El
problema se veía venir desde el inicio de la administración de
Andrés Manuel López Obrador. Lo que localmente se comentaba era más bien un
ferviente deseo de que las Zonas Económicas Especiales proyectadas como tal por el
ex presidente Peña Nieto tuvieran un feliz aterrizaje.
La
explicable incertidumbre se acentuó a raíz de que una enorme infraestructura
como el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México que registraba un importante
avance, se suspendiera y a cambio se decidiera llevar la obra a otra parte, con los costos extras inherentes a semejante cambio.
La
razón de todo, la conocemos, porque el proyecto peñista de construir la moderna
infraestructura, nunca fue del agrado de la nueva administración. En sus círculos
cercanos se decían cosas, tales como que en ella se cocinaban grandes negocios,
desde la adquisición de terrenos con afanes de especulación, hasta la obra en sí misma. Finalmente y lo más importante, porque no formaba parte del paquete de programas del nuevo gobierno.
Aquí, el programa económico de las
ZEE provocó amplias expectativas desde su planteamiento. Había fundadas esperanzas
de concretarlo por tratarse del más ambicioso proyecto de inversión de la
historia local. Se esperaba el arribo de miles de millones de dólares por
parte de empresas de capital nacional, e incluso internacional.
Se
detonaría el empleo y se generarían más de cincuenta mil plazas; se tendría una
oferta permanente de terrenos, casas y locales comerciales; y
se darían repercusiones favorables entre operadores de bienes raíces, constructores, y
toda clase de gente ligada a la industria y al comercio.
En el
proyecto original, el gobierno aportaría el capital suficiente para crear la
infraestructura necesaria, que consistiría en elementos de carácter técnico, tecnológico,
de comunicación, de logística, así como la captación y orientación de la inversión
del sector privado.
Independientemente
de lo anterior, mediante programas específicos, se otorgarían beneficios y
facilidades fiscales, y se desarrollarían diversos incentivos para el sector
empresarial que decidiera jugársela con el proyecto. También, habría un tratamiento
diferenciado en lo que se refiere a las complicadas cuestiones aduanales.
Lo que sucedería dentro de los perímetros planeados
y a su alrededor, era de una magnitud incalculable, toda vez que los polígonos seleccionados tendrían un considerable desarrollo urbanístico, con el consecuente beneficio
para los constructores y financiadores de vivienda, hoteleros, restauranteros,
y toda la cauda de negociantes que suelen acompañar este tipo de desarrollos.
El
gobernador Alejandro Moreno Cárdenas, en pleno ajetreo y entre abrazos por su
cumpleaños, lo dijo con firmeza: "...cada ZEE es un polo de desarrollo y crecimiento para los Estados”. Su pasión y
también su contrariedad, bien se explican si tomamos en cuenta que se trata de
un programa de singular importancia para su gobierno, por los beneficios que traería al
puerto de Seybaplaya, a Ciudad del Carmen y a Campeche.
El golpe
ha sido dado y al parecer no habrá marcha atrás. Tal y como ocurrió en su momento con
el NAIM, el proyecto ha sido oficialmente cancelado y el anuncio formal lo dio
personalmente el presidente en una de sus conferencias mañaneras. “Derroche de recursos que sólo sirvieron para
hacer negocios”, fue su principal y más firme argumento.
Ahora
bien, si nos atenemos a lo sucedido con el gigantesco puerto aéreo que se levantaba
sobre la cuenca lacustre de Texcoco, cualquiera que fuera la causa y sus
previsibles o imprevisibles consecuencias, el gobierno federal de inmediato
propuso una alternativa, consistente en habilitar -o rehabilitar- el viejo aeropuerto de Santa Lucía en el
estado de México. Estaban en su derecho, lo decidieron y lo están haciendo.
Entonces
pensamos que en el caso de Campeche y en particular de las fallidas Zonas Económicas
Especiales, la imaginación de Moreno Cárdenas y de los funcionarios de su
administración, ya debe estar -y lo está- trabajando para proponer, o si es el caso,
aportar ideas para la implementación de un programa alterno que como bien dice
el jefe del ejecutivo, “… como se llame, que se aterrice el beneficio
económico para nuestro Estado” ¡Y seguro que así será!
La semana laboral se alarga
La semana laboral se alarga
Fue en la década de los setentas cuando se estableció una nueva política laboral para la burocracia. Cuarenta
horas distribuidas en cinco días de actividad. Se pretendía ahorrar en energía
y combustibles, mejorar el medio ambiente con la reducción del tráfico
vehicular y, principalmente, ajustarse a estándares internacionales establecidos
en Norte América y en particular, en Europa, de donde se tomaba el término: Semana
Inglesa.
Hoy
día, declarado por el presidente y ratificado por las comisiones
unidas de Hacienda y de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados,
se aprueba la Ley de Austeridad Republicana. Buena medida si de reducir
elevadas prestaciones a altos funcionarios se trata.
Sin
embargo, como complemento de lo anterior y, “para administrar los recursos humanos con eficiencia, eficacia y
economía, y mejorar la prestación del servidor público, los integrantes del Poder Ejecutivo laborarán de lunes a sábado, en
los términos y condiciones que fije la normatividad correspondiente”. En suspenso temporal, no cancelado, para
analizarlo.
En
la actualidad, el gobierno federal alberga aproximadamente a un millón
setecientos mil trabajadores de base y de confianza. Los gobiernos de los
estados, dos millones doscientos cincuenta mil, y otro millón los municipios.
Un total cercano a los cinco millones, porque se puede asegurar que la
iniciativa escalaría a los tres niveles.
Si
contara la llamada cuota de género, conservadoramente habría en activo por
lo menos dos millones de mujeres. Es válido imaginar que de ellas, alrededor de
un millón son divorciadas, viudas, madres solteras o bien, esposas responsables
obligadas a ocuparse en un trabajo para apoyar el gasto familiar.
Por
experiencia sabemos que las amas de casa en situación de empleo, ocupan la mayor
parte del día en sus variadas labores. Madrugan para atender a sus hijos,
vestirlos, calzarlos, alimentarlos, llevarlos al colegio y correr al trabajo.
Por la tarde o noche, comida o cena, y a preparar lo del día siguiente.
Para
las estimables damas la faena no concluye los viernes por la noche. Es el sexto
el día de mayor ajetreo por las obligaciones de lavar y planchar la ropa, ir al
mercado o al súper, disponer la comida de la semana, llevar a los niños al
deporte y otras tareas domésticas. El domingo, por fin, el parque, el cine, un
modesto día de campo, un paseo por el zócalo, o el servicio religioso semanal.
Imaginemos
que sucedería si las señoras se vieran obligadas a presentarse los sábados a
sus oficinas u otros centros de trabajo. Encomendar a los niños con la vecina,
llevarlos con los abuelos, tal vez encargarlos con la portera del edificio o
con los hermanos mayores ¡Dramático!
… Y ALGO MÁS
El PRI
y su actuación en nuevos espacios
El Partido Revolucionario Institucional y sus
dirigentes, incursionan en espacios intocados, como el de la inclusión con respeto a
personas y grupos vulnerables, tal como lo hacen los Patronatos del DIF y de Grande de Corazón, a cargo de las señoras Christelle
Castallón de Moreno y Victoria Damas de Aysa, respectivamente.
"Cuando la sociedad excluye, se incapacita, pero cuando incluye, se fortalece", dijo Jorge Lazo al suscribir junto con Norma Angélica
Aceves, secretaria de Atención a personas con discapacidad del CEN tricolor, el llamado "Decálogo por la Inclusión", en el que como partido se
pronuncian por los derechos de las personas con discapacidad, garantizan
su dignidad, autonomía e igualdad, y dan un no rotundo a la discriminación.
La feria anual chenera
Como cada año, el Hopelchén de amores y desamores juveniles, celebró su Feria del Maíz y la Miel. Delio Carrillo, titular de Cultura estatal y Sandy Areli Baas, presidenta municipal, se encargaron de inaugurarla. Seguimos extrañando el relleno negro, las luces y la algarabía de esa feria grabada en lo mejor y más profundo de los recuerdos.
La feria anual chenera
Como cada año, el Hopelchén de amores y desamores juveniles, celebró su Feria del Maíz y la Miel. Delio Carrillo, titular de Cultura estatal y Sandy Areli Baas, presidenta municipal, se encargaron de inaugurarla. Seguimos extrañando el relleno negro, las luces y la algarabía de esa feria grabada en lo mejor y más profundo de los recuerdos.

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