Poco
comunes -cada uno en su estilo- los paralelismos
entre personajes de la política. Física, anímica y hasta sentimentalmente, las
diferencias suelen ser diametrales. Tres en la
historia reciente y no tan reciente, guardada la proporción, con un objetivo
común, embellecer Campeche.
Poco
o nada familiar para esta generación y la anterior, e inclusive para la de
su tiempo, quien gobernó de mil novecientos sesenta y uno a mil
novecientos sesenta y siete. Por terminar el sexenio de Alberto Trueba Urbina, llegó
como candidato un militar nacido en Hecelchakán. Nadie lo conocía; nada se
sabía de su biografía y de su andar en la política.
En
alguna historia de años atrás, se escribió de un acto de campaña en la
montaña de los chenes. Una tarde de enero, arribó a Xmabén en tres raros automóviles color
pastel de la marca Citroen, un grupo encabezado por un elegante candidato, alto y de bigote bien cuidado.
Al ritmo de “Óyeme Cachita” bajó de su auto “El Chato”, “El Coronel”, José Ortiz Ávila,
quien sorprendió a todos con un discurso en perfecta lengua maya.
Después
se supo que estudió la primaria, luego la carrera de maestro en su pueblo natal, También que, ya
titulado, ejerció la docencia en Yucatán y Campeche, y que por el treinta y
cinco, ingresó al Ejército Mexicano en el segundo Regimiento de Artillería de
Montaña y después, como cadete, al Heroico Colegio Militar.
No
fue un solado mediocre, al contrario, vivió hechos relevantes, no todos muy
ortodoxos. Posteriormente se reivindicó con un nunca probado apoyo
a los jóvenes presos con motivo de los trágicos hechos de mil novecientos
sesenta y ocho.
El
sexenio de Ortiz Ávila se significó por una especial mano dura, la concentración
absoluta del poder en su persona, pero también, por un enorme afán por
transformar Campeche desde su experiencia como contratista y especialista en
grandes construcciones. Según afirmaba, quería dar un vuelco al estado y
despertarlo de un larguísimo letargo.
Para
el efecto trajo con él a Joaquín Alvarez Ordóñez, egresado con honores de la
Facultad de Arquitectura de la UNAM, maestro de maestros en urbanismo y en la
especialidad de alta dirección de empresas.
El
arquitecto Álvarez conocía a profundidad el tema. Tenía además, la experiencia
del despegue a la modernidad de Brasil. De cierta manera, Campeche siguió la suerte de Brasilia, la nueva capital del país
sureño.
Quedan varias obras del sexenio de Ortiz que continúan firmes
y de pie. Pueden apreciarse el vetusto mercado “Pedro Sáinz de Baranda”;
el erguido Palacio de Gobierno y su vecino, el recinto del Congreso; la Plaza de la República; el Paseo de los
Héroes; la Concha Acústica; y el singular monumento al Resurgimiento.
Pasados
varios sexenios, aunque abundantes en proyectos sociales, la obra pública y en especial la estética urbana vivió una especie de receso, sólo interrumpido por el primer puente de Carmen y los programas de vivienda, hasta la
administración de José Antonio González Curi, los últimos tres años del pasado
siglo y los tres primeros del presente.
José Antonio, buen administrador, casi con recursos propios se avocó a la tarea de
embellecer Campeche. Siguen a la vista el hermoso malecón y el Centro de
Convenciones. Criticados y todo, los edificios de las maquiladoras. Nada hasta hoy se ha podido hacer aunque se ha
intentado, para dar el siguiente paso a un programa de empleo mejor remunerado.
El defecto que de alguna manera modificó la imagen del ex gobernador, fue el intento de seguirse de
frente y, además de la obra pública, imitar al coronel en lo de la línea
dura. Cosa complicada en tiempos diferentes a los que tocó
al militar. El resultado lo conocemos, González Curi sigue siendo de los mejores en
lo que a urbanismo se refiere.
Actualmente, Alejandro Moreno arriesga todo para el despegue del estado, con un voluminoso paquete de
obras, algunas de enorme calado como el Puente de la Unidad. Su mejor y más eficaz aliado en el propósito, Edilberto Buenfil Montalvo, hombre de experiencia y profundo
conocedor de la materia. Pero sobre todo, jamás cuestionado en su trabajo y
honestidad.
Lo
que se está haciendo en la ciudad capital, independientemente del Eje Vial, ha conformado un muy bello corredor
turístico que empieza en la entrada oriente y termina en la
salida a Lerma. Dará mucho de qué hablar, téngase por seguro.
La
ciudad luce cada día más bella con la avenida Costera, el Centro de
Convenciones, el Bazar Artesanal, la plaza Moch-Couoh, el Ángel Maya, las
Fuentes Marinas, la ampliación del malecón hasta rematar en el famoso
“Resurgimiento”. Este monumento al que los campechanos simpáticos de su época bautizaron como como
“él atorado”, es quizá el más icónico de los que quedan del primer sexenio de
construcciones.
De la mano empuñada, la línea dura y el actuar violento del coronel, y el tibio intento de Antonio
de imitarlo, ni hablar. Alejandro no cierra la mano ni la levanta como no sea para conseguir un "aventón".
Con la salud no se juega
Sonó
muy fuerte la reciente renuncia de Germán Martínez a la dirección del Instituto
Mexicano del Seguro Social, tema sensible si nos atenemos a que para el ser
humano, y el mexicano no es la excepción, no hay valor más preciado que su
salud y la de su familia.
Que
hubo diferencias con otros funcionarios, de la dependencia o de otras, es
realmente lo de menos. No podemos soslayar que la salida de un aliado político
de la talla del señor Martínez, factor importante para el resultado de la
elección, es una significativa baja.
Le
achacan actos reñidos con un buen proceder, lamentable. Si la razón de la
salida no es el recorte al presupuesto y hay actos reñidos con la ley, se estaría
infringiendo una máxima fundamental del presidente: el combate a la corrupción.
El asunto amerita una amplia revisión y deslinde para poner las cosas en su
lugar, desde luego escuchando al renunciante.
Pero
principalmente, requiere urgente tratamiento para que no escale hasta la falta
de atención de los millones de mexicanos que dependen del IMSS para preservar
su vida y su salud. Si no se hace así, sería una gran injusticia, y podemos
asegurar que el presidente es el más interesado en que se aclare la verdad.
Confiamos en que no abandonará a los mexicanos en esta hora difícil.
¡Y
ya van dos renuncias en medio año! … Y ALGO MÁS
El Bazar Artesanal ya está en servicio
No había usuario de la pista del malecón que no lo atisbara todos los días. El aparente cascarón de un edificio no parecía mostrar avances. Se decía de todo, pero la realidad era que antes de su conclusión pasaron cosas, de carácter técnico, tal vez financiero, y por qué no, también político.
La verdad es que como muchos, estábamos impacientes por ver concluida esta obra, y por fin se dio la ansiada inauguración. El Bazar Artesanal quedó extraordinariamente bello.
Tiene razón el gobernador cuando asegura que las artesanías campechanas son un orgullo para el estado, y más aún la tiene cuando afirma que ya cuentan con un espacio maravilloso ¡Enhorabuena!
El PRI incluyente y la “Vieja Guardia”
Arrancaba apenas el sexenio de Alejandro Moreno Cárdenas, un veintiocho de enero, cuando el partido Revolucionario Institucional, entonces a cargo de Ernesto Castillo Rosado, convocó a una reunión desayuno con antiguos priístas. La “Vieja Guardia” le llamó el gobernador a ese conjunto.
Tres años después, en una muestra de que es incluyente y en él caben todos los grupos y corrientes, en el PRI trabajan con gran pasión -en este tiempo en la Jornada Estatal de Afiliación y Refrendo de la Militancia-, destacados exponentes de esa “Vieja Guardia”.
Sólidos cuadros aportan su tiempo y su trabajo. Tal es el caso de Fernando Soto Angli, Luis Fuentes Mena, José Soberanis González, Manuel Santini Pech, Eleazar Cámara Rivero, y otros, encabezados por supuesto por el experimentado dirigente estatal, Jorge Lazo Pech.

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