Sucedió en la “Madre Patria” una lejana primavera, justo al momento en el que en familia nos trasladábamos desde el céntrico barrio de Salamanca hasta el conocido aeropuerto de Barajas, para abordar un vuelo de interconexión a la ciudad de París. Lo contamos en una historia publicada en una columna de principios del año anterior.
El
amable taxista, “chófer -así, con acento- gato”, como suelen llamar a los
operadores de vehículos de alquiler los madrileños, durante todo el largo
recorrido se dedicó a hablar linduras de su país y de su gente, incluida su
realeza. “Aunque sirven para poca cosa esos tíos, forman parte de nuestra historia
y acercan al turismo que nos da de comer a todos”, diría el “chófer”.
"Ustedes -comentó socarrón-, no se me hacen “mejicanos”. Y de inmediato, respondiéndose a
sí mismo, agregó, “es que los mejicanos son los únicos turistas que hablan mal
de su país y de su gobierno, y vosotros no lo hacéis”. “Y lo digo yo, que he
servido a lo largo de catorce años, desde que llegué de Marruecos, lo mismo a
argentinos que a colombianos y a muchos de sus paisanos”.
“Mi
abuelo musulmán, siempre repetía que los árabes que son tan buenos
comerciantes, cuando quieren vender su camello, lo primero que hacen es hablar
bien de su camello”, añadió el chófer sin más comentarios.
Revivimos
la anécdota para resaltar lo poco generosos que solemos ser los campechanos con
nuestro terruño, con nuestras autoridades, y con nuestra misma gente. Hablar
mal cuantas veces se pueda y con quien escuche, sin importar el daño que
se hace al estado, pareciera un deporte generalizado.
Síndrome Contreras, habría de calificarse científicamente ese impulso que mueve a pensar que si
se construye una carretera o una avenida, siempre será mejor una escuela o
un hospital. Si se programan un hospital o una escuela, sería preferible
atender las calles o las carreteras. Si el gobierno
construye, es dispendioso. Si no lo hace, es corrupto. Si el gobernador
defiende su posición política, es un mal perdedor. Si tiende
puentes de comunicación, es un “arrastrado”. Así y hasta el infinito, lo importante
es hablar mal del “camello” campechano.
Sirva
la introducción graciosamente irónica para hacer mención de la primera reunión
que la Conferencia Nacional de Gobernadores sostuvo con el virtual próximo
presidente. Ahí, los mandatarios estatales asistentes decidieron hacer patente su
respaldo a Andrés Manuel López Obrador, y le hicieron saber su decisión de
trabajar en equipo. También, propusieron sostener un diálogo constante y estrechar
la relación con el próximo gobierno federal.
Altamente productivo, totalmente respetuoso
y en un ambiente de fraternidad, de ese modo calificó el próximo primer
mandatario el encuentro, al que resumió en unas cuantas palabras: “Fue una muy buena reunión porque han actuado
con mucha responsabilidad política, dándonos la confianza y expresando que
trabajarán de manera coordinada con el gobierno”. Con sus homólogos de todo el país estuvo presente, como en cada ocasión que es convocado, el gobernador de todos los campechanos, Alejandro Moreno Cárdenas. El mandatario local dio muestras de absoluta civilidad, manifestando que es momento de dar vuelta a la página de las campañas políticas y aprestarse a trabajar hombro con hombro con López Obrador en favor de los campechanos y del progreso de Campeche.
Si
alguien piensa otra cosa, si alguien desea algún mal a la actual administración
estatal y a las restantes, y ansía que se dé un rompimiento que incida negativamente en la buena relación
que ha existido entre los gobiernos de los estados y el de la república,
estaría apostando a que se afecte sustantivamente el pacto federal y que con la
merma de los apoyos le vaya mal a quienes habitamos cada rincón del territorio
nacional.
Ojalá
se entienda, y finalmente se apoye a las autoridades locales en sus próximas gestiones
cuando inicie el nuevo sexenio que por lo peculiar será un parteaguas en la
historia reciente de Campeche y de todo México. Es hora de desear que a López
Obrador y a su administración le vaya bien. Que Moreno Cárdenas y su gobierno
concreten más recursos que nunca para invertir en el estado. Al fin de cuentas,
todos, campechanos y mexicanos, vamos en la misma barca y lo menos que podemos
desear es que sus timoneles nos lleven a buen puerto.
Las elecciones quedaron
atrás, muy atrás
Conjurada
en cierta forma la nada casual y menos aún espontánea oleada de inconformidades
después de transcurridas las campañas electorales, las autoridades revisoras y jurisdiccionales
se han puesto a trabajar para resolver las controversias emanadas del proceso.
Bien
analizado, independientemente de lo que las siguientes
instancias decidan, se podría asegurar que el resultado fue bastante equilibrado
para las fuerzas políticas, sobre todo porque una vez más, la prudencia y el
deseo de vivir en paz de los campechanos, se impuso a la actitud de quienes apostaban al
desorden.
… Y ALGO MÁS
El turismo, noble actividad y
además, remuneradora
En
una columna anterior a la que nombramos El turismo, actividad noble y
remuneradora, hicimos una reseña de lo que la actividad ha tenido como cambios
a través de la historia, desde que el primer ser humano, por supuesto pudiente,
efectuó un viaje por el mundo como parte de sus estudios.
Fue
en la última década del siglo dieciocho cuando se generalizaron los viajes
entre América y Europa, utilizando para tal fin enormes barcos de pasajeros propiedad de diversas
navieras, principalmente inglesas. Hay que recordar el tristemente célebre
Titánic, hundido en el Atlántico durante su primera travesía.
Fue
por ese tiempo cuando en plena revolución industrial, los diarios, en especial
los europeos, empezaron a llamarle a la industria la “sin chimeneas”, en
alusión a que teóricamente no emana gases y no contamina. No existen registros
de que alguna persona en particular fuera el autor, pero por su utilización en muchas partes a la vez, se considera como de esos dichos
llamados “del dominio público”.
En
la actualidad, ya están acostumbrados los campechanos a ver en los museos, en las
plazas y en las calles, cientos de personas de diferentes edades, muchos
mexicanos y otros más con clara apariencia de extranjeros.
En parejas, solitarios o en grupos, se mueven entre la gente local y caminan confiados, enterados del ambiente de paz que se respira en nuestro territorio, confirmado por las diversas alertas a viajeros que emiten sus propias autoridades.
En parejas, solitarios o en grupos, se mueven entre la gente local y caminan confiados, enterados del ambiente de paz que se respira en nuestro territorio, confirmado por las diversas alertas a viajeros que emiten sus propias autoridades.
No
es cosa pequeña que sesenta y cinco mil turistas se mueven en todo el estado, de
ellos, aproximadamente veinte mil buscan la ciudad capital. Saber que dejarán una gran derrama económica en el
periodo vacacional de verano, el más largo de todo el año, no deja de ser satisfactorio.
Bueno
es saber también que en el período vacacional que inició el catorce de este mes de julio
y concluirá el diecinueve del próximo agosto, los hoteleros y restauranteros se
verán beneficiados con sesenta y cinco millones de pesos, en
atención a que cada turista gasta en promedio entre mil doscientos y mil
setecientos pesos por día.
Buen
futuro tiene enfrente la industria local del ramo, y es cosa de imaginar lo que
ocurrirá cuando nuevas obras se sumen a los ya existentes, entre otras, el
puente de Carmen, la carretera costera de ingreso a la ciudad, el
distribuidor vial y, muy especialmente, la ampliación del malecón y el ampliado espacio de Moch Couoh, con bellos atractivos que incluyen las fuentes danzarinas.
Nuevos vientos habrán de soplar cuando empiecen a arribar al
puerto campechano las líneas de cruceros que traerán por cientos a una
nueva clase de turismo, la de altos ingresos, que será la encargada de difundir por el mundo a partir del próximo año, la moderna versión del vocablo que hizo famoso a Campeche
en el pasado. Orgullosos de seguir propagando por todo el planeta el sentido de la palabra “campechano”.

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