Hablar de
Odebrecht, es referirse a un gigantesco emporio económico compuesto por
empresas que acumulan negocios de todo tipo; lo que ahora se conoce como
clúster. Su asunto principal, inversiones en ingeniería, construcción, y
también, manufactura de productos químicos y petroquímicos. De estas últimas
surgen los nexos con Pemex.
La fundación del
portentoso consorcio se dio a la mitad de la década de los noventas en San Salvador de Bahía, en el país carioca. Su nombre se deriva del apellido de
su fundador, Norberto Odebrecht. El corporativo tiene presencia actualmente en
casi toda América, en África, Europa y el Medio Oriente.
Hará unos tres
años, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos destapó una olla de
presión que se encontraba al límite, dados los abundantes casos de corrupción
por parte del monopolio. Había sobornado a importantes funcionarios de
gobierno de varios países africanos, y también latinoamericanos, entre los que
se encuentra el nuestro. Tan peculiar en su operación que se daba el lujo de
contar con un flamante “departamento de sobornos”.
Es de señalarse
que por cada dólar invertido, la asociación de empresas recibía por sobreprecio
cantidades que iban desde un cuatrocientos hasta un mil por ciento, o más. Lo
malo es que lo gastado no siempre se correspondía con lo realizado.
Se sabe que en
varios de los países en los que Odebrecht otorgó obsequios vía trasferencias
desde paraísos fiscales, la ley había alcanzado a los infractores, a excepción de
México y Venezuela. Por cierto que de este último se dice que los sobornos
incluyeron a políticos en campaña, y que los moches se proporcionaron al
candidato oficial y a su más fuerte opositor.
En un período de
unos cuatro años, entre dos mil diez y dos mil catorce, la empresa repartió en
el ámbito federal mexicano sobornos por el orden de unos diez y medio millones de dólares
por contratos de obra; de ellos obtuvo
alrededor de cuarenta millones de la divisa verde. Lo mismo ocurrió con
algunos gobiernos estatales que igualaron estas cifras.
Hace cosa de dos
semanas, la Secretaría de la Función Pública inhabilitó por diez años para
ocupar cargos al ex director inmediato de la paraestatal, así como a otros
funcionarios. La medida provocó cotilleos y risas por la aparente benignidad
del castigo. Hasta la información del congelamiento de cuentas y la ejecución
de una orden de aprehensión, se supo que el asunto va en serio.
Varios casos
relacionados con Petróleos Mexicanos se encuentran en el centro de la atención
del gobierno de la Cuarta Transformación: el traído y llevado huachicol, la
instalación de la primera de las refinerías anunciadas en campaña, los precios de los combustibles y, por
supuesto y en primer término, el expediente Odebrecht.
Asunto
emblemático y oportunidad de oro para la administración de Andrés Manuel López
Obrador en su combate a la corrupción. Para empezar, es el primero de carácter
penal en el que se involucra el nuevo gobierno. Aplicando la ley, además de
legitimarse, podría justificar la falta de cumplimiento a su promesa de campaña
de disminuir los precios de los energéticos.
Estará usted de
acuerdo en que el monto de lo presuntamente sustraído -diez y medio millones de
dólares-, no se compara con los abusos cometidos por el paquete de gobernadores
que depredaron con miles de millones de pesos los erarios de sus estados,
abusando en contra de la población y su patrimonio.
Es cosa de
recordar la venta de propiedades millonarias en lo que cuesta un kilo de
aguacates. También, la puesta en riesgo a la población mediante el uso de
medicinas adulteradas.
Al momento
actual, ya se encuentra detenido un alto dirigente de una empresa privada
relacionada con la siderurgia, e incluso, ha sido dictada una ficha roja para
que la Interpol en uso del convenio internacional de colaboración con México,
detenga con fines de extradición al ex director de la paraestatal.
No se tiene que
ser conocedor del derecho para deducir que antes de dictarse la citada orden,
el involucrado debió haber sido citado a declarar lo que a sus intereses
convenga. Igualmente, que el asunto esté ajustado al debido proceso, necesario para una
eventual repatriación.
Hay que tener en
cuenta que con tanto dinero y gente importante de por medio, lo de menos sería conseguir el
número que se desee de asesores jurídicos, y hay algunos que como por arte de
magia podrían cambiar las cosas.
Si esto sucediera,
la 4T quedaría mal parada y los que sueñan con justicia muy decepcionados. Ya
ha ocurrido antes, que no se olvide.
Así van las cosas en la renovación del PRI
Todavía no se
publica la convocatoria para dar inicio “oficial” al proceso de renovación de
la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional, y ya parece
que las cosas empiezan a clarificarse, y a definirse la ruta por donde caminará
la sucesión.
Si alguien tenía
dudas acerca de que ese meteoro llamado Alejandro Moreno Cárdenas va con todo
para encabezar el futuro de su partido, debe bastarle con enterarse de los resultados
de la reunión sostenida por todos los gobernadores priistas, que tuvo como
punto culminante el apoyo total a la candidatura de nuestro gobernador.
En el proceso electivo
todavía no definido en cuanto a su mecánica, ha quedado claro que su desarrollo
será por la ruta de la consulta a la base nacional priista. Así parece, porque el
primer interesado desde un principio fue el gobernador campechano cuando las
cosas se pusieron difíciles por la presión de poderosos que pretendían encumbrar
al doctor Narro Robles por el camino de la “candidatura de unidad”.
Faltan pocas
semanas, atendiendo a que la renovación sería en septiembre, para que las cosas
queden debidamente definidas en lo que al proceso se refiere, porque en cuanto
a quien será el ganador, las dudas hace tiempo que han quedado despejadas.
... Y ALGO MÁS
Hay mucho desconcierto
Cierto es que en
cualquier cambio, sobre todo cuando es de fondo, se necesita de un lapso
razonable para lograr la adaptación. Esto es, tiempo para acoplarse a nuevas políticas y a la variación en el ritmo de la
actividad. En suma, adaptarse mentalmente. Ya no se diga si
este cambio implica despidos de personal.
El asunto es que, con el principio del mes, empezaron los movimientos en todas las
dependencias federales. Conforme a lo anunciado, ciento ochenta días después de
iniciado el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, todos los responsables de las
dependencias debían presentar sus renuncias ante la inminente desaparición de
la figura de delegado.
El problema real se está dando entre el personal de base y de confianza que
presta sus servicios en las dependencias que, a decir de los mismos, en aras de
un programa general de austeridad, están siendo despedidos de su trabajo o dejado sin efecto sus contratos.
Sucedió en Profeco, antes en SAT, Conagua y Semarnat, y tal parece que así seguirá.
Se entiende que
el gobierno federal tenga prioridades, se entiende también que en sus programas
se incluirán muchos cambios en la forma de operar de las dependencias del
ejecutivo. Pero también, debe pensarse que si estos cambios se dirigen a la
reducción de la plantilla laboral, muchos de los afectados son jefes de familia
y también, muchos de ellos, habrán votado por el cambio y llevado al poder a
quienes ahora considerarán sus verdugos.
Y de pronto el cielo se abrió
El suelo seco y el
calor sofocante, hicieron a los sufridos campechanos invocar a los santos de su
devoción. Y por fin, el cielo se abrió y una intensa lluvia, luego otra y otra,
se dejaron caer.
Drenajes tapados
por la basura, goteras, filtraciones, de todo en el fin en el fin de semana. Ni
el bello Bazar Artesanal se salvó. Afortunadamente, sin más consecuencias que alguna
ventana que requirió ser sellada.
En nuestro
hogar, gracias a un eficiente albañil, las cosas no pasaron a más. “Es natural,
"patrón", ha llovido mucho y su casa es muy antigua”, comenta el serio y responsable maestro de obra.

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