Ciertamente,
el presidente Andrés Manuel López Obrador sigue teniendo prisa, la misma de us
tres últimas campañas, y por qué no, la que mostró el día primero de diciembre
de dos mil dieciocho cuando se hizo cargo del gobierno mexicano.
Si
alguien pensaba que el primer mandatario iba a seguir los pasos de sus
antecesores, y en consecuencia las cosas seguirían como estaban, simplemente,
se equivocó. El presidente y su Cuarta Transformación van con todo para un
cambio a fondo, lo que incluye recuperar lo indebidamente dispuesto. Igual,
repartir la riqueza pública de la manera que lo entiende: tratando de que
alcance para todos, principalmente para los más desafortunados.
Difícil
pensar que detrás de su actitud hay ambiciones personales. Tiene una bien
ganada fama de honesto, y seguro que lo es, porque si en su carrera política se
hallara alguna mancha, una sola sospecha, hace mucho que hubiera sido
denunciada. Si algo ha pasado reiteradamente por el tamiz del escrutinio, ha
sido la historia de vida de López Obrador.
Tampoco
se podría decir que el presidente es un hombre rencoroso o perverso, al
contrario, en ocasiones luce algo romántico, diríase incluso que un poco
candoroso. Sus proclamas a favor de la honestidad y su confianza en erradicar
la corrupción, evocan actos de fe.
El
gobernador Carlos Miguel Aysa González lo dijo convencido en una visita a
Ciudad del Carmen: “....el presidente
Andrés Manuel López Obrador es un hombre bueno y bien intencionado… sin duda
alguna, con un poco de calma a Campeche le va ir muy bien con Petróleos
Mexicanos en Carmen”.
El
presidente, en su gran cruzada por cambiar las cosas, está enfrentando
inercias, en muchos casos de su propia gente. Ya se habrá dado cuenta que muchos
que lo acompañaron en su aventura de dieciocho años -y otros de cuño
reciente-, están enfrentados, aquí y en
otras partes del país. Por ambición de poder, por dinero, pero le están
fallando.
Urge
una revisión de hechos y conductas. Se necesita escuchar y no descalificar a la
gente, a los medios, a las redes sociales, y entonces sí, si hiciera falta,
dar un manotazo sobre el escritorio para
aclarar las cosas y poner a cada quien en su lugar.
Tal
vez nos equivoquemos y todo siga como está, pero lo más probable es que tan
pronto como el segundo año, el presidente decida cambiar su estrategia y
ajustar las cuentas a quienes ahora se benefician con compras, con
arrendamientos, con contratos de obra, con programas oficiales. Y se corrompen,
y le fallan, y lo engañan, y lucran con las cosas de su partido y su gobierno.
En
resumen, un manotazo para poner en su sitio a quienes ahora traicionan su
confianza. Un fuerte sacudón para que quede claro que la promesa presidencial
de combatir la corrupción incluye a la familia. Lo ha dicho y repetido: “la
justicia empieza en casa”, y ya sabemos lo que eso significa. Ecos del debate
El del pasado miércoles diecisiete fue un hecho inédito. Como no serlo si por primera vez el Partido Revolucionario Institucional hace un intento serio de democratización hacia el interior, para elegir una nueva dirigencia a través de un procedimiento desconocido.
Cómo no ser original la idea y el procedimiento, si el partido, en forma también inédita, está enfrentando la peor crisis política de su historia a partir de las elecciones del primer domingo de julio del año anterior.
Se dio el primer debate entre tres aspirantes tras la retirada del doctor Narro y el revés al señor Ruiz. Ambos, guardan silencio. El médico se fue, mientras que el otro, colmilludo, entendió que el golpeteo no sólo daña a su partido, lo perjudica a él mismo. De seguir, no tendría posibilidades ni en la última regiduría plurinominal del estado que “gobernó”.
Lástima que el llamado a la prudencia y el respeto no fue bien entendido por la ex gobernadora y actual candidata, que a falta de propuestas se la pasó utilizando toda clase de recursos sucios. Mal usó la comunicación, e invirtió tiempo y dinero para denostar a su rival. En el debate, apoyada por sus corifeos, continuó desoyendo a los árbitros del evento. Lo que son las cosas, ya lo habíamos comentado, el candidato agraviado no había hecho uso del derecho de réplica, a sabiendas de que el daño podría ser mayor para su partido.
Sin embargo, qué mejor lugar y momento para devolver agravios que el auditorio “Plutarco Elías Calles” la tarde-noche del encuentro. Alejandro Moreno propinó a Ivonne Ortega un impacto igual de certero que preciso y contundente.
La señora esperaba y seguro estaba preparada para responder por terrenos turísticos comprados por centavos; por cuantiosas “herencias”; por un sobrinito terrateniente. Tal vez por obras inconclusas. Nada de eso, Alito se limitó a decir: “Cuando .cl PRI más te necesitó, Ivonne, cuando debías estar con nosotros en el proceso electoral del 2018, nos abandonaste, nos dejaste solos, te fuiste a vivir a Londres" “¿Ustedes le creen a Ivonne? Yo tampoco".
El golpe fue duro, eficaz, directo, de contundencia tal que la señora sólo atinó a balbucear que había desaparecido del panorama nacional por recomendación del mismo candidato a la presidencia. Claro está, por el daño que su presencia pudiera hacerle. Vaya confesión tan cándida.
Fueron varios los compromisos que el ex gobernador realizó en el debate. Ofreció que el PRI regresará a servir al pueblo de México; que será una oposición inteligente y crítica; que volverá a ganar elecciones; que tendrá clara su fundamentación ideológica, y se volverá a integrar la Comisión Nacional de Ideología. Que el Partido Revolucionario Institucional será socialdemócrata, de centro-izquierda, y progresista.
Moreno Cárdenas afirmó categórico que el PRI está de regreso, a la vez que señaló que al resto de los partidos hay que decirles que los priístas “tenemos orgullo y carácter, que sabemos ganar, que sabemos tener resultados adversos, pero lo que más sabemos, es ponernos de pie y volver a ganar. Aquí estamos, firmes. Los mejor del PRI, se quedó en el PRI”.
Así las cosas, en este momento, los priístas de casta, sobre todo los campechanos se preguntan, ¿ustedes creen en Alito y en el PRI? Yo también.
… Y ALGO MÁS
Pluralidad, marca de la casa
Dos hechos relevantes marcan la orientación política e ideológica del actual gobierno a cargo del licenciado Carlos Miguel Aysa González: En primer lugar, el direccionamiento a los municipios de los recursos no utilizados en la obra vial del cruce de las avenidas Colosio y Central. El reconocimiento y el aplauso del presidente municipal de Hecelchakán, José Dolores Brito Pech, surgido de un partido de oposición, hablan por sí solos.
En otro caso, el nombramiento como titular de la Secretaría de Medio Ambiente, Biodiversidad y Cambio Climático a una conocida militante de un partido diferente al PRI, Ileana Herrera Pérez. De origen carmelita, es una activa luchadora social que dice las cosas claro y de frente. Su carácter la ha hecho alejarse varias veces de los reflectores por diferencias con su dirigencia, pero nunca separarse de su partido, Acción Nacional. Un gran acierto del gobernador.
Nombramientos acertados los de
Pedro y Christian
Tranquilos,
reposados, asertivos en sus respectivas encomiendas, Pedro Armentía López y
Christian Castro Bello están respondiendo a la confianza depositada en ellos
por el gobernador Aysa González.
Los
dos con altas responsabilidades. Armentía, institucional, sabe que su compromiso no es sólo con los
campechanos; fundamentalmente debe responderle al gobernador, que conoce de
verdad del cargo por haberlo desempeñado con total acierto. Si hubiera que
asegurarlo, diría que fue la plataforma ideal para ubicarlo donde ahora se
encuentra.
Christian
por su parte, con la experiencia acumulada durante su desempeño como delegado
de la Sedesol federal en el sexenio de Peña Nieto, sabe de la importancia que
la dependencia tiene para acercar a las familias campechanas los beneficios de
una administración con rostro humano.

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