Está
en el diccionario, aunque poca gente se ocupa de investigarla. Huachicol, también
conocida como guachicol, es la palabra con la que se conoce una bebida
alcohólica adulterada. Por extensión, se usa también para calificar un
combustible robado o adulterado. Quienes se dedican a la ilícita actividad de
robar o adulterar son conocidos como huachicoleros.
Se
originó entre los “huachiles”, “guaches” o “huaches”, de la familia de los
huicholes. Se les conocía como "los colorados" por la forma en que pintaban
sus cuerpos. Eran considerados sucios, aguerridos y fanáticos. Por alguna
razón, en la península de Yucatán se identificaba de ese modo, “huach”, a la
gente “del interior”.
La
preparación del guachicol para consumo humano, con variados ingredientes y un
proceso artesanal de destilación sin las medidas de seguridad necesarias, genera
alcohol metílico, producto altamente tóxico que según la Organización Mundial
de la Salud, su ingesta provoca cefaleas, temblores, ceguera, y hasta la muerte.
En
los combustibles, el guachicol es la adulteración de las gasolinas mediante la
dilución de diferentes sustancias químicas para mayor volumen y rendimiento y,
por supuesto, más beneficios para el vendedor, causando daños a veces irreparables a
los automotores.
La
otra vertiente del guachicol, consiste en la “ordeña” de los ramales de los
ductos de conducción de los refinados, actividad que involucra lo mismo a gente
con ternos de Ermenegildo Zegna que con suéteres de Chiconcuac, éstos usados como parapeto y carne de cañón.
Décadas
de expoliación han producido beneficios hasta por sesenta mil millones de pesos
anuales, a través del robo y la adulteración. El peso del daño ocasionado al
interior de Pemex equivale a algo así como mil pipas de combustible al día, lo
que en gran medida explica el porqué de la situación ruinosa de la paraestatal.
El
presidente Andrés Manuel López Obrador ha pegado un manotazo formidable; un golpe severo
al centro neurálgico de la quizá más grave corrupción de que se tenga memoria.
Sorpresivo, aunque se explica la manera de actuar sin previo aviso.
Hay
quienes afirman que debió ser una acción planeada y concertada que involucrara
a los gobernadores, al sector empresarial y a otros organismos. No faltan
quienes sostienen que hubiera sido un error quitarle el factor sorpresa; que
mejor se cerraron ductos y se puso al ejército y a la marina a custodiar las
plantas de producción y almacenamiento.
La
medida está produciendo una escasez de combustibles en buena parte del
territorio nacional, alcanzando en esa ruta a la Ciudad Capital y al Estado de
México, área conurbada con el consumo más alto del país. La versión oficial,
aunque haya quienes opinen diferente, consiste en que la escasez se debe a las
compras de pánico.
No
es la primera vez que el país enfrenta una problemática de este tipo. Sismos,
inundaciones y otros fenómenos han obligado al cierre de carreteras y centros
de producción, mermado el flujo de combustibles y afectado la actividad normal
de la sociedad, hasta llegar al desabasto de productos del campo, carnes,
lácteos, víveres en general y artículos de limpieza. También, han dificultado la
vida en la familia, la escuela, la oficina y la fábrica.
Sin
embargo, pese a las inconformidades, el gobierno federal cuenta con el respaldo
de una gran parte de la población que está dispuesta a arrostrar la crisis,
siempre y cuando el resultado sea el fin de la actividad y el castigo severo a
los que la ocasionaron. Perdón y olvido en esta ocasión, no sólo sería erróneo
sino contraproducente.
Tal
vez aprovechando esta coyuntura, se irá al fondo de la investigación de lo
ocurrido en la paraestatal, incluyendo casos como Odebrecht, OHL, plataformas sin
uso, barcazas en estado ruinoso, sobornos, compra de empresas quebradas, contratos
amañados y obras con sobreprecio.
El presidente López Obrador podría enfrentar una crisis si la falta de carburantes
provoca una parálisis nacional. Si sale airoso, resuelve el problema
y lleva ante la justicia a los responsables, crecería exponencialmente ante los
ojos de la sociedad, y consolidaría su gobierno.
Por
el bien de la nación y por la paz y la justicia entre los mexicanos, los
ciudadanos de bien no podemos desear otra cosa que al presidente le vaya bien,
y a México le vaya mejor.
El Principio de Peter
Un
libro de los sesentas, lectura obligada de la gente de la política y la
administración, se basaba en el estudio de las jerarquías en las organizaciones modernas. Su autor,
Laurence J. Peter, catedrático de la Universidad del Sur de California, hablaba
de “Jerarquiología”.
Tan
sencillo y tan comprensible el estudio de las jerarquías, como suponer que los funcionarios
se desempeñan con eficiencia durante su ascenso, hasta un punto en el que el
cargo les quedará grande y les resultará enigmático. Habrán alcanzado su nivel
de incompetencia.
El
“Principio de Peter” se extrajo del análisis de cientos de casos de
incompetencia en las organizaciones. Según sus resultados, el incremento de
personal para remediar la incompetencia de los superiores jerárquicos, tenderá a
mejorar la eficiencia organizacional, hasta que la propia inercia del proceso eleve
a los incorporados a sus propios niveles de incompetencia.
Sin
etiquetas y sólo como referencia, pensamos en políticos extraordinarios como candidatos
por su facilidad para conectarse con el electorado. y fortalecerse a partir de
las debilidades de sus oponentes; ahora, extrañamente languidecen en la que
debiera ser su etapa de ascenso.
Con
gente que no termina de aprender, con actos contrarios a los intereses de
quienes lo favorecieron con su voto, no se les ocurre otra cosa que pelearse
con la clase política, descuidar acciones y gestiones, sustituir personal experimentado,
ejercer con cierta displicencia el presupuesto, y en el colmo del absurdo,
aventar culpas a sus antecesores y cargar la mano a los contribuyentes. El gobernador Alejandro Moreno Cárdenas, porque sabe lo que dice, sintetizó la problemática: “…la ciudadanía tiene todo el derecho de reclamar a quienes en campaña prometieron y ya como gobierno no cumplen. Si incrementan los impuestos quienes se comprometieron a no hacerlo, que afronten las consecuencias y que la gente lo vea”.
Sin más comentarios, algunos deberían leer a Laurence J. Peter.
… Y ALGO MÁS
Hechos callan bocas
No
se requiere de gran memoria para recordar que hace una década, en una muestra
de civilidad, Alejandro Moreno Cárdenas reconoció caballerosamente que Fernando
Eutimio Ortega Bernés tenía más posibilidades para ser candidato del PRI y gobernador,
y a la postre lo fue. Continuó su acercamiento con las bases; discreto, sin
estridencias, y sin exponer a la administración.
Con
la anuencia de buenos amigos que cada martes compartíamos la mesa del desayuno,
me permití invitar al joven Moreno Cárdenas a una convivencia. Semanas antes,
simpatizantes habían formulado la invitación a algún otro aspirante que consideraban
con posibilidades.
Acompañado
de sus inseparables Ramón y Chalo, Alejandro Moreno llegó al evento y tras convivir
amablemente, en privado, aseguró que de ser gobernador, no tendría miedo al
cambio, que sus metas eran muy claras, y que con toda su pasión haría lo
necesario para transformar la imagen de Campeche y hacerlo crecer hasta
situarlo en el mapa mundial.
Transcurridos los años, hoy tenemos un gobernador conocido y además, reconocido en
todo el territorio nacional. La prensa lo menciona abundantemente, no sólo como
presidente de la Conago, también, por su habilidad para negociar y lograr
acuerdos que beneficien a todas las entidades, con equilibrio, pero sin dejar
de lado las gestiones a favor de Campeche.
El
memorable viernes once de enero, la inauguración del llamado Segundo Piso Vial
“Gobernadores” y la contemplación en toda su magnitud de esta obra colosal, la
de mayor peso tecnológico en todo el sureste mexicano, nos llevó a recordar el
ofrecimiento hecho en un sencillo desayuno en un local del malecón citadino. Dicho
por el gobernador El crecimiento y la
transformación de Campeche ya es imparable.
Más
de diez mil personas, con seguridad algunas encendidos críticos de todo lo que
se realice o promueva, tal vez más por temor al cambio que por mala fe,
acudieron a la puesta en servicio del portentoso complejo vial, que de
compromiso de precampaña y de campaña y luego de gobierno, es ya una obra
tangible al servicio de la sociedad campechana.
Las
palabras del gobernador en el acto inaugural, resumen el trabajo y la
dedicación de un gobierno que tiene la vista clara en sus objetivos y está
dispuesto a cambiar la fisonomía de Campeche: “Hoy queda claro que ante las palabras infundadas los hechos callan
bocas y dejan claro el compromiso pleno de seguir trabajando a favor del pueblo”.
Y,
verdad incontrovertible, como sucedió en la bella avenida costera y sucederá en
otras obras que se emprendan, la realidad supera la maledicencia y, ¡Los hechos callarán algunas bocas!.

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