domingo, 14 de junio de 2020

DE MUCHO, UN POCO/Como en un cuento de Dickens

Su terreno albergó el palacio del emperador Moctezuma Xocoyotzin. Hernán Cortés no dejó de él piedra sobre piedra, y ahí mismo edificó uno propio. Martín, su heredero, lo cedió para asiento del Virreinato. El primer virrey ocupante, Luis de Velasco; el último, Juan O´Donojú. Consolidada la independencia e instalado “su alteza”, Iturbide lo nombró Palacio Imperial.
A la caída del imperio, la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos ordenó la eliminación de la palabra imperial, sustituyéndola por nacional. Así es como  el centro de esta historia adquiere el título de Palacio Nacional. Maximiliano lo utilizó como sede, pero sus reales posaderas y las de la emperatriz sólo aceptaron los retretes del castillo de Chapultepec.
Tras el triunfo liberal en la Guerra de Reforma, oficialmente presidente, Benito Juárez lo convirtió en su residencia, reconstruyendo el espacio de las caballerizas de Cortés como dormitorios. Dos años solamente, porque la invasión francesa lo obligó a dejarla para dirigirse al norte. Regresó y ahí siguió hasta su repentina muerte.
Se dice que fue morada temporal de varios personajes de la historia, como Antonio López de Santa Ana y Guadalupe Victoria. Hay quien afirma que Porfirio Díaz durmió algunas noches en la que fue la cama de su paisano. Históricamente, los residentes oficiales han sido el prócer de Guelatao, Oaxaca, y el señor oriundo de Macuspana, Tabasco, Andrés Manuel López Obrador.
A siglo y medio entre uno y otro inquilino, el primero, al estilo de Mr. Scrooge del Cuento de Navidad de Dickens, verá a un mandatario desvelado, en piyama y pantuflas, ensayando su discurso de la siguiente mañanera, pensando en lo que decidirá y ordenará durante el día, pero en especial, abatido por el peso de su responsabilidad, y preocupado por una imagen que no parece tan benigna como la de su admirado Juárez.
Abrumado, notará que lo que se vive dista mucho de lo que anhelaba de férreo opositor. Que lo que reclamaba a los mandatarios en turno, ya en el cargo y pese a sus ganas de hacer las cosas bien, todo sigue  igual y hasta peor.  Que el presupuesto no alcanza y tiene que contratar más deuda como hicieron los que ya no están. Que los préstamos que le parecieran absurdos, ahora son necesarios para sostener la marcha de su gobierno.
El presidente no querrá que el país se deshaga en sus manos bajo el peso de la pandemia y de una crisis económica que se nos viene encima con toda su crudeza. Entenderá que difícilmente podrá sacar adelante su proyecto político y consolidar su Cuarta Transformación con un equipo que en buena parte no pudo, no supo, o no quiso ponerse a la altura de sus expectativas.
Estará preocupado, porque la lucha contra la corrupción que le atrajo treinta millones de votos, suficientes para ganar, corre peligro de naufragar. Que los atentados al presupuesto brotan como hongos tras la lluvia, y su propuesta de no mentir y no robar, no está siendo entendida y menos aplicada por algunos que creía incorruptibles, y ahora forman parte de una burocracia dorada, o de un montón de nuevos potentados a la vera del poder.
Meditará tal vez que lo que tanto criticó a Enrique Peña Nieto cada que contrataba un nuevo adeudo, poco a poco se está volviendo en su contra. Cuando faltan tres cuartas partes de su sexenio, ha firmado al Fondo Monetario Internacional por una cantidad casi igual a lo que pidió prestado su antecesor en toda su administración.
Pensará quizá en suavizar su discurso para aliviar el clima de crispación  que priva en la mayor parte del país, con una sociedad confrontada, dividida, rijosa, y con los ánimos caldeados. Peligroso en vísperas de un proceso electoral en el que todo se exacerbará, y del que se esperan insultos, ofensas y hasta agresiones entre los nuevos “liberales” y “conservadores”.
Sopesará el peso de sus palabras cuando contrajo el compromiso de hacer de su partido la esperanza de México. Acelerará el paso pensativo por los pasillos y corredores de su residencia, ante el pensamiento de un dirigente -su amigo- que se está yendo con todo contra la anterior -su amiga- por el mal manejo de los recursos públicos que recibió como prerrogativas.
Se preguntará entonces si habrá valido la pena su lucha de años, y no habrá ahí ninguna voz para contestarle, porque no se tratará del "Cuento de Navidad" de Dickens. Y bajará la cabeza, y mirará al piso, y sonará en su mente la voz del oaxaqueño:  ¡Espera el juicio de la historia! 

De tintes, boas y otras cosas 
Si no fuera por las cifras, cada vez más preocupantes para lo simples mortales, en particular para los que, viejos o enfermos permanecen recluidos en sus casas y ni siquiera asoman por las ventanas, los mexicanos en general y en particular los campechanos, estaríamos botados de la risa con las cosas tan simpáticas que se están presentando en la ruta de la política.
Una campañita, torpe de entrada, para tratar de descarrilar anticipadamente a Layda Sansores en caso de que tuviera intenciones de competir por la gubernatura. Usar marcas y colores de tintes para el cabello, no dice nada, como tampoco la señora ha dicho si tiene deseos de participar. Demasiado simple para pensar que fue concebido por la ex diputada, ex senadora y ahora alcaldesa de Álvaro Obregón. Un insulto a su inteligencia, que la tiene, ni duda cabe.
Por supuesto que toca a ella decidir si competirá, y a la autoridades electorales determinar si tiene derecho a hacerlo, pero solamente si la ex senadora lo solicita. Hay que recordar que la próxima contienda, nada tendría que ver con otras elecciones en las que la señora hubiera participado. Hay nuevas autoridades, y el gobernador es un hombre que se distingue por un comportamiento prudente e institucional, además de su trato respetuoso con las damas.
Carece de sentido también el relajo armado desde la mañanera del pasado martes. El presidente y su vocero, dieron a conocer un complot en su contra. Un nuevo decálogo sin autores ni firmas. Una versión moderna de las Tablas de Moisés, en las que los “conservadores” exhiben “sesudos” planes para derrocar o descarrilar al presidente, a su Morena, y a su Cuarta Transformación.
Será porque existen otras preocupaciones más graves, pero a la gente le pareció hasta ridículo tanto la intención como el texto. O quizá porque el documento fue elaborado en oficinas menores de una de las secretarías en la que la titular no se distingue por su buen tino y manejo político, pero el asunto al parecer, “pasó de noche”.

… Y ALGO MÁS

Las relaciones cuentan 
Desde el primer día de su encargo, el gobernador Carlos Miguel Aysa González, se comprometió a trabajar cerca de la gente que produce en el campo. Tras la circunstancia doble, sanitaria y climatológica, el equipo oficial se dio a la tarea de evaluar las afectaciones. Doña Victoria Damas, sus colaboradoras, ciudadanos altruistas y otros buscando la foto, coadyuvan a hacer menos pesada la carga de la población afectada.
El resultado de la actividad del gobierno estatal, motivó la respuesta temprana y positiva del gobierno federal, y se accederá a recursos del Fondo para la Atención de Emergencias, e iniciar la reactivación y recuperación en el campo.
Hay que reconocer que si la respuesta fue rápida y oportuna, se debió a un planteamiento claro y justificado del gobierno estatal. Igual es cierto que en la gestión tuvo que ver, y bastante, la relación y trato empático que surgió y se desarrolla entre los ejecutivos, estatal y federal. 

De Gestapos, Kgbs, CDRs y otros 
Preocupados, más bien angustiados muchos mexicanos con la nueva ocurrencia de crear un “Sistema de “Ciudadanos Alertadores Internos y Externos de la Corrupción”. En tiempos del nazismo alemán se le llamó Gestapo, en el del estalinismo soviético KGB, en la Cuba de Fidel CDR. Espionaje para mantener a la población bajo control.
Aunque se diga lo contrario y se pretenda magnificarlo o minimizarlo, el “original” sistema mexicano teóricamente estaría dirigido a controles económicos contra la gente del gobierno que administra bienes públicos, o la que maneja grandes cantidades de dinero. A diferencia de los citados cuyo fin era mantener aterrorizada a la población con fines políticos y dictatoriales.
Si no funciona así, se violarían derechos humanos constitucionalmente protegidos, como el de la privacidad y la seguridad de la persona y el domicilio. Si validos de la fuerza del estado se somete a las clases medias a una especie de prisión sin rejas, se puede asegurar que a los ricos y poderosos se les hará “lo que el viento a Juárez”, como es costumbre ¡Apueste a lo contrario!     

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