Al
parecer, el alto mando sigue deshojando la margarita en lo que se refiere al
proceso para elegir a los próximos dirigentes -Presidente y Secretario General-
del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional.
De
la fecha inicial -primero de septiembre-, ahora se maneja la siguiente semana,
el día ocho del mismo mes para que los priistas tomen tan trascendente
decisión. De la manera como habrá de llevarse el proceso previo, la campaña, todavía
falta una reunión del Consejo Político Nacional para establecer las reglas a
que habrá de someterse.
Como
quiera que sea y cualquiera que sea la forma, será vigilado y supervisado atentamente
por el Instituto Nacional Electoral, quien habrá de calificarlo y emitir la
declaratoria de validez en su momento.
Sin
suponer que se trata de favorecer a alguien en especial, se sabe que la inexplicablemente
larga jornada durará desde el mes de mayo hasta la referida fecha de
septiembre, esto es, cuatro meses completos de campaña, que igualará a las que
se desarrollan en el caso de la presidencia de la república y las gubernaturas.
Demasiado
tiempo diríase, lo que pondría obstáculos al único aspirante ejerciendo un
cargo de elección popular. Obligadamente, nuestro gobernador, Alejandro Moreno
Cárdenas, tendrá que solicitar licencia por lo menos durante esos cuatro meses.
Entre
tanto, como no queriendo, de manera ¿casual? han iniciado algunos golpeteos,
cándidos y tibios si se quiere, insinuando que las aspiraciones del joven
mandatario dejan sin timón la nave campechana, aduciendo que se la pasa en la
Capital en plena grilla.
Nada
más falso, atendiendo a que desde el inicio de su encomienda, Moreno Cárdenas
no ha dejado de viajar a la Ciudad de México y a otros sitios, primero como
gobernador de Campeche para realizar gestiones, y desde unos meses atrás, con
el carácter de presidente de la Conago.
Sus
ausencias, claro está, las ha cubierto con total eficiencia y absoluta lealtad
el Antón de Alaminos de la nave, el serio y profesional Secretario General de
Gobierno, Carlos Miguel Aysa Gonzáles, preparado para continuar en el encargo
durante la licencia o hasta el final del sexenio.
El
joven gobernador, mientras tanto, está muy “echado para adelante”, y confiado
en que el resultado lo favorecerá y será el próximo presidente priista. Basa su
optimismo en que México es un país de jóvenes y en consecuencia, son los
jóvenes quienes integran la base fundamental de su partido.
Al
parecer, el único rival de cierto cuidado que Alejandro encuentra en su tránsito
seguro, toda proporción guardada, es el ex rector de la Universidad Nacional
Autónoma de México y ex secretario de salud, el doctor José Ramón Narro Robles.
El
doctor Narro es una figura respetable en el terreno profesional y con una
impecable hoja de servicios en el gobierno federal y en la educación, con la
salvedad de que en su larga actividad ha alcanzado ya las siete décadas.
Claro
está que setenta años de vida aportan sabiduría y esta a su vez puede y debe
ser aprovechada para formar y educar a una juventud ávida de conocimientos y
experiencias. Sin embargo, resulta avanzada para dar comienzo a una carrera
política y empezar a incursionar en un partido casi desconocido por lejano.
Setenta
años, con conocimiento personal de causa, es la edad ideal para aportar
consejos al modo que lo hacían los huehue y los x’men en los pueblos
originarios del altiplano y de nuestra península. Una clase especial que
guiaba con mente lúcida y consejos sabios, los impulsos de la juventud pujante
y llena de energía.
Tiempo
precioso para sentirse pleno, disfrutar del calor del hogar, narrar historias a
la descendencia, disfrutar a la familia y, enfundado en fresca piyama y cómodas
pantuflas, cuidar la salud y leer sin prisas. Entre tanto, cambiar las frescas fragancias
de lavanda por el fuerte olor a mentol, alcanfor y eucalipto de los linimentos
para las reumas.
Tiempo
para reír con las travesuras de los nietos, para sanar las viejas heridas, y
para ver pasar el mundo, un mundo que con nuestro trabajo y nuestro esfuerzo
ayudamos a construir.
El Presidente tiene prisa
Habrá
quienes opinen lo contrario, pero el señor presidente, don Andrés Manuel López
Obrador, no tiene intenciones de reelegirse haciendo uso de ajustes y traslapes
a la Carta Magna, imponiendo su fuerza -que la tiene.
Su
meta no es perpetuarse para alcanzar los catorce años en el poder de su ídolo,
don Benito Pablo Juárez García, hasta el infarto al miocardio. Mucho menos, las
tres décadas y media, hasta el Ipiranga y Montparnasse, del “positivista
comtiano” de la “Porfiriana Pax”, José
de la Cruz Porfirio Diaz Mori, en larga espera de que algún conservador lo traiga
de regreso.
Si
algo tiene del presidente Juárez, es ese deseo de paz y justicia a favor de los
más desfavorecidos. Le urge hacerlo, porque se sabe mortal y le queda claro que
su carrera de presidente empieza mucho más allá de la edad en que empezara el
oaxaqueño.
Andrés
Manuel López Obrador tiene prisa. Prisa por sacar a los pobres de su postración
y por acercar a los más necesitados los beneficios negados por un gobierno de
nueve décadas que favoreció a unos cuantos. Pero sobre todo, tiene prisa por
poner un alto a la corrupción.
Sin
embargo, el presidente no cuenta con funcionarios de la talla de Sebastián
Lerdo y de Guillermo Prieto, como Juárez. Tampoco de los paisanos Justo Sierra
y Joaquín Baranda entre los “Científicos” de Díaz. ÉL tiene sesenta y seis años, un equipo
cuestionable, y una explicable prisa por resolver los problemas ancestrales de
su empobrecido país. ÉL quiere hacerlo a
su ritmo, a su modo y de la manera que ÉL considera la mejor.
En
el camino, está encontrando inercias y una explicable resistencia de quienes se
oponen a su proyecto, y en esa lucha, al presidente todavía no le queda claro
que necesita alianzas, que requiere rodearse de gente de experiencia, y además
de honesta, capaz y preparada para sus encargos.
No
se ha dado cuenta que buena parte de quienes lo veneran, están molestos e
inconformes por la llegada a su gobierno de gente ajena a su partido que como
pago a sus deslealtades y traiciones, hoy ocupa cargos sin el perfil adecuado,
desplazando a quienes hicieron posible su presidencia.
También,
en su prisa, no ha advertido que su gente, la de Morena, aquí mismo está
quebrantando sus códigos de conducta y arremetiendo contra sus propios
correligionarios en busca de una tajada de las jugosas prerrogativas.
No
se ha dado cuenta que en su ruta y con su prisa, está avasallando a los otros
poderes; que resta fuerza y credibilidad a un legislativo al que ordena y
corrige la plana, como se evidenció en la selección de los integrantes de la
Comisión Reguladora de Energía en que su
voluntad se impuso a un legislativo rebasado.
Si
algo faltara, tal vez contará con la incondicionalidad de un poder judicial a
modo, y todavía anonadado porque ganarán menos que el presidente, y porque existen
voces de radicales que claman por la desaparición de la Suprema Corte de
Justicia.
Ojalá
el primer mandatario lo entienda, lo acepte, y pase a la historia como un
presidente demócrata, renovador,
justiciero, que en seis años cambió el perfil de su país ¡Seis años, ni
un día más!
… Y ALGO MÁS
La civilidad y la rapiña
Feo
espectáculo inundó los medios de comunicación y las redes sociales: el acto incivil
de rapiña desatada contra un vehículo de carga accidentado, transportador de
bebidas alcohólicas.
Entre
envases rotos, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, y lo peor, acompañados
por menores, se desplazaban entre cristales quebrados, sufriendo heridas en
pies y manos, para apoderarse de la carga, llegando al grado de destapar los
envases con los dientes para beber el contenido en una especie de bacanal
desenfrenada.
Ojalá
se reflexione en lo sucedido, aquí y en otras partes, y se haga conciencia en
nuestra gente buena, que esos actos no sólo denigran, también ponen en riesgo a
sus familias.

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