domingo, 3 de mayo de 2020

DE MUCHO, UN POCO/Habla en plural, actúa en singular

Dicho con el mayor respeto, si nos atenemos al uso del sujeto de las oraciones en los discursos de  las “mañaneras”, el presidente  rara vez utiliza, o más bien, nunca utiliza la primera persona del singular. Si uno se fija, con demasiada frecuencia habla desde la primera persona, pero del plural. Nosotros, para terminar pronto.
Una frase suelta de una de las conferencias tempraneras de don Andrés Manuel López Obrador pone claridad al asunto: “Ahora, miren, cualquier persona que hable en contra de nosotros tiene garantizadas las ocho columnas, pero además tiene derecho el licenciado a expresarse, a manifestarse; sin embargo, estamos en temporada especial”.
Tras la polémica con los empresarios por el ofrecimiento de factoraje del BID, el presidente aventó culpas y regañó a sus más cercanos colaboradores. Ni el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, tampoco el eficiente Canciller Marcelo Ebrard parecieron estar incluidos en el concentrador nosotros.
Así ocurrió con una de las voces más sabias de la Cuarta Transformación, el diputado Porfirio Muñoz Ledo. El otrora destacado aliado no parece estar comprendido en el nosotros clasificatorio. La negativa del mítico personaje a los cambios en materia del presupuesto para una total discrecionalidad en la reasignación de partidas, al parecer no fue bien recibida.
La facultad de asignar los recursos presupuestarios -de siempre potestad del legislativo-, está tratando de ser delegada al primer mandatario a través de  los legisladores de Morena en un acto de sumisión y entrega sin precedentes. Con el generoso obsequio, el titular del ejecutivo federal se convertiría de facto en el más poderoso de la historia contemporánea.
El ejecutivo mexicano esta vez no será coronado como una especie de emperador o alteza serenísima. Todavía no tiene facultades que vayan más allá de lo que la Carta Magna otorga a los presidentes. No lograron la obligada mayoría en la Permanente para convocar a un período extraordinario y ejecutar la orden presidencial. Les faltó convencer a uno solo de los opositores.
La cuestión era saber si habría entre las oposiciones un “judas” que se exhibiera con una traición. En situaciones diferentes no lo dudaríamos, treinta monedas podrían ser suficiente tentación. Sin embargo, si la graciosa concesión se diera y en su aplicación superara el tiempo de la crisis sanitaria, luego la económica, y se prolongara por el resto de la administración de López Obrador y más allá, el juicio de la historia podría serle implacable.
Apartado sin querer del tema, insistiría en la búsqueda de quien o quienes encajarían en el envolvedor nosotros. Podrían ser con justo merecimiento los diputados de Morena los que al fin de cuentas encajen en la honrosa clasificación por su automática disposición a complacer la mínima sugerencia y hasta algún capricho presidencial.
O será que el nosotros corresponde al cada vez más popular doctor Hugo López-Gatell. El creador de la frase “la fuerza del presidente es moral, no de contagio”; quien todavía no “instruye” al presidente a tomar medidas de protección y dar el ejemplo a los ciudadanos incrédulos que ya abundan en los hospitales.
El sub secretario de la voz pausada e infinita paciencia; el hombre de tan alto valor político en la actualidad. El funcionario que de un plumazo y dando al asunto un cariz científico, disimula  un triunfo de la sociedad y cancela por ahora las ansias de los diputados de entregar su soberanía. Podría ser parte del nosotros; lo saben él y el presidente, nosotros, no. 

El deseado acuerdo nacional 
Lo hemos dicho en esta columna y hemos insistido en otros espacios: No es sólo necesario, es imprescindible integrar en un solo bloque a todas las organizaciones políticas, religiosas, obreras, burocráticas, patronales, y a la sociedad civil.
A los empresarios se les exige seguir pagando a sus trabajadores. No es malo, es una gran medida, como también lo sería que el gobierno federal les otorgue incentivos fiscales. En lugar de ello, se les exigen sus declaraciones anuales y se les atosiga con el cumplimiento de sus obligaciones. Claro que es necesario el dinero para el gobierno en estos y otros tiempos, pero igual lo necesitan los empresarios, sobre todo los pequeños para subsistir.
En una de sus conferencias, el primer mandatario aceptó tácitamente que sigue la corrupción, y se quejó amargamente de la que existe en las aduanas, en donde anualmente se fugan capitales mayores a los que en campaña afirmó que utilizaría para resolver los problemas nacionales.
Encarrerado, el presidente repitió lo que tantas veces ha dicho, y arremetió contra los que "todo lo quieren convertir en política y volverlo electoral" con la vista puesta en las próximas elecciones. Otro motivo más para que de una vez por todas, las fuerzas políticas nacionales celebren un acuerdo y pongan en primer sitio lo que es de verdad prioritario. 

… Y ALGO MÁS

Las neuronas espejo y la respuesta social 
Pensaba que lo de las neuronas espejo era leyenda urbana y que nada tendrían que ver con la empatía y el diario acontecer. Las personas actúan –suponía- según sus principios y valores y no como acto reflejo de lo que ocurre en la sociedad. Explicable: temprano, en lo que se ha dado por llamar crisis sanitaria, quienes conducen los destinos de la entidad, entendieron que paralelamente y a consecuencia de la misma, se desataría otra de tipo económico y social.
Mientras que a nivel central y en no pocas entidades se destapaba el pleito y se aventaban culpas, el gobierno de Carlos Miguel Aysa González se dedicó a trabajar. El gobernador y su equipo, sin saber de qué modo llegaría la ayuda federal, se pusieron a diseñar estrategias de salud y económicas para paliar las dos cuestiones, la sanitaria y la de la economía.
En el DIF estatal, doña Victoria Damas de Aysa y un puñado de damas del voluntariado, pusieron manos a la obra. Asumiendo el riesgo de su propia seguridad, dieron el ejemplo llevando apoyos a los poblados, barrios y colonias. Lo mismo despensas que pollos, y hasta algunos juguetes para la gente económicamente vulnerable.
Como respuesta, y ahí sí habría que enfatizar lo de las neuronas espejo, grandes empresarios, industriales, comerciantes, y hasta familias de recursos económicos escasos, se han sumado a esta gran tarea y lo mismo entregan insumos para el sector salud, que donan despensas, y hasta comidas en las que el ingrediente principal es el amor y la solidaridad.
Lo dicho, la sociedad campechana está respondiendo al llamado que con su ejemplo están haciendo el gobernador, su esposa y los equipos de trabajo de ambos. Conducta que estimula y motiva; acto reflejo que se resume en una sencilla anécdota:
El comunicador Tomás Zapata Bosch llama a Gina Cruz Castilllo, auxiliar de doña Victoria para solicitarle una fotografía que ilustre la entrega de despensas. La joven con gran sencillez responde: “voy a ver qué hago porque la señora no quiere fotos, ni las manos en las cámaras y los celulares; las prefiere repartiendo despensas, ahí son más útiles” ¡Imperdible! 

¡Quedémonos en casa! 
Lo enfatizó el gobernador en una entrevista: “no es para alardear ni considerar como triunfo el que Campeche registre el menor número de enfermos y fallecidos a causa del coronavirus en el Sureste, ya que, aunque es sumamente difícil por la rapidez en que se propaga el virus, lo deseable es que no hubiera ni una sola infección ni deceso”. Lo han comentado medios nacionales e inclusive hay tres municipios sin casos ciertos.
Ya no hay marcha atrás, ni dudas, ni titubeos. Nos encontramos en la fase tres, la más seria de todas, y casi por alcanzar el mayor pico de contagios y encaminarnos con ello a lo que los que saben consideran “inmunidad de rebaño”. Suena raro y como fuera de lo humano, pero así lo califica la propia Organización Mundial de la Salud.
Por ahora no hay vacunas, tampoco curas mágicas, sólo la inmunidad que puede surgir del propio organismo. Por ello corren mayores riesgos los adultos de más de sesenta años, las mujeres en gestación y quienes padecen males preexistentes como la hipertensión, la diabetes y el sobrepeso ¡Quedémonos en casa y volveremos a vernos y a saludarnos! 


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