lunes, 17 de diciembre de 2018

DE MUCHO, UN POCO/La reforma que viene


La OCDE estima que el salario en México es el menor entre sus miembros, y los de su clase media son más bajos que los de Argentina, Brasil y Chile. En la iniciativa privada, directivos y ejecutivos de segundo y tercer nivel tienen un rango que va de los trece mil a los sesenta y cinco mil pesos mensuales. De ciento cincuenta mil a ochocientos mil pesos al año. 
La alta burocracia en cambio, supera trece veces el ingreso por habitante. Los funcionarios cercanos a los secretarios de estado, ministros y subalternos inmediatos, perciben más de dos millones de pesos anuales. Injusto en un país donde la mitad de la población vive en la pobreza. 
El ingreso promedio en la formalidad es de más o menos doscientos noventa pesos al día. Sumando comisiones, bonos y prestaciones, acumula alrededor de ciento diez mil pesos cada período anual. La burocracia mayor equivale a veinte veces ese promedio. 
El sexenio 1982-1988 marcó el inicio del modelo económico conocido como “neoliberalismo”, el de la fuerte crítica del nuevo mandatario. Reprivatización de la banca, altos índices inflacionarios, hasta aquel Pacto de Solidaridad Económica que desaceleró un poco la devaluación desorbitada y la inflación desatada. 
Como parte del pacto, se frenó el incremento del salario mínimo y se contuvo el aumento de los precios; sin embargo; dieron inicio los desagradables “gasolinazos” y creció notablemente el salario de la alta burocracia, con el romántico propósito de frenar la corrupción. Eran tiempos de la “Renovación Moral de la Sociedad”. 
Los puestos de la jerarquía gubernamental fueron escalando, un poco por el natural crecimiento de la actividad, y otro por el acomodo de los grupos afines a los presidentes en turno, sobre todo a partir de la primera alternancia. Los salarios, por supuesto en crecida, hasta producir un muy alto gasto corriente, con niveles que superaron ampliamente algunos del primer mundo. 
De ahí que, la decisión del nuevo gobierno federal de ajustar los altos ingresos de la burocracia dorada, está levantando tal revuelo que en algunos casos se trata de revestir de un cariz de invasión a la soberanía de un poder constituido, el Judicial. 
El asunto se resume y se sustenta en un conflicto de leyes en espacio y tiempo que amerita una controversia constitucional, que como se sabe, es un juicio que se ventila en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Como máximo tribunal y supuesto agraviado, la SCJN está impedida para promoverlo y conocerlo, porque se ubicaría en el doble papel de juez y parte. 
Ante la disyuntiva, fracciones minoritarias de las cámaras legislativas federales unieron esfuerzos con los ministros inconformes y, debidamente asesorados por ellos, interpusieron el juicio constitucional citado, al que recayó una suspensión temporal y la conservación del estado actual de cosas. En consecuencia, se sigue hasta ahora con las mismas ventajas presupuestales. 
Difícil de creer que habrá un enfrentamiento con visos de colisión entre poderes federales, y se puede asegurar que en el poco tiempo que queda para el fin del año, todo será planes, festejos y buenos deseos mutuos. Sin embargo, podemos atisbar lo que ocurrirá a partir de enero. 
Se sabe que la bancada mayoritaria en el Senado tiene un proyecto de reforma que iría en el sentido de modificar la Constitución para cambiar el esquema actual y crear un Tribunal Constitucional que integraría como salas el Electoral, el Agrario, tal vez el de lo Contencioso Administrativo y, presumiblemente, la Junta federal de Conciliación y Arbitraje. 
Excluyendo al judicial, los otros dos poderes no ofrecen mayores problemas para esa y la otra planeada Ley, la Federal de Remuneraciones con su pretendida reducción salarial. Diga usted si no, si la totalidad de los funcionarios del ejecutivo federal firman en la misma nómina que el presidente, mientras que los legisladores leales tienen mayoría calificada en ambas cámaras. 
Si se requiriera, gran parte, si no es que todos los gobernadores cuya asociación conduce atinadamente Alejandro Moreno Cárdenas, igual las legislaturas estatales, simpatizarían con cualquier reforma que tienda a la austeridad. Aquí se hace desde el principio del sexenio, y por tanto, Campeche -pienso-, no tendría inconveniente en sumarse para una potencial reforma a la Constitución General de la República que se oriente a cuidar el dinero de todos los mexicanos.

Prematuro o no, pero está en el camino
Lo escribimos en un artículo del año anterior: Alejandro Moreno Cárdenas, el gobernador de todos los campechanos -priistas o no-, es hoy por hoy, el mejor posicionado entre los mandatarios estatales, y una voz fuerte y respetada en el contexto nacional. El hecho de que sus homólogos de todo el país, sin distingo de partidos lo hayan elegido como presidente de la Conferencia Nacional de los Gobernadores, habla por sí solo.
Sus pares le confían, el presidente de la república lo reconoce y hasta podría decirse que lo aprecia. Lo prueban sus gestos, sus sonrisas, sus ademanes, y la manera tan atenta como lo escucha cuando habla a nombre de sus representados. Esto dice mucho, más de lo que sus malquerientes pudieran expresar por algún sentimiento negativo. Lo hacen cada vez más contadas gentes, lamentablemente, algunas de su mismo partido, mientras que los del partido en el gobierno lo respetan, igual que el primer “morenista”.
No lo dicen los mal calificados “jilgueros oficiales”, no lo decimos quienes apreciamos de verdad nuestros valores. Lo dice Consulta Mitofsky, tal vez la más seria y confiable encuestadora nacional: “A solo dos semanas de haber asumido la presidencia de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), el mandatario estatal de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas aparece entre las figuras políticas del país, con posibilidades de ser candidato a la Presidencia de la República para 2024”.
“Alejandro Moreno Cárdenas destaca, gracias al trabajo realizado apenas en el inicio de su encomienda como titular de la Conago, que en su primeros encuentros con el Presidente Andrés Manuel López Obrador, ha entregado buenas cuentas, tanto para sus homólogos, como para el gobierno federal, mediando en posiciones encontradas de ambos bandos”.
“Sin olvidar que el gobernador campechano ha sido calificado por distintos bufetes, que lo han colocado como uno de los mejores gobernadores del país, gracias a su desempeño en los renglones de seguridad, educación y recuperación de la actividad económica local que sufrió un duro golpe al inicio de su mandato (2015), con la caída de los precios internacionales del petróleo”.
No lo decimos nosotros, claro está, lo dice Mitofsky, y esa es una realidad al alcance de la mano.

… Y ALGO MÁS

Andrés Manuel López Obrador regresó a Campeche
Vino una vez más, la tercera o cuarta desde que es presidente, y eso que sólo han transcurrido un poco más de dos semanas desde aquel histórico cuanto original acto de toma de posesión, y de haberse ajustado al pecho la respetada banda presidencial.
Con igual sencillez y discreción, con el mismo ánimo de trabajar por el bienestar y el progreso de los mexicanos en general y los campechanos en particular, y traernos en cada visita, más y mejores noticias como la de que la paraestatal Petróleos mexicanos con sus instalaciones, dependencias y personal pronto serán imagen común en las calles y avenidas carmelitas.
Igual que, tan pronto como este mismo mes, el Tren Maya pasará de ser proyecto a una obra tangible, contable y medible que desde el primer día, el del beneplácito de los pobladores autóctonos, empezará a desparramar empleos y recursos frescos para el desarrollo de ocho de nuestros once municipios.
En la campaña nos dimos hasta con la cubeta”, diría muy acertadamente el gobernador Moreno Cárdenas, y es verdad que los comentarios fuertes vinieron de ambos bandos, al fin y al cabo esa es la estrategia más usada, mejor que cualquiera otra para los fines de una contienda electoral, que no son otros que tratar de conseguir el mayor número de aliados y sufragios.
Hoy, aunque resulte un comentario trillado, tenemos que repetir que Alejandro Moreno, hasta el último día del mandato de Enrique Peña Nieto como presidente, no dejó de llamarlo el mejor aliado y el gran amigo de Campeche. Así las cosas, no tardará en empezar a nombrar a Andrés Manuel López Obrador el gran impulsor de una nueva época de desarrollo y bienestar para el estado, y nosotros, con gusto le agregaremos: “el hermano mayor de los campechanos”.

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