viernes, 15 de junio de 2018

DE MUCHO, UN POCO/La poesía y los gastos del Senado

Enrique González Martínez, el poeta, editorialista y diplomático nacido en Guadalajara, Jalisco a mediados de abril de mil ochocientos setenta y uno, fallecido en la Ciudad de México la segunda mitad de febrero de mil novecientos cincuenta y considerado como uno de los "siete dioses mayores de la lírica mexicana", tiene entre sus mejores obras, tal vez la más conocida y declamada, “Cuando Sepas Hallar una Sonrisa”.
Los últimos cuartetos del poema dicen lo siguiente: “Sacudirá tu amor el polvo infecto/que macula el blancor de la azucena/bendecirás las márgenes de arena/y adorarás el vuelo del insecto. Besarás el garfio del espino/y el sedeño ropaje de las dalias/y quitarás piadoso tus sandalias/por no herir a las piedras del camino”.
Algo así, no exactamente, ha sido norma del autor de esta columna, traducido a buen romance.
Proactividad, intención positiva y la mayor generosidad en la difusión de lo bueno, y evitar en lo posible todo aquello que hiera, que lastime, que ofenda, a menos que esa actitud afecte a terceros, en particular si se trata de la sociedad en su conjunto, usted y yo.
Y es que aquí se trata de una impecable investigación realizada por la reportera de televisión Fátima Monterrosa para el noticiero En Punto, bajo la conducción de la seria y profesional periodista Denise Maerker.
La senadora petista con licencia ahora candidata morenista a la alcaldía de la delegación metropolitana Álvaro Obregón, paisana nuestra, realizó compras personales diversas y cobró facturas recabadas a nombre del Senado de la República por la cantidad de setecientos mil pesos durante el período dos mil dieciséis a dos mil diecisiete.
La cuestión es que, según datos proporcionados por el área administrativa de la máxima representación legislativa del país, lo facturado por la senadora comprende cosas tan superfluas como tinte para el cabello, desodorantes, pastas de dientes, maquillaje, joyería, ropa, muebles, víveres finos, bolsas, línea blanca, juguetes, y hasta la despensa. Todo ello adquirido en tiendas y supermercados de la capital y de la ciudad de Campeche -algo quedó aquí.
Y no se equivoca quien asegure que estos gastos son independientes del sueldo de senadora por doscientos veintitrés mil pesos, más el concepto extra de servicios generales en apoyo a sus labores legislativas por otros ciento cincuenta hasta doscientos treinta y dos mil más cada mes.
De acuerdo con la investigación de la reportera, el gasto incluyó una prenda especial de ropa de diseñadora que comprendió una mascada y un vestido con la cara de los cuarenta y tres estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, un saco y un rebozo que tuvieron un costo final conjunto de más de veintidós mil pesos. No es difícil adivinar que estas prendas se confeccionaron con dinero de un poder para golpear a otro.
Quizá el asunto no tuviera tanta trascendencia si no fuera porque se trata de una dama de carácter que siempre ha mostrado temperamento señalando con dedo acusatorio lo que considera injusto, haciendo además uso de la alta tribuna para denunciar lo que a su juicio parezca reñido con la honestidad.
Conociendo el fuerte temperamento de la senadora, su actitud incansable de "cazadora de mapaches" y contumaz localizadora de sitios clandestinos de espionaje, creemos que esta vez con humildad debe disculparse si su conducta no resulta adecuada. 
Ella afirma no haber incurrido en actos de corrupción, por tanto el problema es de quien sin justificarse revisó, autorizó y pagó los setecientos mil pesos que a cálculo simple, independientemente de sus elevados salarios y dietas, representa lo que un trabajador de salario mínimo puede recibir en veinticinco años de trabajo, es decir, toda una generación de mexicanos. 
Es probable que haya más casos como este que representen lo mismo dádiva injustificada que compra de silencio, lo importante es que la actual administración o la que sigue investiguen y aclaren lo sucedido.Lo que procede de inmediato es devolver el dinero que no se justifique y esperar los resultados, mientras la sociedad, a decir de Alejandro Moreno, “nota, anota y vota”… y en esas andamos. 

Los debates y los números 
Pareciera que los candidatos, sus coordinadores y sus seguidores, de pronto hubieran sido atrapados en una especie de juego de números en el cual la única regla consiste en ganar puntos, en el entendido de que el numéricamente más adelantado resultaría el triunfador.
Y así es, porque desde el primero hasta el último de los tres debates, existe un terco afán por declararse “ganador”, como si la numeralia fuera algo diferente a un retrato instantáneo de la posición de cada candidato en un momento determinado.
Un contendiente en especial, sobrado de experiencia y hábil político, ha sabido capitalizar el hartazgo ciudadano y logrado cooptar a un sector particularmente agresivo y con  manejo beligerante de las redes sociales. Por ese conducto vende una imagen de salvador de la patria capaz de resolver los más graves problemas nacionales con el toque de su mano. Si así fuera, a Andrés Manuel López Obrador solamente faltaría colocarle la banda presidencial.
Si hacemos a un lado esa idea y nos concretamos a suponer que de lo que se trata es de acreditar cuál es el más preparado para llevar el timón del país y conducirlo a una nueva ruta de progreso y bienestar, diríamos que ese es ni más ni menos que José Antonio Meade, quien en cada debate demostró ser el que mejor conoce la problemática nacional, sobre todo lo relacionado con crecimiento y desarrollo, tema del último de los tres encuentros.
Los acontecimientos relacionados con su actuar políticoy personal antes de ser candidato, entre ellos la manera en que alcanzó la candidatura, al parecer le están pasando la factura y lo han apartado un poco de la contienda a pesar de que meses atrás se le percibía como un candidato con posibilidades reales. Ricardo Anaya Cortés ya está ubicado en un claro y definitivo tercer lugar.
Ahora bien, en este momento de lo que se trata es de captar el interés del elector indiferente, del votante indeciso que, nada extraño, reserva hasta el último momento el destino de su sufragio útil, y que con un veinticinco o treinta por ciento del universo de noventa millones de electores, en un momento puede definir el rumbo de la contienda.
De acuerdo con los últimos números y por la percepción que se tiene a doce días de la encuesta definitiva y definitoria del primer domingo de julio, Pepe Meade se encuentra en la pelea en un cómodo segundo lugar, reiterando que no se trata de una carrera ni de un concurso y serán los electores quienes digan la última palabra. 

… Y ALGO MÁS

La deuda pública y su manejo 
No lo dice algún panegirista, tampoco la prensa a la que comúnmente se le llama “oficial”, nada de eso, se refiere a ello el Sistema de Alertas de las Entidades Federativas, instancia encargada de evaluar el nivel de endeudamiento de los entes públicos locales -gobiernos estatales entre ellos-, con financiamientos contratados y obligaciones, inscritos en el Registro Público Único.
Esta clasificación comprende los compromisos  cuya fuente de garantía de pago se basa en los ingresos de libre disposición. El estado de Campeche, de acuerdo con el organismo, mantiene una deuda sostenible, de las consideradas como de rango bajo, que lo coloca entre los de más bajos indicadores de alerta. 
Baja California, Chihuahua, Michoacán, Nuevo León, Quintana Roo, Sonora y Veracruz muestran un nivel de endeudamiento en Observación y, en especial, Coahuila, que presenta un nivel de rango elevado.
Lo importante de todo esto es que los pasivos del gobierno estatal, sobre todo los destinados a mejorar la infraestructura urbana, carretera y de vialidades, se ejercen bajo un estricto control, lo que representa que antes y ahora y en completa transparencia, Campeche camina presuroso y con paso firme al encuentro de su futuro.


 


 

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