradable actividad que me tocara desempeñar con el gobierno del estado, un ejercicio obligado consistía en la organización y desarrollo de actividades cívicas, culturales y sociales, en particular, la tradicional Ceremonia del Grito la noche del 15 de septiembre y el desfile conmemorativo de la Independencia al día siguiente.
El gobernador de entonces, extraordinario caballero, gustaba mucho de las estadísticas, una de las cuales consistía en calcular el número de personas que llenaban la Plaza de la República, sede del primer acto, y al día siguiente, el de los participantes en el desfile.
Un distinguido y amable campechano, el profesor Gustavo Pérez Vera, mucho muy avezado en esas lides por su experiencia como maestro de deportes y organizador de todo tipo de actos, tenía una especial habilidad para calcular el volumen de personas que cabían en un recinto, fuera este cerrado o abierto.
De mi gran amigo aprendí algunas técnicas para dar al agradablemente exigente gobernador de entonces los datos que al terminar un evento inmediatamente requería. Así, comencé a desarrollar las técnicas aprendidas, partiendo de la base del cálculo en metros cuadrados de superficie y una sencilla operación matemática considerando si la asistencia era abigarrada o algo dispersa.
Medir el espacio en metros cuadrados de la Plaza de la República fue tarea obligada, lo mismo que el de las calles y avenidas que la circundan, para después en una rápida multiplicación, tener un estimado de los asistentes. Pocas veces tuvimos fallas, bueno, al menos no se dio jamás alguna acción de reclamo por parte del caballeroso mandatario.
La tarde noche de ayer, el escribidor, su musa y todos los hijos, acudimos gustosamente a la anunciada “Marcha por la Unidad” que iniciara en el parque “Cuarto Centenario”, más conocido como de San Martín, para recorrer junto con la multitud asistente el derrotero de ocho o nueve calles hasta la Plaza de la República donde la marcha concluyó.
Mediante un conteo rápido de pasos, ancho y largo de calles y algunos datos aprendidos en la ya muy lejana juventud, para hacer más agradable el recorrido, junto con mi compañera, llevamos a cabo un ejercicio consistente en calcular el número de campechanos que participaban. La confirmación, les dije, la tendríamos en la prensa que daría mejores cifras apoyada en el uso de los drones que sobrevolaron el evento, y que cuentan con sofisticados sistemas de cálculo y medición.
Al terminar el desfile y en una especie de plática de sobremesa, empezamos a calcular junto con algunos amigos la asistencia, encontrándonos con cifras dispares, tales como que algunos opinaron que participaron tres mil, y hubo quienes elevaron sus cifras hasta los treinta mil. Uno de ellos, mi asiduo lector y de los que estuvieron más lejos del número, se sorprendió cuando le comenté que en un cálculo rápido y a reserva de mejorarlo, estimaba la asistencia entre quince y veinte mil personas.
Muy temprano, acudo presuroso a la consulta de los diarios campechanos que dieron cuenta de los detalles y que confirmaron los cálculos totalmente vagos, habida cuenta de lo complicado de estimar el número de los que te rodean cuando te encuentras envuelto en un océano humano.
Bueno, pero el asunto no es hablar de cálculos matemáticos, sino más bien de estimar resultados, y a ellos me refiero: Campeche está a la vanguardia en madurez política, en sentido de nacionalidad y en el deseo de exigir justicia; estos son valores que han llegado para quedarse. En adelante, dudo que nuestros conciudadanos tengan el menor ánimo de extraviar estos valores, y menos aún, de perder el orgullo de haber sido pioneros en el despertar cívico que pronto será replicado en las demás entidades.
Por hoy, reconozco al gobernador Alejandro Moreno Cárdenas por su iniciativa y su convocatoria, y a nuestra gente por su decisión. Esta mañana con el mayor orgullo proclamo que estoy orgulloso de Campeche y de su gente.

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