Diplomacia
proviene del francés diplomatie, que se
deriva del término greco latino diploma, compuesto a su vez por el prefijo diplo (doblado en dos), y el sufijo ma (objeto). Originalmente, especie de carta con la que una
autoridad recomendaba u otorgaba un permiso o un privilegio para desempeñarse
en una jurisdicción diferente a la suya.
La
carta se entregaba doblada, firmada, sellada y lacrada para preservar la privacidad
entre remitente y destinatario. En esencia, otorgaba ciertos poderes a funcionarios
que se dirigían a otro país, provincia o imperio. El portador era por eso, un
diplomático.
La
diplomacia, al principio una actividad orientada a representar y velar por los
intereses de un estado con relación a otro o algún organismo internacional,
llegó a convertirse en especie de privilegio para el poseedor. La versatilidad
de las funciones desempeñadas por los embajadores, incluía el apaciguamiento y
la minimización de conflictos entre estados soberanos.
Nadie
puede negar el uso de la diplomacia en conflictos bélicos de gran envergadura.
La Primera Guerra Mundial terminó el once de noviembre de mi novecientos
dieciocho por la vía diplomática, con la firma del célebre “Armisticio de
Compiègne” entre los aliados reforzados por Estados Unidos y unos alemanes destrozados
y desmoralizados. Así se puso fin a la más
cruel y sangrienta conflagración que registra la historia.
Veintisiete años después, con Alemania de
nuevo hecha pedazos y una Italia sin líder y sin rumbo, un Japón destrozado por
la letal fuerza nuclear, aceptó su rendición y las condiciones impuestas por
los aliados. El dos de septiembre de mil novecientos cuarenta y cinco, el emperador
firmaba la rendición a bordo del buque estadounidense USS Missouri para "oficializar" el
fin de la Segunda de las guerras totales.
La diplomacia ya no se limita a los
asuntos internacionales y a las relaciones entre estados soberanos. Está
presente en la vida diaria, en la administración del gobierno y en la relación
entre estado y sociedad; entre estado y partidos políticos; y entre éstos y los
ciudadanos.
El intelectual y muy respetado escritor
francés del siglo diecinueve, André Maurois, afirma en sus obras que ser
diplomático se entiende como un estilo de conducta, y que la diplomacia, “es el arte de exponer la hostilidad con
cortesía, la indiferencia con interés y la amistad con prudencia”.
La relevante acción de la diplomacia está
presente en la buena marcha de la acción de los gobiernos de cualquier nación o
estado. Bien aplicada, sirve para evaluar y calcular riesgos y consecuencias antes
de hablar, y más, de actuar. Usándola con prudencia y ecuanimidad, puede moderar,
calmar, y hasta ayudar a construir relaciones “tejiendo fino” en el telar de la
sociedad.
Estos son tiempos propicios para su
ejercicio. La vuelta al carro completo y el presidencialismo casi sin contrapesos,
plantea nuevos y serios retos frente a una administración que puede con “su” mayoría
legislativa lo mismo fortalecer que cerrar el paso a los gobiernos estatales,
por más que existan procedimientos para la asignación de los recursos.
A partir de ahora, la prensa, la
televisión, la radio y los medios no convencionales, cada mañana tomarán el
pulso a la economía a través de las declaraciones del nuevo presidente que
deberá hacer uso constante y permanente de la diplomacia, sabedor de que una
declaración inconveniente, un paso en falso, podría afectar los mercados,
desplomar el peso y provocar una reacción en los ámbitos internacionales que
ponga al país en un serio predicamento.
Esperemos
que lo anterior nunca suceda. Que todas las expresiones políticas,
independientemente de su ideología, entiendan que si bien el nuevo gobierno
llegó al poder con la mitad de los sufragios emitidos, los votos de los demás
partidos juntos, representan la otra mitad de los ciudadanos y por tanto, están
obligados a actuar como oposición responsable, como contrapeso justo, y con la
mayor lealtad a la nación y a sus principios.
Apoyar
en lo que beneficie a la mayoría de los mexicanos, aportar sus ideas en la
creación o modificación de leyes que sean de avanzada, y oponerse razonada,
razonable y respetuosamente a todo aquello que vaya en su perjuicio. Con
diplomacia, con prudencia, sin caprichos y con la mayor altitud de miras.
México lo espera y lo merece.
Una sucesión en la que hubo
de todo
No
puede concentrarse en unas cuantas líneas, tampoco limitarse a una pequeña
síntesis lo ocurrido el pasado sábado primero del último mes del año en la
Capital del país con la toma de posesión del presidente número cincuenta y siete
del México eterno, y el mayor desde principios del siglo anterior.
Con
diferentes estilos y enfoques se dio cuenta de un acontecimiento original, y no
era para menos: por primera vez en la historia arribaba al poder un presidente
de izquierda, y por primera vez también, tras dos intentos fallidos.
Un
discurso inicial en el que lo mismo desgranó elogios al saliente por su
decisión de no interferir en la elección, que criticó acremente sus reformas.
En
otra colaboración habremos de referirnos a cosas que se dieron, como el
reconocimiento al priismo de otra época -a la que el nuevo presidente
perteneció-, anterior a la llegada de los tecnócratas neoliberales que
diseñaron un modelo económico al que el presidente no dudó en llamarle desastre
y calamidad. Hay mucho que decir, y lo haremos.
… Y ALGO MÁS
Las gestiones del gobernador
no cesan
Desde
días antes del inicio de la nueva administración federal y como si nada hubiera
cambiado, el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas aceleró el paso y con el
mismo ánimo continuó la búsqueda de más recursos para el desarrollo de Campeche.
El
jefe del ejecutivo local visitó a los diputados de su partido y de los demás
partidos, sostuvo reuniones con los ahora secretarios de Hacienda y de Energía,
y presentó proyectos de inversión en el sector energético, el turístico y el
portuario.
Para
nadie es ajena su capacidad de gestión, su tenacidad y su facilidad para hacer alianzas
y establecer compromisos que se traduzcan en beneficios para el estado. De
alguna manera ha recibido respuesta en el sentido de que el próximo presupuesto
nos tiene reservadas cosas buenas.
En
tanto el gobernador viaja a la Capital y a otras entidades, hace recorridos por
el estado, la región y más allá, Campeche queda en buenas manos, las del
responsable de la política interior. Con Carlos Miguel Aysa, el estado marcha
bien y en paz.
Títulos, señales, y meterla
doblada
Fue
muy fugaz su actuación. Duró solamente un mes como secretario de Educación
Pública. Su apellido Alzati se prestó para que el ingenio popular lo festinara
y lo convirtiera en Falzati.
Se
adjudicó el título de doctor sin contar con el documento que Harvard le expidió
después, ya demasiado tarde. Antes, una defensa mal planteada le costó el cargo
de Director General del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Otro
personaje muy conocido -Roque- se hizo famoso y se le reconoce por aquella
desafortunada señal exhibida ante fotógrafos de prensa y camarógrafos de
televisión el siete de marzo de mil novecientos noventa y cinco, conocida
popularmente como la “Roqueseñal”.
La
sugestiva pose lo mostraba con los puños cerrados, seguido de un movimiento
rápido de los brazos hacia su cuerpo. La señal tal vez no hubiera tenido tanta
connotación a no ser porque con ella celebraba el aumento del cincuenta por
ciento al Impuesto al Valor Agregado.
Un
nuevo caso, sin las implicaciones de los anteriores por la gran apertura que
existe en la sociedad. El futuro director del Fondo de Cultura Económica, un
conocido y reconocido intelectual, escritor y columnista, frente a la decisión
de abatir las barreras que lo separan del cargo por no ser mexicano, afirmó
campantemente que “la metió doblada”.
Tiempos
modernos hacen suponer que de ninguna manera tendrá las repercusiones de los
anteriores, principalmente la fálica acepción de la “Roqueseñal” y lo que en su
momento representó para la economía de los mexicanos que no la vieron venir,
aunque sí la sintieron llegar.

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