El sinaloense de Guamúchil, Pedro Infante, a decir de algunos de sus
biógrafos, fue un hombre sano, deportista, y poco afecto a la bebida; sin
embargo; en la mayoría de sus películas aparece con una botella de tequila,
siempre blanco. Tal vez para beber agua sin que se notara.
En una película filmada en mil novecientos cincuenta y dos con el nombre
de “Los hijos de María Morales”, Infante Cruz, junto con Antonio Badú, su amigo
y compañero de parranda, se encuentra en un comercio callejero del antiguo
Distrito Federal dedicado a la venta de café.
A cada momento, el actor canta a media voz a “Doña Meche”, dueña del
negocio. ¿Qué hubo?, responde la sonriente señora. Y sigue el actor, “Sírvame
otra cucharada que me está cayendo el frío de la madrugada”. Y después, “si no
tengo dinero “hay” le pagaré mañana”.
Veinte años después, junto a una vecindad de la Colonia Roma de la
Capital, la Señora Mary, de negro y raído delantal, atiende una minúscula
miscelánea de unos tres metros cuadrados; superficie seguramente descontada a
la sala o el comedor de la primera casa del conjunto habitacional. Su mejor
horario, las últimas horas de la tarde y la mayor parte de la noche.
Justo enfrente, el establecimiento de “El Español”. Sentado en una silla
de ruedas, el dueño se pasa el día a la
entrada de su vinatería (perdió una pierna en un accidente). Cuatro o cinco
empleados despachan ultramarinos bajo su escrutadora mirada. Antes del cierre,
la Señora Mary acude a comprar principalmente retazos de jamón para la larga
noche que le espera con tanto parroquiano que saciará su hambre y su sed en su
establecimiento.
Los tres negocios, ubicados en tiempo fuera del alcance de la nueva
realidad, se ubicarían en el contexto de lo que ahora se conoce como Micro,
Pequeñas y Medianas Empresas (mipymes) por su clasificación en un sector del
comercio que rebasa con ventaja los
cuatro millones de establecimientos.
Negocios como los de Doña Meche y la Señora Mary, acudirán cada día a
establecimientos como el del peninsular a surtir insumos necesarios para su día
a día. Además, pagarán agua, luz, gas, renta si la hay, empleados en su caso y, por
supuesto, reservarán una pequeña ganancia para sostener a su propia familia.
Impuestos, patentes, refrendos y derechos son otra cosa.
Este año no iba a ser la excepción. Para los sucesores de Meche, Mary y
el europeo, abril resulta el más temido de los doce meses del año. Habrá
llegado el momento de enfrentar la realidad de
pagar al fisco. Las utilidades de principios del año deberán ser destinadas
a ponerse a mano con Hacienda. Imaginen que pasaría si las ventas disminuyen o
se suspenden como ocurre con la actual emergencia sanitaria.
El préstamo de veinticinco mil pesos con bajos intereses y plazo de
dieciocho meses ofrecido por el presidente, poco haría sin reglas claras e
incentivos adicionales. Serviría si acaso para cubrir lo que deben al fisco.
Saldría el dinero del gobierno y regresaría a sus manos. Los pequeños
empresarios tendrían una deuda extra de mediano plazo, y el compromiso de
seguir pagando salarios, renta, luz,
servicios, y más impuestos.
Mientras tanto, pareciera surgir un rayo de luz y esperanza en el pleito
del gobierno contra los ricos, y entre
el presidente y los "neoliberales" y "conservadores", que
nada tienen que ver con los pequeños. Se podrían recuperar desde el acuerdo
civilizado, todo o en parte, los cincuenta mil millones de pesos retenidos por quince mexicanos.
Cantidad tan absurda como las ofensas y descalificaciones que han surgido de
diferentes frentes y trincheras.
Hay buenas señales, pero se requiere ya el acuerdo nacional a que nos
hemos referido en varias ocasiones. Igual o mejor que el Pacto de Solidaridad
Económica de diciembre de mil novecientos ochenta y siete con Miguel de la
Madrid Hurtado, o el Pacto por México de diciembre de dos mil doce con Enrique
Peña Nieto en la presidencia.
Es preciso escuchar todas las voces. Ricos y pobres, religiosos y
profanos, buenos y malos, tienen derecho a hablar. México y la salud de su
gente no son “como anillo al dedo”;
menos aún, “temporada de zopilotes”. El país es, que se escuche bien y
que se entienda, propiedad y responsabilidad de todos los mexicanos antes que
botín político de unos cuantos.
Plan local de Contingencia Económica
Preparados y listos, así anunció el gobernador Carlos Miguel Aysa
González a sus coterráneos y gobernados el bien nombrado Plan de Contingencia
Económica para enfrentar el impacto que podría generar la contingencia
sanitaria que es ya parte de nuestra realidad.
El bien estudiado programa no podía esperar. El gobierno campechano se
adelantó al federal y se emparejó y hasta superó a otras entidades federativas.
De avanzada la acción para superar la crisis, de salud de momento, pero
indudablemente de carácter económico con el correr de las semanas.
Prolijo enumerarlas, pero dignas de destacar acciones como el garantizar
la alimentación de la población con especial énfasis en el medio rural; subsidio
de la mitad del consumo eléctrico en la mayoría de los casos; más obra pública;
créditos y microcréditos a pequeños empresarios. También, atención a los sectores
productivos; recursos a pescadores de ribera y altura por veda y baja captura.
Y además, algo de verdad importante, el pago de sus facturas a
proveedores del Gobierno del Estado. Con esta última acción, quien podría negarse
si el gobierno de Aysa alguna vez solicita a los patrones seguir cubriendo sus
salarios a los trabajadores.
… Y ALGO MÁS
Acciones del DIF
Muy orgullosa del personal que labora en el Sistema Estatal para el
Desarrollo Integral de la Familia, también
o más conocido como DIF Estatal. De esa manera se expresó la presidenta
de su patronato, la señora Victoria Damas de Aysa.
Con entusiasmo, pero guardando las debidas precauciones, la esposa del
gobernador acompañada de la directora general del organismo, la entusiasta
señora Sonia Castilla Treviño, muy cercana a doña Victoria y siempre a su lado
cuando de servir a la comunidad se trata, hicieron un exhaustivo recorrido por
diferentes puntos de la ciudad de Campeche.
El motivo del recorrido no podría ser más altruista: hacer entrega a los habitantes
de colonias y barrios en los que habita mayor número de campechanos en situación
de pobreza alimentaria, de dos toneladas de pescado.
Los dos mil kilos de productos del mar que beneficiaron a quinientas
familias campechanas, fueron producto de la gestión de la señora de Aysa y la
respuesta positiva de empresarios sensibles a las necesidades de la gente. En
este caso, los propietarios de la Congeladora Marganzo.
Lo anterior demuestra que no obstante la difícil situación por la que
pasan las empresas, siempre habrá una o más que respondan generosamente al
emotivo llamado de las nobles damas que dirigen nuestro DIF.
Del
huerto a la mesa
“Del huerto a tu mesa”. Con este nombre calificó en una rápida entrevista
el secretario General de Gobierno, Pedro Armentía López, el nuevo programa que
estará a cargo de la Secretaría de Desarrollo Rural del gobierno estatal.
Se trata de llevar productos frescos del campo y a bajo costo a los
habitantes de las colonias. A partir del lunes trece de este mes de abril, y dentro del programa de Seguridad Alimentaria del Comité de Abasto y de las
acciones del Plan de Contingencia Económica.
Lo ideal sería que la Seder y en particular su titular, Ignacio España, dentro de las precauciones que dicta la sana distancia, echen a volar un poco el ingenio e incluyan más beneficiarios para mejorar el programa.
Con el aislamiento social, la mitad de la población, entre ellos muchos
adultos mayores, permanecen en sus casas y difícilmente tienen acceso a una
sana alimentación. Una innovación sería el servicio de entrega a domicilio. Con
imaginación podrían involucrar a algunos campechanos necesitados de los ingresos
que proporcionarían las propinas y alguna modesta ganancia.

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