El presidente tiene prisa, ya lo habíamos
comentado. Su apuro lo justifica en el deseo legítimo de mejorar la vida de los pobres. Su
misión y su visión de corto plazo, acabar con la corrupción, y de paso, borrar cualquier
vestigio de la presencia y acción de los neoliberales.
Tiene experiencia en la cosa pública,
es innegable. Sus conocimientos provienen de un cargo en una
administración priista de los ochentas en un programa social en su
natal Tabasco, y su paso por el gobierno del antiguo Distrito
Federal.
En su camino no conoce límites.
Sus decisiones las apoyan y legitiman treinta millones de votos, un ejecutivo que no lo
contradice, y un legislativo que no
tiene otra opción o intención que complacerlo.
En el afán de cumplir a sus votantes, y muchas ocasiones en contra de los veintiséis millones que no lo somos,
no lo piensa dos veces para descalificar, personalmente o a través de sus voceros
oficiosos, a periodistas y columnistas que no están de acuerdo con su manera de gobernar o tienen opiniones diferentes.
Lo apoyan sin orden ni mesura en las que llama “benditas redes sociales”. Conforme a un patrón repetitivo, “argumentan”
mediante el insulto, la descalificación, la negación sistemática y el divorcio
de las reglas gramaticales. Con ese ímpetu, llaman vendidos,
fifís, hasta conservadores a quienes critican y no aplauden.
Por cierto que, lo que hoy se califica como
conservador, derechista o reaccionario, en un principio no tenía exactamente
ese significado. El término “Reaccionario” nació de un período de la Revolución
Francesa, la “Reacción de Termidor”, consecuentemente, la caída de Robespierre.
Termidor, como el cálido julio, undécimo mes del año del Calendario Republicano Francés del siglo XIX que comenzaba en septiembre, y como el suculento guisado cremoso.
Hay que recordar que, la famosa Reacción, marcó
el final de la etapa del Terror alentada por la cruenta arma de Monsieur Guillotin, y el
dominio de los republicanos moderados o “termidorianos”.
Reaccionarios, estigmatizaron las “clases populares” a los que no estaban de acuerdo con los principios revolucionarios. “Fuerzas reaccionarias”, calificaron a los segmentos de la población que soñaban con la restauración de la monarquía.
Reaccionarios, estigmatizaron las “clases populares” a los que no estaban de acuerdo con los principios revolucionarios. “Fuerzas reaccionarias”, calificaron a los segmentos de la población que soñaban con la restauración de la monarquía.
El jurista y pedagogo judío alemán del siglo XIX, Georg Jellinek,
expone una teoría en la que clasifica a los partidos y a los políticos de tres
maneras: Reaccionarios, los que quieren retornar a una hegemonía anterior -monarquía-,
y anhelan recuperarla (igual que traer de regreso con honores a Porfirio). Conservadores, LOS QUE ESTÁN EN EL PODER, porque “cuentan
con la mayor fuerza social y aspiran a conservar su situación privilegiada”. Revolucionarios
o Progresistas, los que aspiran al poder con visión nueva o renovada.
En esencia y no sólo en teoría, resultaría
que el partido en el poder, obedece a la regla de Jellinek, y en ese sentido, es
conservador, habida cuenta de que su más grande anhelo y permanente intención
es conservar su situación privilegiada.
Los Revolucionarios o Progresistas, serían los de la oposición, porque “aspiran al poder con una visión nueva o renovada”. Si así no fuera, no habrían aprendido la lección del primer domingo de julio.
Los Revolucionarios o Progresistas, serían los de la oposición, porque “aspiran al poder con una visión nueva o renovada”. Si así no fuera, no habrían aprendido la lección del primer domingo de julio.
Campeche merece y necesita de
las ZEE
Ni
bravucón, ni arrogante, menos grosero; sin embargo; sonó fuerte la voz del
gobernador en un video que circula en las redes
sociales. El motivo, expresar con firmeza su sentimiento por lo
que considera un duro golpe a las ansias de progreso de Campeche.
Y
no era para menos la causa del enérgico mensaje, un programa de muy alta
importancia para la economía campechana se está cancelando, al parecer, por una decisión infundada en la que no
prevaleció el análisis, ni la investigación. Simplemente, porque se trata de un
proyecto concebido el sexenio anterior.
Sus
detractores, reales o inventados, instigados o pagados, tienen interés en dañar
al estado, con la absurda idea de
erigirse después como sus salvadores. No tuvieron otra ocurrencia que acusar tráfico de influencias y negocios al amparo del poder.
Lo
dijo el gobernador como parte de sus comentarios: no se han hecho
negocios, si acaso, operaciones de intercambio y permuta, para dotar al gobierno
federal el área necesaria para los polígonos. Si hubiera desconfianza, cabe algo muy sencillo para esclarecerlo.
Indiscutiblemente,
basta con acudir al Registro Público de la Propiedad, revisar los antecedentes
de compra y venta de todos los terrenos aledaños, sus superficies y sus precios.
Este simple acto despejaría muchas dudas y callaría muchas bocas. Pensamos.
… Y ALGO MÁS
Le faltaría un solo clavo a esa cruz
De
aquí y de otras latitudes, son múltiples y variadas las muestras de apoyo a Alejandro Moreno Cárdenas por el reciente video ampliamente difundido en el que hace un llamado enérgico a la
dirigencia nacional del PRI para que no se deje presionar y respete los
acuerdos del Consejo Político Nacional de fines de febrero, y en ese sentido, realice
el proceso de selección de la nueva dirigencia mediante consulta directa a la
base.
Legisladores locales, empleados de gobierno, gente común como usted y como yo, también el presidente del Comité Directivo Estatal, Jorge Lazo
Pech, han levantado la voz para fijar postura. La intención, impedir una lamentable pifia encaminada a tratar de descarrilar la
justificada pretensión de Moreno Cárdenas de presidir el partido para cambiar sus
métodos y procedimientos. Democratizarlo, en una palabra.
Tenemos
que confesar que en un principio, afirmamos y sostuvimos que este método no era el más adecuado, porque podría
resultar en una división comparable con la que se generó tras la candidatura a la
presidencia de un hombre escaso de personalidad y, aunque preparado, sin experiencia política ni nexos con el partido. El resultado, ya lo conocemos.
Ahora,
sensibilizada la militancia y bien arraigada la idea de proceder
democráticamente, se pretende desconocer
los acuerdos del CPN, y designar mediante "dedazo" a alguien que convenga a un grupo que trata de adueñarse del partido
para sus personales fines.
Lo escribimos una, dos, tres veces, la cruz ya tiene un clavo y este sería el
segundo, y hay que recordar que sólo se requieren tres para una dolorosa crucifixión
¡Al tiempo!
Ni vencedores ni vencidos
Se
puede ser apasionado y defender puntos de vista, pero debe prevalecer el acuerdo civilizado. Así lo hacen López
Obrador y Moreno Cárdenas, y qué bueno que se sume Eliseo Fernández. Ni
vencedores ni vencidos. México y Campeche por sobre todas las cosas.
Por
fin se dio la reunión entre gobernador y alcalde, a la que este último calificó
de provechosa. Conectar sus agendas y,
como sucede en los restantes municipios, realizar un trabajo conjunto, es una loable intención.
Como
sucede en otros ámbitos, el joven presidente municipal culpó a los medios de
comunicación de la percepción que se tiene de que existe
un enfrentamiento.
“Y eso no es sano, no es bueno, que no es conveniente y en ese sentido
vine a platicar con el Gobernador”, dijo Fernández.
También,
responsabilizó a las administraciones anteriores -cuatro en total que incluyen
una de su partido-, de no haber cubierto las obligaciones que
corresponden al ayuntamiento: cuotas obrero patronales, compromisos con CFE, ISSSTECAM, IMSS, y otras instituciones.
Mientras
la nueva relación se consolida y de cara al conocido antecedente de que entre
Alejandro y Eliseo existió una excelente relación personal en la primera
juventud, deben efectuarse algunos cambios y ajustes necesarios.
Para
comenzar, instruir a los "seguidores" en redes sociales, lo mismo a los colaboradores de más
confianza y cercanía, que deben cesar las ofensas. Los apoyos fluirán, téngase por seguro.

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