La
década de los años setenta, en una agradable actividad que me tocara desempeñar
con el gobierno del estado, un ejercicio obligado consistía en la organización
y desarrollo de actividades cívicas, culturales y sociales, en particular, la
tradicional Ceremonia del Grito la noche del 15 de septiembre y el desfile
conmemorativo de la Independencia al día siguiente.
El
gobernador de entonces, extraordinario caballero, gustaba mucho de las
estadísticas, una de las cuales consistía en calcular el número de personas que
llenaban la Plaza de la República, sede del primer acto, y al día siguiente, el
de los participantes en el desfile.
Un
distinguido y amable campechano, el profesor Gustavo Pérez Vera, mucho muy
avezado en esas lides por su experiencia como maestro de deportes y organizador
de todo tipo de actos, tenía una especial habilidad para calcular el volumen de
personas que cabían en un recinto, fuera este cerrado o abierto.
De
mi gran amigo aprendí algunas técnicas para dar al agradablemente exigente
gobernador de entonces los datos que al terminar un evento inmediatamente
requería. Así, comencé a desarrollar las técnicas aprendidas, partiendo de la
base del cálculo en metros cuadrados de superficie y una sencilla operación
matemática considerando si la asistencia era abigarrada o algo dispersa.
Medir
el espacio en metros cuadrados de la Plaza de la República fue tarea obligada,
lo mismo que el de las calles y avenidas que la circundan, para después en una
rápida multiplicación, tener un estimado de los asistentes. Pocas veces tuvimos
fallas, bueno, al menos no se dio jamás alguna acción de reclamo por parte del
caballeroso mandatario.
La
tarde noche de ayer, el escribidor, su musa y todos los hijos, acudimos
gustosamente a la anunciada “Marcha por la Unidad” que iniciara en el parque
“Cuarto Centenario”, más conocido como de San Martín, para recorrer junto con
la multitud asistente el derrotero de ocho o nueve calles hasta la Plaza de la
República donde la marcha concluyó.
Mediante
un conteo rápido de pasos, ancho y largo de calles y algunos datos aprendidos
en la ya muy lejana juventud, para hacer más agradable el recorrido, junto con
mi compañera, llevamos a cabo un ejercicio consistente en calcular el número de
campechanos que participaban. La confirmación, les dije, la tendríamos en la
prensa que daría mejores cifras apoyada en el uso de los drones que
sobrevolaron el evento, y que cuentan con sofisticados sistemas de cálculo y
medición.
Al
terminar el desfile y en una especie de plática de sobremesa, empezamos a
calcular junto con algunos amigos la asistencia, encontrándonos con cifras
dispares, tales como que algunos opinaron que participaron tres mil, y hubo
quienes elevaron sus cifras hasta los treinta mil. Uno de ellos, mi asiduo
lector y de los que estuvieron más lejos del número, se sorprendió cuando le
comenté que en un cálculo rápido y a reserva de mejorarlo, estimaba la
asistencia entre quince y veinte mil personas.
Muy
temprano, acudo presuroso a la consulta de los diarios campechanos que dieron
cuenta de los detalles y que confirmaron los cálculos totalmente vagos, habida
cuenta de lo complicado de estimar el número de los que te rodean cuando te
encuentras envuelto en un océano humano.
Bueno,
pero el asunto no es hablar de cálculos matemáticos, sino más bien de estimar
resultados, y a ellos me refiero: Campeche está a la vanguardia en madurez
política, en sentido de nacionalidad y en el deseo de exigir justicia; estos
son valores que han llegado para quedarse. En adelante, dudo que nuestros
conciudadanos tengan el menor ánimo de extraviar estos valores, y menos aún, de
perder el orgullo de haber sido pioneros en el despertar cívico que pronto será
replicado en las demás entidades.
Por
hoy, reconozco al gobernador Alejandro Moreno Cárdenas por su iniciativa y su
convocatoria, y a nuestra gente por su decisión. Esta mañana con el mayor
orgullo proclamo que estoy orgulloso de Campeche y de su gente.

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