John Charles Carter, nacido en el estado de Illinois el primer cuarto del siglo anterior, fue internacionalmente conocido con el nombre artístico de Charlton Heston. Versátil, protagonizó películas de todo tipo, en especial cintas épicas de Cecile B. Demille como "Moisés" y "Ben Hur". "El Espectáculo más grande del mundo”, “El planeta de los simios”, y otras de ciencia ficción.
Una en especial, filmada en mil novecientos setenta y tres bajo la dirección
de Richard Fleischer con coprotagonistas como el conocido Edward G. Robinson. Con el título original de “Soylent Green”, se conoció en México como “Cuando el
destino nos alcance”.
En la trama, cuarenta millones de neoyorkinos de un hipotético futuro, se
alimentan con unas barritas supuestamente vegetales conocidas como soylent green. La investigación de un crimen lleva a un detective (Heston) a descubrir
un secreto de estado espantoso, catastrófico. la producción del elemento a base
de materia orgánica de ancianos sacrificados.
El tema no era nuevo, antes y ahora ya se ha especulado y hecho cine con
el argumento de la sobre población mundial, y los costos de sostener a un sector
inactivo después de dar trabajo y experiencia a la sociedad. La dramática idea,
desde la época nazi, cada tanto vuelve a la agenda pública como una aberrante “selección natural”.
No podía dejar de aprovecharse la presente contingencia, y de pronto, muy
temprano y sin un poco de sensibilidad, se lanza de nuevo al aire la posibilidad de
abandonar a su suerte a los viejos. En este orden de ideas, anciano, de nada
sirve que te encierres y que un joven se pasee sin precauciones, porque a la
hora de decidir quien vivirá, tú serás el sacrificado.
Tal vez sea cierto, no sabemos, pero se especula que a los responsables, la falta de
recursos y de atención oportuna al que en teoría será uno de los mejores servicios médicos del
mundo, ocupados como han estado en la cacería hasta ahora infructuosa de los
saqueadores del sector salud, no les dio tiempo de adquirir los insumos
necesarios para atender a todos.
Una perla las poco afortunadas declaraciones del popular sub secretario Hugo López-Gatell,
cuando advierte que, por disposición del Consejo de Salubridad General, si se
desborda el contagio y no alcanzan los insumos médicos, “Los hospitales saben
qué hacer: salvar a quien puede vivir más tiempo”. En lenguaje llano, eutanasia
para los viejos que se cuidaron a favor de algún joven irresponsable que se
paseó sin precauciones.
Hasta la UNAM rechazó el contenido de la
Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica publicada por el
Consejo de Salubridad General, que establece que “ante la saturación de los
servicios de cuidados intensivos por el Covid-19, se priorizará a pacientes
jóvenes sobre adultos mayores, o de aquellos que tengan una enfermedad crónica”.
Obra de funcionarios que no calcularon la dimensión de lo que aprobaron.
Crisis afectiva de quienes desdeñaron el contenido social de los programas del presidente y
su deseo de proteger a los más débiles, lo que incluye a los adultos mayores. Así, dejaron de
lado ciertos valores como el de amar a los abuelos igual que lo hacen la mayoría de los
mexicanos.
A los ocurrentes -el principal ya renunció-,
les recomendaría leer "No serás un extraño", de Thomas Morton. Podrán
sentir las tristezas del novel médico Lucas Marsh que parecieran volverse actuales. Fiel
al mandamiento hipocrático, consideraba que el fin de la medicina consiste
en salvar vidas, no en sacrificarlas. Los ancianos tienen derecho a vivir antes
que ser víctimas de un nuevo holocausto oficialmente consentido.
No sabemos si por falta de recursos, el sistema
que idealmente sería uno de los mejores del mundo, no tuvo tiempo para adquirir
los insumos necesarios para ancianos y enfermos crónicos, y mejor decidió
sacrificarlos. De paso, se ahorraría pensiones oficiales y la ayuda bimestral,
Suena de ciencia ficción, pero resulta conveniente. Si lo hubieran decidido así en otras
partes, no viviría el primer ministro inglés, ni dado de alta a varias docenas de ancianos centenarios.
La injusta aplicación del Código de
Bioética en contra de los ancianos y los que padecen alguna enfermedad preexistente, pudo
haber aparejado delitos de lesa humanidad, como el retorno de la pena de
muerte, las ejecuciones sumarias, el genocidio, y hasta la violación al derecho
humano más elemental, el que se tiene a la vida ¡Los sobrevivientes hubieran esperado a los verdugos cuando vinieran por sus votos!
Campeche, en
buenos términos con el gobierno federal
“El petate del muerto”, suele ser el aforismo utilizado para dar a
entender “me quieres espantar pero no tienes con qué”. Así el intento de un
grupo de gobernadores que buscan más recursos mediante la presión de impulsar la modificación del pacto fiscal.
Los rijosos reclaman, exigen, y de paso minimizan y rechazan cualquier
apoyo que les llega. Sus razones tendrán para apretar sus exigencias, las que
desde luego y con mucho respeto, no comparte Carlos Miguel Aysa González.
Político de verdad curtido, el gobernador no ha dicho esta boca es mía ni ha
reclamado en absoluto al gobierno federal.
Con recursos propios, escasos bajo las actuales circunstancias, con
imaginación y novedosas políticas económicas y sociales, el gobierno campechano, lejos de exigir,
ha tendido su mano generosa al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y en particular al director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, para paliar los efectos de la pandemia, y en
especial la aparición de contagiados que vía la paraestatal han incrementado el
número de los locales.
El
abrazo reciente con el jefe del ejecutivo federal, ratificó la empatía y buena
relación que existe, y que sin lugar a dudas se reflejará al término de la
actual e inédita circunstancia. Dijo el gobernador y dijo bien, que “los
tiempos actuales ameritan que todos los sectores y los órdenes de gobierno se
unan, trabajen en la misma dirección, sean solidarios y tomen los mejores
acuerdos porque lo que está en riesgo es la salud de los mexicanos y la
economía del país”.
En
reciente entrevista, el licenciado Aysa fue puntual al poner en claro su propósito
de marchar juntos: “Estamos en constante
comunicación con las autoridades federales y sostenemos una relación muy
cercana y de profundo reconocimiento al trabajo que se lleva a cabo de manera
conjunta con los tres órdenes de gobierno, a fin de proteger a la población y
atender las necesidades de los sectores más vulnerables” ¡No requiere
comentarios!
... Y ALGO MÁS
El trabajo del
DIF, vital
Con precaución, pero renovado ritmo, el DIF Estatal que dirige doña
Victoria Damas de Aysa, apoya la labor de la administración del gobernador
Carlos Miguel Aysa González. El personal de la institución, recorre varios
puntos de la Capital entregando despensas que apoyen la alimentación de las
familias de esos rumbos, ahora y mientras dure la contingencia sanitaria.
El mensaje que la directora general del Sistema DIF, Sonia María Castilla
Treviño lleva a los beneficiados a nombre de la presidenta del Patronato y del
gobernador, es de aliento y de esperanza y con ello, les da la certeza de que
en estos momentos difíciles no están solos y tanto el DIF como el gobierno
estatal trabajan en equipo a su favor.
Motivados por las acciones de la parte oficial, algunas empresas y
particulares, a través del DIF o directamente, están haciendo llegar apoyos.
Destacable el consorcio gasolinero y de servicios que reparte despensas y
cientos de litros de gel antibacterial.
Se necesita más gente noble, solidaria y empática que aporte un poco o un
mucho de lo que posee, recordando que nadie tiene tanto como para no necesitar de
alguien, ni tan poco como para no estar en posibilidad de ayudar a otro.
Quédense en casa
Preocupante, no hay otra manera de calificarla, la obstinación de quienes
a pesar de las advertencias, continúan en las calles, principalmente de las
ciudades que, a diferencia de las poblaciones pequeñas, ofrecen menos
posibilidades de control.
Es cierto que muchos salen por necesidad, y por falta de un empleo fijo
dejan sus casas y a sus familias para ir en busca del pan. Existen, están ahí,
lo sabemos, aunque no son todos los que se concentran en las calles y en los
lugares de reunión. El mercado principal es uno de ellos.
Ya se ha intentado establecer límites y barreras, se han cerrado calles y
avenidas, pero continúa invariable la actitud de algunos contumaces. La contención debe
continuar hasta hacerse más severa, no quedará otro remedio.


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