Viaje inesperado, de aquellos no
planeados, menos comunes a la edad en la que no se debe retar a la naturaleza humana, ni desafiar los
embates de las ingentes urgencias urológicas. Más cómodo permanecer
en casa; sin embargo; la posibilidad de una aventura condujo a otra cosa.
Junto al cúmulo de momentos gratos, la
visión de amante de la naturaleza y las inquietudes de escritor, estuvo el afán de redescubrir el
mar, el campo, la selva, el asfalto, y reencontrarse con los pueblos, su gente, sus
tradiciones y su gastronomía.
Fotos de carreteras, de calles, de rostros
nuevos, de plazas pueblerinas con frondosos árboles, de bancas con más ocupantes que espacio, de canales porcinos enganchados en los
postes de los mercadillos, de relucientes vidrieras de cochinita y “chicharra”, de comensales de pie; y
de todo un poco; incluidas las marquesinas y los letreros de establecimientos
comerciales.
Entre ellos, los expendios de los combustibles que usamos a diario y que en un
viaje de más de mil quinientos kilómetros obliga a varias paradas para
el reabastecimiento. Vaya sorpresa, las gasolinas en cada sitio fuera de Campeche, cuestan por lo menos
un veinte por ciento más baratas.
Un peso por litro podría parecer poco o
mucho según el caso, además, cosa que aquí no sucede, algunos establecimientos
lucen emotivos letreros anunciando y garantizando que se despachan “litros
de a litro”, evidencia de que algo está
ocurriendo aquí en el terreno de los hidrocarburos procesados.
Llegar a casa, escribir unas líneas con
sentido crítico fue una acción que provocó reacciones y
comentarios, fundados unos, infundados otros, pero emotivos y respetuosos todos. Mostraron sorpresa por la disparidad, y por el trato
diferente para un estado que ha producido -y produce- una gran parte de la
riqueza nacional.
Importantes opiniones de respetables
campechanos del mundo de la empresa, de la abogacía, de gente común como usted y como
yo. Muchos argumentaron que la diferencia se debe a la distancia entre los centros de desembarco
y acopio (Puerto Progreso) y los de consumo.
Pareciera lógico; no obstante; se plantea
una interrogante: ¿por qué si Cancún se encuentra más lejos que Campeche sus
precios son iguales a los de Yucatán?. Lo mismo sucede con Tabasco y
Chiapas, y hasta con el municipio de Candelaria. Otras valiosas opiniones en
el sentido de que la misma franquicia que vende en Yucatán y otros estados, en Campeche expende sus productos a un precio más elevado.
Tema polémico y de desencuentros. Opiniones
van, opiniones vienen. Unos afirman que bajarán los precios cuando se produzca
mucho localmente y disminuya la importación. Si bajar quiere decir que costarán
menos que hoy, definitivamente no. Hablemos claro y si se puede; preciso: no es de dudarse
que bajo cierta lógica, los precios van a bajar, o por lo menos, mantenerse.
Tienen razón los que así lo afirman.
Ahora bien, también resulta predecible y,
por supuesto, lógico, que cuando concluya la infraestructura de producción, se
reduzca la importación y se normalice la distribución, habrán pasado por los
menos tres o cuatro años.
En ese lapso, si se "ajustan" los
precios a la inflación que se estima en un cinco o seis por ciento anual (no
incremento, de acuerdo a las opiniones de la gente en el gobierno), los combustibles subirían alrededor de un veinte por
ciento, quizá más.
Los precios internacionales, casi seguro se
incrementarán arrastrando a los nacionales, esa es la dinámica global de los mercados, no
hay de otra. En buen romance, para el amanecer del año dos mil veintitrés, los
precios rondarían los treinta pesos, tal vez un poco más. Ojalá fallara la
predicción. Si eso se entiende como bajar, bajarán.
La cuestión está en la mesa, “formando
agenda” como suelen llamarle los que saben. Por ser un asunto que atañe a muchos,
por no decir que a todos, lo menos que se espera es una respuesta lógica,
fundada y sobre todo, congruente.
Año
Nuevo, período de “adelantados”
Como si se hubiera levantado una piedra que
los resguardaba, y también como puestos de acuerdo, de repente, con el año
nuevo, surgieron a puñados quienes ansían “sacrificarse” por Campeche.
Resulta prematuro, por no llamarle absurdo,
hablar de candidatos a mitad de un sexenio fuerte, el de un gobernador que
busca, que gestiona, que toca puertas, y que convoca a los actores políticos a
trabajar por el estado. Adelantados, sería lo menos que podría decirse.
Pretender cosechar cuando aún se está sembrando es tratar de adelantarse a los
ciclos naturales.
La política como la naturaleza, tiene
tiempos, tiene períodos, y pretender romperlos puede ser contraproducente; se mueve
al desgaste innecesario si antes de tiempo se exhibe un interés que aunque
legítimo, debe ser aplicado por ahora al trabajo en favor de los campechanos.
Videos, fotos arregladas, sonrisas tiernas,
frases conmovedoras, de ese tamaño es el interés por servir al estado. Sobresale de manera evidente suplir el término “nacido en Campeche” por el de “originario
de Campeche”. Pareciera que no haber nacido en esta tierra fuera
impedimento. Bajo ciertas circunstancias, si se cuenta con los demás requisitos,
el origen no importa tanto como decir la verdad antes de que aparezcan otras actas y documentos.
En el PRI, lo dijo el más destacado
priista, gobernador y muy fuerte aspirante a presidir ese partido en el mediano
plazo: “hay tiempos, reglas y normas para
los procesos de selección de candidatos”. Lo dijo fuerte y sabe lo que
dice.
Se esperan y desean reglas claras, y entre
los que aspiran, actitudes honestas y respeto a los tiempos, sin olvidar que por ahora, ya no existe “el gran elector”, y que Moreno
Cárdenas, si no sucede algo extraordinario, estará presente en la decisión de algunas
candidaturas, en especial la de Campeche, y lo haría como dirigente
partidista y como gobernador con licencia.
Para concluir, me gustó la frase que afirma
que el gran proyecto se llama Campeche, y “hoy,
estamos ante los retos más grandes y los desafíos más grandes que es gestionar,
traer recursos que traer programas inversión así estamos trabajando aquí en
equipo juntos”.
… Y
ALGO MÁS
Aumento
salarial a burócratas estatales
Incrementar el salario a los que menos ganan
no es un gesto de demagogia populista, es más bien un acto de justicia social
que, anunciado por el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas, llevó a recordar el
último de ellos, precisamente al arranque de la administración 1991-1997, la de
Jorge Salomón Azar García; aquél; gobernador constitucional y además, priista
como él.
Los incrementos que según la categoría, el
nivel y el salario del personal irán desde el ocho hasta el veintisiete por
ciento y beneficiarán a más de mil cien servidores públicos, es algo así como
una bocanada de aire fresco para las economías de los trabajadores estatales
que durante más de dos décadas han permanecido casi inamovibles.
Lo anterior, independientemente y a pesar
de las reducciones presupuestales, el no rotundo a las alzas de los impuestos y
derechos que corresponden al estado, el mantenimiento de la plantilla laboral
sin despidos y, por supuesto, la desaparición de la odiosa tenencia que vio su
fin al inicio del sexenio.
Después de todo ello, resulta inexplicable
que alguien pueda dudar el carácter eminentemente popular del actual período sexenal,
y que Alejandro Moreno Cárdenas, además de su liderazgo nacional al frente de la
Conago, preside un gobierno fuerte que encuentra en la gestión el camino de la compensación a los recortes al presupuesto.
Con una sola frase, Alejandro Moreno resume
el caso: “Nosotros no nos achicamos,
nosotros nos crecemos frente a los grandes retos; no buscamos pretextos para no
hacer las cosas, mejor trabajamos y gestionamos más para lograr el crecimiento
de Campeche”.

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