Muy
temprano fue su partida, todo lo temprano que puede ser dejar a los suyos a los
cuarenta y ocho años de edad; sobre todo cuando tenía muchas razones para desear
seguir viviendo.
No
alcanzó a ver casado a ninguno de sus hijos, mucho menos conoció a sus nietos.
Él, que amaba tanto a los niños, no pudo disfrutar jamás las caricias y los besos de uno suyo.
En
tu aniversario número cien, te saludo con amor papá, Heberto Aranda Alonzo, y conmigo
te saludan tus nietos y bisnietos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario