Por el norte del territorio campechano se accede a él –a su cabecera- desde la ciudad capital. El recorrido es través de una carretera angosta y sinuosa, llena de paisajes de campos agrícolas y pueblos pintorescos con abundantes casitas techadas de huano y con albarradas blancas. Así está en mis recuerdos, así lo contemplo desde la lejana niñez. El municipio de Hopelchén, sencillamente, bello e inolvidable.
El
recorrido de poco más de ochenta kilómetros que solíamos hacer hacia la ciudad
de Campeche y desde ella, unas veces en el autobús de ruta tripulado por
aquella pareja de chofer y cobrador a quienes conocíamos como “Nacho” y
“Repoco”. Conducían un antiguo transporte de pasajeros “Chevrolet”
impecablemente limpio, cuidado y embellecido con los colores blanco y azul. A ambos
costados el nombre de la línea: “Unión de Camioneros de Campeche, SCL”.
Otras
ocasiones, viajábamos en el camión de carga Ford “híbrido” propiedad de mi
padre, de color blanco, modelo 47 con accesorios del 52. En la parte
superior del frente lucía la leyenda “El Lobo”. No sé qué, tal vez había algún
tipo de fascinación de parte de papá Beto por ese animal de jauría, tan fuerte,
tan luchador, tan gregario, tan protector de su familia.
Un
pueblo muy cercano a la cabecera, Ich-Ek, siempre constituyó parada
obligatoria, tanto del autobús como del camión de carga. Un pequeño negocio,
mitad tienda de abarrotes mitad “fonda”, atraía a los viajeros por lo agradable
del servicio, por el trato del propietario, y por el letrero que lucía en el
frente: “Casa Duch, La Gota”.
Era
un deleite llegar a “La Gota” y sentir el aroma de unos huevos de patio freídos
en manteca de cerdo pura, y luego saborearlos con un plato de frijoles refritos
o de la olla con epazote, chile “kut”, aromáticas tortillas hechas a mano y una
humeante taza de café. Con un apetito voraz por lo temprano que dejábamos el
hogar, agredían y siguen agrediendo las papilas gustativas con el recuerdo.
La
región de “Los Chenes”, o de “Los cinco pozos”, es de los pueblos más antiguos
de la entidad. Históricamente ubicado en el período anterior a la conquista. Depositario
y guardián de numerosos e importantes vestigios de asentamientos mayas:
Xlab-pac, Hochob, Santa Rosa Xtampak, Tacoh y Dzibilnocac entre otros, que aún lucen
impresionantes a vista de propios y extraños.
Su
cabecera, la ciudad de Hopelchén, centro geográfico de lo que alguna vez se
conoció como el municipio “granero del estado”; sus enormes cosechas del
preciado maíz, antes y ahora constituyeron y constituyen el ingrediente básico
e insustituible de la alimentación regional.
Durante
la Guerra de Castas situada en la primera mitad del siglo diecinueve, líderes
mayas de la estatura de Cecilio Chí, Jacinto Paat, Florentino Poot y Francisco
Caamal, encabezaron una especie de siega de la población descendiente de
europeos, así como de la mestiza y criolla.
El
movimiento extendido por poblaciones de lo que es hoy el estado de Quintana
Roo, del suroeste de Yucatán y el oriente de esta entidad, precisamente en la
región de los chenes tuvo sus más sangrientos y épicos acontecimientos.
En
alguna de las historias anteriores hemos escrito que en el poblado oriental de
Iturbide, numerosos vestigios como “El Cuartel”, “El Cuyo” y “Los Reductos”,
guardan recuerdos de la lucha fratricida librada entre los pobladores
autóctonos, algunos de rasgos euro mestizos, y los mayas provenientes de “Pay
Obispo”, hoy Chetumal.
Los
pobladores de la cabecera, de Bolonchenticul -ahora Bolonchén de Rejón-, junto
con Iturbide y otras poblaciones de la región, sufrieron el acoso incansable de
los mayas levantados en armas apoyados por algunos grupos de mestizos. Años de
fieros combates escribieron la historia hasta que el diálogo y la negociación le
pusieron fin.
En
tiempos de paz, la ciudad de Hopelchén adquirió rasgos característicos;
ciertos símbolos dieron imagen y personalidad al pueblo. Podrían haber sido
muchos, no obstante, algunos fueron los emblemas que
distinguieron y dieron personalidad a la cabecera del municipio. En una especie
de continuación, comentaremos acerca de estos “íconos cheneros”.
Alejandro Moreno Cárdenas, presente y
futuro en la política
“Respaldo absoluto del Comité Directivo
Estatal del Partido Revolucionario Institucional a la decisión del Gobernador
Alejandro Moreno Cárdenas”. De ese modo se expresó el presidente del Comité
Directivo Estatal de ese partido, Ernesto Castillo Rosado, refiriéndose a los
comentarios relacionados con la posibilidad de que el joven gobernador marche
pronto a presidir el Comité Ejecutivo Nacional.
No
existe la certeza, aunque la posibilidad no parece en absoluto descabellada,
habida cuenta del sólido prestigio que se ha ganado a pulso ahora como
gobernador de Campeche y antes por su trabajo político de excepción que lo hizo
recorrer las más variadas y diversas posiciones, desde la dirigencia juvenil
local y nacional, la Secretaría de Organización, la de Operación Política, así
como sus tres períodos como legislador federal y titular de la más importante
comisión de la Cámara de Diputados.
De
si habrá licencia en el cargo y quién lo relevaría no tiene caso especular; cómo
se daría el proceso si ocurriera, es lo de menos; sobre estos supuestos ha corrido
mucha tinta y se han vertido los más variados comentarios.
Gente
bien intencionada y con apego al terruño se ha expresado y lo seguirá haciendo
acerca del futuro de Campeche que es el de todos, y esto incluye el destino del
político campechano más destacado del tiempo actual. Si es llamado y acude a la
cita con el país, en buena hora; si decide quedarse, que sea para bien.
De
permanecer en su cargo, concluiría su ejercicio al cumplir cuarenta y seis
años, lleno de experiencia y madurez. Mientras tanto, habría que concluir que,
con un campechano bien situado en la política nacional -y Moreno Cárdenas lo
está-, pienso…, creo…, aseguro, que a Campeche le iría bien, y ese es mi mejor y
más grande deseo.
Hoy
día, lo importante es destacar que Campeche sigue adelante con rumbo y
certidumbre, que el gobierno está en buenas manos y, principalmente, que
Alejandro Moreno Cárdenas tiene un gran futuro en la política mexicana. ¡Al
tiempo!.
… Y ALGO MÁS
“Esta obra es la realización de un sueño
hecho realidad; ver que todos los niños y los beneficiarios asisten a un lugar
digno, compromiso de mi esposo, el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas, nos
motiva para seguir trabajando”, así se expresó la presidenta del Patronato
del DIF Estatal, Christelle Castañón de Moreno, durante una gira de trabajo
realizada por el municipio de Candelaria, donde llevó a cabo diversos actos.
“Con el
respaldo del Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, es más claro el
camino que estamos transitando para tener un Campeche más próspero, incluyente
y de oportunidades para todos, es la respuesta efectiva de gobiernos sensibles
que saben atender y cumplir a la sociedad; y al interés de la señora Angélica
Rivera de Peña, por fortalecer la operación de la red de espacios de
alimentación en nuestra entidad”. Diría también la señora Castañón de Moreno.
Lo
he escrito antes, lo reitero ahora, la esposa del gobernador es su colaboradora
más cercana, más amable, más leal y amorosa, y el complemento ideal a su
trabajo por Campeche.
Reunión con agentes y comisarios, muy buena idea
Reunión con agentes y comisarios, muy buena idea
Se dio una reunión entre el secretario general de Gobierno, Carlos
Miguel Aysa a nombre del gobernador Moreno Cárdenas y los treinta y cuatro
comisarios y agentes municipales de Campeche. El própósito, conocer de manera directa las principales necesidades
de cada una de las localidades y poder integrarlas al paquete de obras del año
próximo.
La presencia de los secretarios de Planeación, Ramón Arredondo Anguiano y de Desarrollo Urbano, Obras Públicas e Infraestructura, Edilberto Buenfil Montalvo, así como del jefe de la Oficina del Gobernador, Claudio Cetina Gómez y del propio presidente municipal Edgar Hernández Hernández, demostró el interés por atender a todos los campechanos.
“El Gobernador del Estado pidió que los escucháramos, que ustedes nos dijeran qué obras son las de mayor importancia para sus comunidades para poder incluirlas en el plan de obras del próximo año”, diría ahí Aysa González.
Reconstrucción y rehabilitación de calles, alumbrado público, techado de canchas, mejoramiento de parques, colocación de ejercitadores, renovación de juegos infantiles, embanquetado, remodelación de campos deportivos, entrega de ambulancia, ampliación del sistema de energía eléctrica e introducción del servicio de internet fueron las principales demandas expuestas.
La presencia de los secretarios de Planeación, Ramón Arredondo Anguiano y de Desarrollo Urbano, Obras Públicas e Infraestructura, Edilberto Buenfil Montalvo, así como del jefe de la Oficina del Gobernador, Claudio Cetina Gómez y del propio presidente municipal Edgar Hernández Hernández, demostró el interés por atender a todos los campechanos.
“El Gobernador del Estado pidió que los escucháramos, que ustedes nos dijeran qué obras son las de mayor importancia para sus comunidades para poder incluirlas en el plan de obras del próximo año”, diría ahí Aysa González.
Reconstrucción y rehabilitación de calles, alumbrado público, techado de canchas, mejoramiento de parques, colocación de ejercitadores, renovación de juegos infantiles, embanquetado, remodelación de campos deportivos, entrega de ambulancia, ampliación del sistema de energía eléctrica e introducción del servicio de internet fueron las principales demandas expuestas.
Edgar Hernández Hernández,
la gente no quiere quejas
No
se encuentra entre los peores, claro está; no obstante, tampoco es el mejor. Cosas
del poder, cuando se busca un cargo se ofrece “el oro y el moro” como decían
los abuelos, aunque al final se acabe responsabilizando precisamente a quienes
se debe agradecer el puesto.
Un
poco de esto sucede en el ayuntamiento de
Campeche. Una y otra vez se insiste en arrojar todas las culpas a la
ciudadanía. Claro está y es totalmente cierto que existe depósito de basura a
destiempo y en lugares no permitidos; hay lanzamiento a la calle de toda clase
de objetos y desperdicios residuales de alimentos y empaques; se vierten
aguas jabonosas y existen lotes baldíos enyerbados.
Hay
en el paisaje urbano falta de respeto a la imagen citadina con la “reservación”
de espacios de estacionamiento mediante sillas, botes, latas y hasta piedras;
también el uso indebido de lugares reservados a grupos específicos.
Falta
de conciencia cívica, irresponsabilidad ciudadana, problema cultural, lo que
usted quiera y disponga, pero es labor exclusiva de cada ayuntamiento la
prestación de servicios, y la recoja de basura en mala hora fue puesta en
manos de una empresa privada a la que no le interesa otra cosa que no sea el
pago mensual.
El
acalde Edgar Hernández es un funcionario serio y con experiencia en la administración
pública, lo mismo que varios de sus colaboradores, por tanto no sería justo que
el ayuntamiento fuera su sepultura política. La gente quiere trabajo,
compromiso y menos quejas… creemos que Edgar también.
Christian Castro Bello, un
funcionario con futuro político
Cierto es que algunos usan su nombre para acreditar sus acciones; otros más, presumen de su relación cercana con él, acaso para reforzarse, o bien para demostrar ante los demás su trato con lo más destacado del poder local.
Lo cierto es que Christian Castro Bello es un joven y muy eficiente funcionario federal, serio, amable, dedicado a su trabajo y poseedor de una magnífica imagen. El columnista, en las ocasiones que asiste a algún evento público, lo ve moverse entre la gente, siempre con una sonrisa y una actitud relajada, estrechando manos ávidas que se extienden a su paso.
En este joven sencillo y carismático existe un político inteligente, con brillo propio al que también se augura un espléndido futuro.
¡Pronto, muy pronto estaremos dando cuenta de su progreso!.
Carlos Joaquín Reyes Alpuche, genio y figura
Cierto es que algunos usan su nombre para acreditar sus acciones; otros más, presumen de su relación cercana con él, acaso para reforzarse, o bien para demostrar ante los demás su trato con lo más destacado del poder local.
Lo cierto es que Christian Castro Bello es un joven y muy eficiente funcionario federal, serio, amable, dedicado a su trabajo y poseedor de una magnífica imagen. El columnista, en las ocasiones que asiste a algún evento público, lo ve moverse entre la gente, siempre con una sonrisa y una actitud relajada, estrechando manos ávidas que se extienden a su paso.
En este joven sencillo y carismático existe un político inteligente, con brillo propio al que también se augura un espléndido futuro.
¡Pronto, muy pronto estaremos dando cuenta de su progreso!.
Carlos Joaquín Reyes Alpuche, genio y figura
“Por qué no contar historias si al fin y al
cabo cada ser humano es fragmento de una que no ha terminado de contarse”.
Cuándo
lo conocí, difícilmente podría afirmarlo con certeza, de lo que estoy seguro es
que fue en mi pueblo natal, Hopelchén, cuando ambos éramos menores de edad,
casi niños. Se aparecía de repente acompañando a un amigo del pueblo con el que
cursaba la secundaria en La Nueva Ariel de la ciudad de Mérida.
Los
muchachos de entonces -vanidad o qué sé yo-, aún en épocas de vacaciones,
presumían su estatus de estudiantes vistiendo muy seguido el uniforme de su
escuela. En ese caso, una camisa al parecer de color beige con una franja de
cuadros pequeños en las bolsas.
Poca
gente lo llamaba por su nombre y menos por el segundo, porque su identificación
casi de pila era “Chichán”. Solía mencionar que por lo travieso, su señor padre
lo bautizó de esa manera; eufemísticamente breve, para no emplear su significado
completo: “Chichán Kisín” (pequeño diablo en lengua maya).
La
cuestión es que con mucha frecuencia se presentaba en el pueblo y se mantenía
ahí por días y semanas alojado en la casa del amigo, cuya familia siempre tuvo
fama de paciente y hospitalaria. Era significativo que a pesar de la diferencia
de edades, su relación principal era con la gente mayor, con la que congeniaba
tan bien que con frecuencia lo invitaban a sus mesas.
La
fiesta y la farándula y la inquietud por la comunicación, lo alejaron de las
aulas para convertirse en reportero; sin importar el medio, desde corresponsal
de revistas de nota roja hasta encargado de noticieros de una radiodifusora
local. En esa estación precisamente se dio la fiesta del bautizo de su hijo Carlos
Lenín.
Por
el verano anterior, en una entrevista que le realicé para una columna sobre sus
señores padres, enfatizó la verdadera causa de su tiempo más disipado: fue a la
muerte de Don Mateo, su padre ejemplar y pro hombre calkiniense.
En
mi artículo, escribí de él algunas cosas tales como: “La debilidad de Don Mateo, y también de su esposa Doña Carmelita fue
siempre Lenín, el hijo mayor de su hijo menor, y su otra debilidad. Carlos
Joaquín Reyes Alpuche, “Chichán” para sus amigos que no sé por qué ahora son
miles cuando antes, sobre todo los que tenían cargos, huían de su presencia”.
“Tal vez tenían miedo de escuchar de él cosas
olvidadas o que trataban de olvidar por todos los medios. Las leyes de la
genética predicen que se pueden heredar de los padres características
funcionales y fisonómicas, además de algunos rasgos de carácter y detalles
fisiológicos, pero en ninguna parte dice que se pueden heredar la bondad, el
altruismo y el deseo permanente de hacer algo por los demás. ¡Eso se aprende, y
Carlos Joaquín lo aprendió, y lo aprendió muy bien!”.
Dicho
por él mismo en la entrevista, fue ese un tiempo desafortunado al que logró
sobreponerse siguiendo el ejemplo de sus padres, modelo de virtudes y de amor
al prójimo.
En
sus peores tiempos, tal vez esté mal decirlo, en mi modesto hogar siempre
encontró lugar de consuelo, un sitio en la mesa y una hamaca en la terraza, para
el descanso y para componer su maltrecho cuerpo. Ahí llegaba con mucha más
frecuencia de lo acostumbrado, cruzando el umbral de la puerta siempre abierta
que entonces era común y se permitía.
Su
mejor tiempo una vez que dejó de lado las malas prácticas, se dio los últimos
tres o cuatro lustros en los que se dedicó a ayudar al prójimo con generosidad,
consiguiéndoles de manera gratuita tratamientos médicos, intervenciones
quirúrgicas y medicamentos costosos. Esa gente ahora alaba y bendice su
memoria.
Nadie
es quien para juzgarlo, y nadie debe hacerlo. En lo personal, lo estimé como un
hermano más que como un amigo, y estoy convencido de que con todas sus obras
buenas limpió absolutamente los renglones torcidos de su comportamiento
anterior, lo que le merece el justo reconocimiento de los que sintieron su mano
bondadosa y caritativa. Otros -los menos-, los que después de implorar y recibir su apoyo terminaron
hablando mal a sus espaldas, merecen una mención de otra clase, ¡por
supuesto!.
Quedaron
pendientes unas reuniones que me había encargado organizar con amigos a quienes
quería de verdad. Con ellos, algunas veces compartimos el vino y las viandas en
su hogar y único CDR cubano en el exterior: Nico, Luis Armando, Paco, Róger, Manuel; ni
modo, no se dio otra “tenida bohemia”.
A
unos días de cumplir los setenta años, se fue para siempre el Premio Campeche 2016 y promotor de cientos de iniciativas como el
Premio Estatal de Periodismo.
De
él me dijo hace algunos días una persona muy espiritual que sabe de esas cosas:
“Los tiempos de Dios no son los tiempos
nuestros y para Él, Carlos Joaquín Reyes Alpuche no dejó nada inconcluso. Cumplió
y cumplió bien su misión, por eso lo llamó El Señor para premiarlo con el
descanso eterno en su presencia”.
Podría
ser… ¿por qué no?.

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