domingo, 10 de mayo de 2020

DE MUCHO, UN POCO/Ciudadanos al grito de guerra


Wikipedia, La Enciclopedia Libre, ese recurso literario que por su facilidad de consulta ha convertido en obsoletos los gruesos volúmenes de las enciclopedias que lucen empolvadas en los estantes, la define de esta manera.
La guerra, en su sentido estrictamente técnico, es aquel conflicto social en el que dos o más grupos humanos relativamente masivos -principalmente tribus, sociedades o naciones- se enfrentan de manera violenta, preferiblemente, mediante el uso de armas de toda índole, a menudo con resultado de muerte -individual o colectiva- y daños materiales de una entidad considerable”.
Guerra es por definición, un conflicto socio-político entre dos o más grupos humanos de diferente ideología, motivación y propósitos, que pueden ir desde la sagrada defensa de la soberanía y el territorio hasta la vil intención de arrebatar a otra nación su suelo o los recursos que la naturaleza le dotó.
Las guerras han sido totales como la primera y segunda conflagraciones, que envolvieron a la mayoría de las naciones en un conflicto armado que destruyó casi en su totalidad sus economías. Las ha habido parciales como las de Reforma y Revolución en México, la Bolchevique en Rusia, la Civil de España,  y la de Secesión en Estados Unidos, por ejemplo.
Su origen es tan remoto como la larga noche de los tiempos, y han experimentado cierto grado de sofisticación, hasta el establecimiento de reglas para su práctica. Armamento, uniformes, y otras cosas que observar entre los beligerantes. Reclutamiento, leva, voluntariado, pero principalmente, profesionales en el uso de las armas y los recursos bélicos.
Queda claro, y muy claro, que en una guerra hay bajas en combate, víctimas casuales y, los criticados daños colaterales. No obstante, el mayor número ha de darse entre la gente de uniforme y con un arma en la mano, de preferencia sin afectar a la sociedad civil, y menos aún a mujeres, niños y ancianos.
En sentido estricto, si bien no está pactado en ningún tratado u ordenamiento, existe otro tipo de guerra, más cruel, más letal, y con consecuencias más graves que enfrentarse a un rival visible y con una indumentaria determinada, la que se libra en contra de micro organismos.
En una guerra bacteriológica o contra nuevas cepas, no existen reglas claras para combatir al enemigo que cíclicamente se ensaña con la humanidad. Cólera, peste, viruela, gripe española, influenza, polio, sarampión, difteria y otros males, suelen ser más crueles por un enemigo que no se ve y por mala fortuna, golpea con saña primero a los más débiles y vulnerables.
Ahora mismo, México y el mundo libran una feroz batalla contra un virus que aunque estábamos avisados de su llegada, nos encontró divididos, desinformados y mal equipados. Tres meses de anticipación no fueron suficientes para formar un frente común y un ejército vestido de blanco, pertrechado y preparado para enfrentar a un enemigo que no es de carne y hueso.
Un noble ejército está dando la cara por nosotros. Un puñado de hombres y mujeres de albo traje, desabastecidos y con recursos a veces aportados por ellos mismos, han formado un sólido muro de contención a la pandemia. Lamentablemente, muchos de esos soldados de la salud han caído en la batalla, lo que nunca debió ocurrir. 
Noticias falsas, errores, falta de coordinación, ineptitud, impericia, improvisación, dolo, mala fe, sucios actos de corrupción, eso y otras cosas habrán de saberse cuando todo haya terminado y llegue la hora de poner las cosas en su lugar. Se sabrá quienes fallaron a los mexicanos. Por qué se hicieron compras de equipos a precios altísimos a personas ligadas a altos funcionarios del gobierno, sin licitaciones y sin cubrir los mínimos requisitos de la debida transparencia.
Llegará el día en el que la voz de los muertos, sean doctores, enfermeros o gente del pueblo, a través de los que queden exijan respuestas claras de lo que realmente ocurrió. Cuando lleguen los recuentos, podría haber cosas que hagan ponerse rojo el rostro de la famosa “casa blanca”, y hasta palidecer asuntos como el tristemente célebre de las quimioterapias con agua. A la hora de la verdad, el juicio de la sociedad y también el de la historia serían implacables ¡Al tiempo! 

Lo que pasa en Champotón, se queda en Champotón 
Ni las hojas de los árboles se mueven sin la voluntad de Dios”, solían decir las venerables cuanto religiosas abuelas que acompañaron e hicieron feliz nuestra niñez pueblerina.
Si no te gustan los resbalones, ni te pares por la cocina”. También, “si quieres saber el nombre de tus antepasados, métete a la política”, decía socarronamente el abuelo de las miles de historia en las cálidas sobre mesas de la casa paterna.
Pi-pi, pinto y pa-pa, rado”, repetía a cada momento en medio de la adrenalina de cada jugada el consuetudinario e inveterado jugador de póker de la cabecera chenera, popular por su tartamudez que se acentuaba con la emoción de los embates entre tercias, fulles y corridas mayores.
Algo así habrá sucedido en el hogar de célebres personajes y entrañable escenario de la histórica “mala pelea”. La semana que recién concluyó, una dama vestida con vistosa blusa y peculiar calzado, pretendiendo apoyar la alicaída causa de su partido, al grito de “basta ya de robarnos lo que el presidente nos regala”, armó la gresca y la de dios es padre.
Tras romper bolsas y desparramar frijol con gorgojos, detuvieron el tránsito para imponer un nuevo peaje no oficial a los transportistas. Vaya sorpresa cuando se enteró de que “su” presidente y su gobierno nada les habían regalado. Que en sus nuevas políticas, venden la mercancía a los estados y municipios para que estos la obsequien.
Ya sabrá que para apoyarla a ella y a su causa, se ha declarado como actividad esencial la operación de las casas de empeño. Si por ahí tienen un televisor, una computadora, un teléfono o algo más, pueden dejarlos con un módico interés para invertir en despensas a su gusto y bien surtidas. 

… Y ALGO MÁS

En Campeche mucha gente se queda en casa 
Totalmente cierto, y sin meterse en comparaciones con otras regiones, lo afirman medios nacionales. La gente ha acatado en buena medida la indicación de quedarse en casa. Un cincuenta o sesenta por ciento de la población practica el aislamiento.
Las autoridades estatales con el gobernador Carlos Miguel Aysa González al frente, las federales y municipales, el DIF de doña Victoria Damas de Aysa y diversos organismos empresariales, asistenciales, de servicios y hasta generosos ciudadanos, están aportando su esfuerzo para apoyar a la gente más vulnerable.
No obstante, aún se encuentran en las calles algunos mal informados que nada tienen que hacer en ellas. Sin observar las medidas sanitarias aconsejadas por los expertos, los rebeldes ponen en riesgo al resto de la población. Mayo es un mes crucial, y hasta junio se sabrá si hubo éxito o por el contrario, complican el trabajo de quienes arriesgan su propia vida para salvar las de otros. 

El versátil doctor Narro 
A no dudarlo, siguen vigentes los recuerdos de un culto doctor José Narro Robles cuando en un arranque de furia partidista pretendió arrebatar la conducción del PRI a un mago de la política, el paisano Alejandro Moreno Cárdenas.
Todavía se percibe el olor a pólvora de los encendidos reclamos del ex rector de la casa de estudios más importante del país cuando ya, acostumbrado al pleito, busca notoriedad subiendo al ring para enfrentarse con el popular doctor Hugo López-Gatell.
Interés profesional, afán de notoriedad, búsqueda de reflectores, por lo que sea, está tratando de desvirtuar el trabajo del científico. A pesar de los varios frentes abiertos por el subsecretario con la prensa internacional, ciertos pecadillos anteriores, y que un simple juego de cifras pondría en entredicho las estadísticas que maneja, no se antoja lógico sacrificarlo a estas alturas de la contingencia. 
Lo bueno es que el sub secretario ha tomado las cosas hasta con cierto sentido del humor. No agreguen leña a la hoguera ni dudas a lo que ya sabemos. La salida del doctor propiciaría más caos y desconcierto y con el que ya existe tenemos suficiente.

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