La
OCDE estima que el salario en México es el menor entre sus miembros, y los de
su clase media son más bajos que los de Argentina, Brasil y Chile. En la
iniciativa privada, directivos y ejecutivos de segundo y tercer nivel tienen un
rango que va de los trece mil a los sesenta y cinco mil pesos mensuales. De ciento cincuenta mil a ochocientos mil
pesos al año.
La
alta burocracia en cambio, supera trece veces el ingreso por habitante. Los funcionarios cercanos a los secretarios
de estado, ministros y subalternos inmediatos, perciben más de dos millones de
pesos anuales. Injusto en un país donde la mitad de la población vive en la
pobreza.
El
ingreso promedio en la formalidad es de más o menos doscientos noventa pesos al
día. Sumando comisiones, bonos y prestaciones, acumula alrededor de ciento diez
mil pesos cada período anual. La
burocracia mayor equivale a veinte veces ese promedio.
El
sexenio 1982-1988 marcó el inicio del modelo económico conocido como “neoliberalismo”,
el de la fuerte crítica del nuevo mandatario. Reprivatización de la banca,
altos índices inflacionarios, hasta aquel Pacto de Solidaridad Económica que desaceleró
un poco la devaluación desorbitada y la inflación desatada.
Como
parte del pacto, se frenó el incremento del salario mínimo y se contuvo el
aumento de los precios; sin embargo; dieron inicio los desagradables
“gasolinazos” y creció notablemente el salario de la alta burocracia, con el
romántico propósito de frenar la corrupción. Eran tiempos de la “Renovación
Moral de la Sociedad”.
Los
puestos de la jerarquía gubernamental fueron escalando, un poco por el natural
crecimiento de la actividad, y otro por el acomodo de los grupos afines a los
presidentes en turno, sobre todo a partir de la primera alternancia. Los
salarios, por supuesto en crecida, hasta producir un muy alto gasto corriente,
con niveles que superaron ampliamente algunos del primer mundo.
De
ahí que, la decisión del nuevo gobierno federal de ajustar los altos ingresos
de la burocracia dorada, está levantando tal revuelo que en algunos casos se trata
de revestir de un cariz de invasión a la soberanía de un poder constituido, el
Judicial.
El
asunto se resume y se sustenta en un conflicto de leyes en espacio y tiempo que
amerita una controversia constitucional, que como se sabe, es un juicio que se
ventila en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Como máximo tribunal y
supuesto agraviado, la SCJN está impedida para promoverlo y conocerlo, porque
se ubicaría en el doble papel de juez y parte.
Ante
la disyuntiva, fracciones minoritarias de las cámaras legislativas federales
unieron esfuerzos con los ministros inconformes y, debidamente asesorados por ellos,
interpusieron el juicio constitucional citado, al que recayó una suspensión
temporal y la conservación del estado actual de cosas. En consecuencia, se
sigue hasta ahora con las mismas ventajas presupuestales.
Difícil
de creer que habrá un enfrentamiento con visos de colisión entre poderes
federales, y se puede asegurar que en el poco tiempo que queda para el fin del
año, todo será planes, festejos y buenos deseos mutuos. Sin embargo, podemos
atisbar lo que ocurrirá a partir de enero.
Se
sabe que la bancada mayoritaria en el Senado tiene un proyecto de reforma que
iría en el sentido de modificar la Constitución para cambiar el esquema actual y
crear un Tribunal Constitucional que integraría como salas el Electoral, el
Agrario, tal vez el de lo Contencioso Administrativo y, presumiblemente, la
Junta federal de Conciliación y Arbitraje.
Excluyendo
al judicial, los otros dos poderes no ofrecen mayores problemas para esa y la otra
planeada Ley, la Federal de Remuneraciones con su pretendida reducción salarial.
Diga usted si no, si la totalidad de los funcionarios del ejecutivo federal
firman en la misma nómina que el presidente, mientras que los legisladores
leales tienen mayoría calificada en ambas cámaras.
Si
se requiriera, gran parte, si no es que todos los gobernadores cuya asociación
conduce atinadamente Alejandro Moreno Cárdenas, igual las legislaturas
estatales, simpatizarían con cualquier reforma que tienda a la austeridad. Aquí
se hace desde el principio del sexenio, y por tanto, Campeche -pienso-, no
tendría inconveniente en sumarse para una potencial reforma a la Constitución
General de la República que se oriente a cuidar el dinero de todos los
mexicanos.
Prematuro o no, pero está en
el camino
Lo
escribimos en un artículo del año anterior: Alejandro Moreno Cárdenas, el
gobernador de todos los campechanos -priistas o no-, es hoy por hoy, el mejor
posicionado entre los mandatarios estatales, y una voz fuerte y respetada en el
contexto nacional. El hecho de que sus homólogos de todo el país, sin distingo
de partidos lo hayan elegido como presidente de la Conferencia Nacional de los
Gobernadores, habla por sí solo.
Sus
pares le confían, el presidente de la república lo reconoce y hasta podría
decirse que lo aprecia. Lo prueban sus gestos, sus sonrisas, sus ademanes, y la
manera tan atenta como lo escucha cuando habla a nombre de sus representados.
Esto dice mucho, más de lo que sus malquerientes pudieran expresar por algún
sentimiento negativo. Lo hacen cada vez más contadas gentes, lamentablemente, algunas
de su mismo partido, mientras que los del partido en el gobierno lo respetan, igual
que el primer “morenista”.
No
lo dicen los mal calificados “jilgueros oficiales”, no lo decimos quienes
apreciamos de verdad nuestros valores. Lo dice Consulta Mitofsky, tal vez la
más seria y confiable encuestadora nacional: “A solo dos semanas de haber asumido la presidencia de la Conferencia
Nacional de Gobernadores (Conago), el mandatario estatal de Campeche, Alejandro
Moreno Cárdenas aparece entre las figuras políticas del país, con posibilidades
de ser candidato a la Presidencia de la República para 2024”.
“Alejandro Moreno Cárdenas
destaca, gracias al trabajo realizado apenas en el inicio de su encomienda como
titular de la Conago, que en su primeros encuentros con el Presidente Andrés Manuel
López Obrador, ha entregado buenas cuentas, tanto para sus homólogos, como para
el gobierno federal, mediando en posiciones encontradas de ambos bandos”.
“Sin olvidar que el
gobernador campechano ha sido calificado por distintos bufetes, que lo han colocado
como uno de los mejores gobernadores del país, gracias a su desempeño en los
renglones de seguridad, educación y recuperación de la actividad económica
local que sufrió un duro golpe al inicio de su mandato (2015), con la caída de
los precios internacionales del petróleo”.
No
lo decimos nosotros, claro está, lo dice Mitofsky, y esa es una realidad al
alcance de la mano.
… Y ALGO MÁS
Andrés Manuel López Obrador
regresó a Campeche
Vino
una vez más, la tercera o cuarta desde que es presidente, y eso que sólo han
transcurrido un poco más de dos semanas desde aquel histórico cuanto original
acto de toma de posesión, y de haberse ajustado al pecho la respetada banda presidencial.
Con
igual sencillez y discreción, con el mismo ánimo de trabajar por el bienestar y
el progreso de los mexicanos en general y los campechanos en particular, y
traernos en cada visita, más y mejores noticias como la de que la paraestatal
Petróleos mexicanos con sus instalaciones, dependencias y personal pronto serán
imagen común en las calles y avenidas carmelitas.
Igual
que, tan pronto como este mismo mes, el Tren Maya pasará de ser proyecto a una
obra tangible, contable y medible que desde el primer día, el del beneplácito
de los pobladores autóctonos, empezará a desparramar empleos y recursos frescos
para el desarrollo de ocho de nuestros once municipios.
“En la campaña nos dimos hasta con la cubeta”,
diría muy acertadamente el gobernador Moreno Cárdenas, y es verdad que los
comentarios fuertes vinieron de ambos bandos, al fin y al cabo esa es la estrategia
más usada, mejor que cualquiera otra para los fines de una contienda electoral,
que no son otros que tratar de conseguir el mayor número de aliados y sufragios.
Hoy,
aunque resulte un comentario trillado, tenemos que repetir que Alejandro Moreno,
hasta el último día del mandato de Enrique Peña Nieto como presidente, no dejó
de llamarlo el mejor aliado y el gran amigo de Campeche. Así las cosas, no
tardará en empezar a nombrar a Andrés Manuel López Obrador el gran impulsor de
una nueva época de desarrollo y bienestar para el estado, y nosotros, con gusto
le agregaremos: “el hermano mayor de los campechanos”.

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