domingo, 12 de abril de 2020

DE MUCHO, UN POCO/Tres escenarios, una realidad


Tres escenarios, una realidad, lo demás es o podría ser fantasía del autor:
El sinaloense de Guamúchil, Pedro Infante, a decir de algunos de sus biógrafos, fue un hombre sano, deportista, y poco afecto a la bebida; sin embargo; en la mayoría de sus películas aparece con una botella de tequila, siempre blanco. Tal vez para beber agua sin que se notara.
En una película filmada en mil novecientos cincuenta y dos con el nombre de “Los hijos de María Morales”, Infante Cruz, junto con Antonio Badú, su amigo y compañero de parranda, se encuentra en un comercio callejero del antiguo Distrito Federal dedicado a la venta de café.
A cada momento, el actor canta a media voz a “Doña Meche”, dueña del negocio. ¿Qué hubo?, responde la sonriente señora. Y sigue el actor, “Sírvame otra cucharada que me está cayendo el frío de la madrugada”. Y después, “si no tengo dinero “hay” le pagaré mañana”.
Veinte años después, junto a una vecindad de la Colonia Roma de la Capital, la Señora Mary, de negro y raído delantal, atiende una minúscula miscelánea de unos tres metros cuadrados; superficie seguramente descontada a la sala o el comedor de la primera casa del conjunto habitacional. Su mejor horario, las últimas horas de la tarde y la mayor parte de la noche.
Justo enfrente, el establecimiento de “El Español”. Sentado en una silla de ruedas, el dueño  se pasa el día a la entrada de su vinatería (perdió una pierna en un accidente). Cuatro o cinco empleados despachan ultramarinos bajo su escrutadora mirada. Antes del cierre, la Señora Mary acude a comprar principalmente retazos de jamón para la larga noche que le espera con tanto parroquiano que saciará su hambre y su sed en su establecimiento.
Los tres negocios, ubicados en tiempo fuera del alcance de la nueva realidad, se ubicarían en el contexto de lo que ahora se conoce como Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (mipymes) por su clasificación en un sector del comercio que rebasa con ventaja  los cuatro millones de establecimientos.
Negocios como los de Doña Meche y la Señora Mary, acudirán cada día a establecimientos como el del peninsular a surtir insumos necesarios para su día a día. Además, pagarán agua, luz, gas,  renta si la hay, empleados en su caso y, por supuesto, reservarán una pequeña ganancia para sostener a su propia familia. Impuestos, patentes, refrendos y derechos son otra cosa.
Este año no iba a ser la excepción. Para los sucesores de Meche, Mary y el europeo, abril resulta el más temido de los doce meses del año. Habrá llegado el momento de enfrentar la realidad de  pagar al fisco. Las utilidades de principios del año deberán ser destinadas a ponerse a mano con Hacienda. Imaginen que pasaría si las ventas disminuyen o se suspenden como ocurre con la actual emergencia sanitaria.
El préstamo de veinticinco mil pesos con bajos intereses y plazo de dieciocho meses ofrecido por el presidente, poco haría sin reglas claras e incentivos adicionales. Serviría si acaso para cubrir lo que deben al fisco. Saldría el dinero del gobierno y regresaría a sus manos. Los pequeños empresarios tendrían una deuda extra de mediano plazo, y el compromiso de seguir pagando salarios, renta, luz,  servicios, y más impuestos.
Mientras tanto, pareciera surgir un rayo de luz y esperanza en el pleito del gobierno contra  los ricos, y entre el presidente y los "neoliberales" y "conservadores", que nada tienen que ver con los pequeños. Se podrían recuperar desde el acuerdo civilizado, todo o en parte, los cincuenta mil millones de pesos retenidos por quince mexicanos. Cantidad tan absurda como las ofensas y descalificaciones que han surgido de diferentes frentes y trincheras.
Hay buenas señales, pero se requiere ya el acuerdo nacional a que nos hemos referido en varias ocasiones. Igual o mejor que el Pacto de Solidaridad Económica de diciembre de mil novecientos ochenta y siete con Miguel de la Madrid Hurtado, o el Pacto por México de diciembre de dos mil doce con Enrique Peña Nieto en la presidencia.
Es preciso escuchar todas las voces. Ricos y pobres, religiosos y profanos, buenos y malos, tienen derecho a hablar. México y la salud de su gente no son “como anillo al dedo”;  menos aún, “temporada de zopilotes”. El país es, que se escuche bien y que se entienda, propiedad y responsabilidad de todos los mexicanos antes que botín político de unos cuantos.

Plan local de Contingencia Económica 
Preparados y listos, así anunció el gobernador Carlos Miguel Aysa González a sus coterráneos y gobernados el bien nombrado Plan de Contingencia Económica para enfrentar el impacto que podría generar la contingencia sanitaria que es ya parte de nuestra realidad.
El bien estudiado programa no podía esperar. El gobierno campechano se adelantó al federal y se emparejó y hasta superó a otras entidades federativas. De avanzada la acción para superar la crisis, de salud de momento, pero indudablemente de carácter económico con el correr de las semanas.
Prolijo enumerarlas, pero dignas de destacar acciones como el garantizar la alimentación de la población con especial énfasis en el medio rural; subsidio de la mitad del consumo eléctrico en la mayoría de los casos; más obra pública; créditos y microcréditos a pequeños empresarios. También, atención a los sectores productivos; recursos a pescadores de ribera y altura por veda y baja captura.
Y además, algo de verdad importante, el pago de sus facturas a proveedores del Gobierno del Estado. Con esta última acción, quien podría negarse si el gobierno de Aysa alguna vez solicita a los patrones seguir cubriendo sus salarios a los trabajadores. 

… Y ALGO MÁS

Acciones del DIF 
Muy orgullosa del personal que labora en el Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia, también  o más conocido como DIF Estatal. De esa manera se expresó la presidenta de su patronato, la señora Victoria Damas de Aysa.
Con entusiasmo, pero guardando las debidas precauciones, la esposa del gobernador acompañada de la directora general del organismo, la entusiasta señora Sonia Castilla Treviño, muy cercana a doña Victoria y siempre a su lado cuando de servir a la comunidad se trata, hicieron un exhaustivo recorrido por diferentes puntos de la ciudad de Campeche.
El motivo del recorrido no podría ser más altruista: hacer entrega a los habitantes de colonias y barrios en los que habita mayor número de campechanos en situación de pobreza alimentaria, de dos toneladas de pescado.
Los dos mil kilos de productos del mar que beneficiaron a quinientas familias campechanas, fueron producto de la gestión de la señora de Aysa y la respuesta positiva de empresarios sensibles a las necesidades de la gente. En este caso, los propietarios de la Congeladora Marganzo.
Lo anterior demuestra que no obstante la difícil situación por la que pasan las empresas, siempre habrá una o más que respondan generosamente al emotivo llamado de las nobles damas que dirigen nuestro DIF. 

Del huerto a la mesa 
“Del huerto a tu mesa”. Con este nombre calificó en una rápida entrevista el secretario General de Gobierno, Pedro Armentía López, el nuevo programa que estará a cargo de la Secretaría de Desarrollo Rural del gobierno estatal.
Se trata de llevar productos frescos del campo y a bajo costo a los habitantes de las colonias. A partir del lunes trece de este mes de abril, y dentro del programa de Seguridad Alimentaria del Comité de Abasto y de las acciones del Plan de Contingencia Económica.
Lo ideal sería que la Seder y en particular su titular, Ignacio España, dentro de las precauciones que dicta la sana distancia, echen a volar un poco el ingenio e incluyan más beneficiarios para mejorar el programa.
Con el aislamiento social, la mitad de la población, entre ellos muchos adultos mayores, permanecen en sus casas y difícilmente tienen acceso a una sana alimentación. Una innovación sería el servicio de entrega a domicilio. Con imaginación podrían involucrar a algunos campechanos necesitados de los ingresos que proporcionarían las propinas y alguna modesta ganancia.
 



 

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