De
aquella tarde primaveral y aquel acto político frente al parque principal de
Hopelchén, en una peculiar campaña de un solo partido y un solo candidato, han
transcurrido ya cuarenta y dos años. Cuatro décadas de aquel discurso desde una
plataforma de madera en el que el futuro presidente, José López Portillo,
anunció en un grito que había llegado “la hora del Sureste".
Desde
entonces y hasta la fecha, ni tantos ni variados habían sido los esfuerzos para
emprender una acción verdaderamente importante que beneficie a una buena parte
de la población, en particular la más afectada con una de las reformas -la
energética- que sólo el tiempo habrá de determinar si sus buenos resultados se
adjudican a su creador, Enrique Peña Nieto.
Y
el martes diecisiete, el primer mandatario, y “el mejor amigo de los campechanos” como lo califica el gobernador
Alejandro Moreno Cárdenas, nos visitó, como siempre lo hace, para traernos buenas nuevas,
esta vez la consolidación de la creación de las siete Zonas Económicas
Exclusivas que había comprometido. “Un
cambio de paradigma y una decisión de política pública muy relevante e
importante para los próximos años”, diría de ellas el presidente.
“La Banca de Desarrollo está lista para que,
a través de la Ventanilla Única que se ha establecido, se tenga una bolsa de
apoyo, un paquete de financiamiento a todo el sector privado y a todas las
empresas que decidan invertir en estas siete Zonas Económicas Especiales, de 50
mil millones de pesos, para apoyar la actividad productiva”. Afirmó el
presidente de todos los mexicanos.
No
se trata de conceptos nuevos ni son idea o creación mexicana. Las zonas económicas
especiales, ZEE por sus siglas, según la revista Foreign Affairs Latinoamérica publicada por el ITAM, son un modelo
que consiste en una especie de parque
industrial, con privilegios fiscales y menores tarifas comerciales para atraer inversiones.
Comienzan
como experimento protegido y al final del camino y por su desempeño, terminan
en las mismas condiciones fiscales y tasas impositivas que otras regiones, pero
con el éxito asegurado y la economía sólida y en marcha. Así sucedió
en Shannon, Irlanda, donde ahora funcionan empresas de calidad mundial como Intel, Lufthansa y Schwarz Pharma.
La
más antigua y la más exitosa, la de Shenzhen, China, de una villa pesquera con
un puñado de habitantes, creció en promedio más del cincuenta por ciento en los ochentas. En algún programa de
televisión tuvimos la oportunidad de conocer la historia exitosa de esta aldea de
pescadores, a partir del cambio de modelo económico y la flexibilización de las políticas comerciales del gigante de oriente.
El
presidente Enrique Peña Nieto firmó el decreto que declara la Zona Económica
Especial de Campeche que abrirá a la inversión productiva de las ramas de la industria
química, del plástico y caucho, la automotriz, la de alimentos y al sector
energético, una superficie cercana a las tres mil hectáreas en un área de
influencia que comprende los municipios de Campeche, Carmen y Champotón. En los
próximos veinte años, se le calcula una derrama económica de cuatro mil millones
de dólares y la generación de más más de cincuenta mil empleos.
Y
son ya una realidad tangible, medible y casi cuantificable. Con los
inconvenientes propios de cualquier
arranque y con todos los defectos que la maledicencia pueda atribuirles, porque
ya empezaron a asomar las cabezas de los críticos, unos desde la óptica de su
imaginación y otros, desde el absurdo y malsano proceder de los que nada
les parece, que todo les incomoda, y solamente disfrutan del fracaso, sin
importar que este sea el de su propio futuro.
Pero
el presidente Peña no se limitó al evento de las ZEE, aprovechó su viaje y
aprovechó su tiempo para inaugurar y poner en servicio el acueducto de Hobomó, en el que se invirtieron cuatrocientos sesenta y un millones en números
cerrados, y la modernización del puerto de Seybaplaya, con más de ciento noventa
y dos. Igual anunció que antes de que concluya su administración, retornará a Campeche
a inaugurar el nuevo puente de La Unidad y la modernización del puerto de Isla
del Carmen.
Bienvenido ésta y las veces que venga a nuestra tierra “el mejor amigo de los campechanos“,
Enrique Peña Nieto, con noticias nuevas que siempre serán buenas noticias.
El primer debate presidencial
Ansiosos los mexicanos de ser testigos de los
momentos especiales de las campañas, no desperdiciaron la oportunidad de ver
juntos a todos los candidatos en el primero de los debates programados.
La noche del domingo veintidós en el
Palacio de Minería, como cada ocasión y como siempre, cada quien vio ganar a su
preferido. Aunque hubo algunos decepcionados que esperaban gritos, insultos y
sombrerazos, el orden y el respeto al formato fue la constante del evento.
Se vio al joven candidato de “Por México al
Frente” arremetiendo contra acciones y programas de gobierno de las que él
mismo fue partícipe desde el legislativo, hasta andanadas verbales contra el
puntero de las encuestas. Entrón, como siempre.
El de “Juntos Haremos Historia”, lució primero relajado, después incómodo y hasta sorprendido porque aparecieran en el debate cifras y datos de sus tiempos de jefe de gobierno capitalino, lo negativo de parte de su equipo, y su ya célebre propuesta de "amnistía". No agradó su abruta retirada.
Sin apasionamientos hay que reconocer que el que se inclinó por las propuestas y mostró preparación y congruencia, fue el candidato de “Juntos por México”, quien enfatizó en su pregonada intención de combatir la impunidad a todos los frentes. Pocos ataques a su persona.
La respetable dama, poco aportó al debate y aunque mostró inteligencia, pareció a ratos que estaba en campaña a favor de su esposo. El quinto en el ruedo, lector del libro vaquero y el último en integrarse a la contienda, de sus avances en la gubernatura norteña hasta la propuesta de amputar extremidades, no lució gran cosa.
Se vieron bien Denise Maerker y Sergio Sarmiento; muy justos y precisos a la hora de aplicar las reglas aprobadas, aunque a ratos parecía que el tiempo de las réplicas no era suficiente para escuchar más cosas interesantes.
Faltan otros dos debates y antes pueden suceder muchas cosas, ni duda cabe.
El de “Juntos Haremos Historia”, lució primero relajado, después incómodo y hasta sorprendido porque aparecieran en el debate cifras y datos de sus tiempos de jefe de gobierno capitalino, lo negativo de parte de su equipo, y su ya célebre propuesta de "amnistía". No agradó su abruta retirada.
Sin apasionamientos hay que reconocer que el que se inclinó por las propuestas y mostró preparación y congruencia, fue el candidato de “Juntos por México”, quien enfatizó en su pregonada intención de combatir la impunidad a todos los frentes. Pocos ataques a su persona.
La respetable dama, poco aportó al debate y aunque mostró inteligencia, pareció a ratos que estaba en campaña a favor de su esposo. El quinto en el ruedo, lector del libro vaquero y el último en integrarse a la contienda, de sus avances en la gubernatura norteña hasta la propuesta de amputar extremidades, no lució gran cosa.
Se vieron bien Denise Maerker y Sergio Sarmiento; muy justos y precisos a la hora de aplicar las reglas aprobadas, aunque a ratos parecía que el tiempo de las réplicas no era suficiente para escuchar más cosas interesantes.
Faltan otros dos debates y antes pueden suceder muchas cosas, ni duda cabe.
... Y ALGO MÁS
Las prohibiciones del Tribunal
Acatarán las órdenes, respetarán el dictamen del Tribunal Electoral del Estado de Campeche y trabajarán para dar certidumbre a los campechanos y a los partidos participantes. Vigilarán todo acto que conlleve el uso de recursos. En este sentido se pronunció el Instituto Electoral del Estado. Y no es poco el compromiso, atendiendo a que de los candidatos a presidentes municipales, dos se decantaron por la reelección.
Sobre el acuerdo del TEE que autorizó a los munícipes realizar campañas sin separarse de sus cargos, el árbitro electoral en primera instancia afirmó que: “No podrán realizar trabajos en horarios de oficina, realizar actos de trabajo promocionándose como candidatos, utilizar los vehículos oficiales del municipio para realizar actos de proselitismo, y mucho menos a los empleados de confianza para que formen parte de su equipo de trabajo, pues podrían ser sancionados severamente”. Nada que no esté contemplado por la ley.
Convendría precisar cuáles son los “horarios de oficina”, habida cuenta de que por su condición de funcionario electo y sus altas responsabilidades, difícilmente un presidente municipal puede constreñir su desempeño a ocho horas de trabajo diarias de lunes a viernes.
Al dejar a la libre decisión de los participantes la posibilidad de separarse del cargo o continuar desempeñándolo, no se requiere de demasiada imaginación para inferir cual será la respuesta de los funcionarios en cuestión.
Para precisar en qué momento los pretendidos repetidores se separarían de la delgada línea de lo que puede o no hacerse, no es muy probable que el IEEC cuente con los recursos materiales, el personal o el tiempo suficiente para monitorear una a una las actividades de cada candidato.
Hay que recordar que el mismo partido que postula a los dos únicos presidentes que harán campaña desde sus cargos, muy al estilo norteamericano, en fecha reciente puso el grito en el cielo por la asistencia de algunos funcionarios estatales a un acto de partido durante las primeras horas de la mañana.
Por otra parte, difícilmente un presidente dejará pasar la oportunidad de usar los programas sociales y la obra pública para hacer campaña. Condicionar su entrega a una militancia y un voto seguro, difícilmente sería desaprovechado. El artículo 134 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos podría parecer entonces letra muerta.
Otra cosa será la aplicación del Título Cuarto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la legislación local por lo que se refiere a la Responsabilidad de los Servidores Públicos. De eso tienen mucho que contar dos ex alcaldes que se “olvidaron” de sus quehaceres. ¡Al tiempo!.

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