Al de hoy, faltan exactamente cinco días para que tengan lugar las elecciones más importantes de la historia reciente. Para México y para muchos países del mundo, lo que ocurra aquí repercutirá en lo local, en lo nacional, e indudablemente también en lo internacional.
No hay antecedentes de tanto y tan profundo interés
por unas elecciones. Organismos democráticos de la Unión de Estados Americanos,
pero también de la Unión Europea, se han anotado para participar como
observadores antes y después del seis de junio.
Desean saber qué tanto el gobierno mexicano desea
cruzar la línea de América del Norte y seguir la que han intentado países de
Centro y Sud América. La que está tentando a los presidentes de Brasil y
Argentina. La de la autocracia, el populismo, y el chavismo de la sufrida
Venezuela.
Jamás y bajo ninguna circunstancia se habían crispado los ánimos y
dividido a la sociedad de esta manera. Amigos y hasta familiares se han puesto
en ruta de colisión. Exaltados, parecen
dispuestos a romper lazos de sangre en nombre de la sinrazón y el fanatismo.
Se
dice que a Campeche, la entidad más segura, está arribando gente diferente en su aspecto físico, en su temperamento
y hasta en su modo de hablar. Conduciendo vehículos con placas de otros
estados, se han mezclado, o más bien han tratado de mezclarse con los de casa.
Se comenta que por cualquier incidente
insultan y retan a los golpes a los campechanos con la intención de intimidar y
provocar hostilidad como en otros lugares. Lo
deseable es que vengan de paseo y no a alterar los comicios e incendiar nuestra
apacible pradera.
Apostarían a complicar las cosas para acusar falta
de garantías en la elección. O tal vez, justificar la exigencia de desaparecer
los órganos electorales y regresar al pasado tenebroso en el que un puñado de
personas decidía por todos los mexicanos como si fueran débiles mentales.
Después del “Día D”, la vice presidenta de
los Estados Unidos vendrá a reunirse con el presidente. Quedará satisfecha por
la civilidad en la aceptación de victorias y derrotas. O será testigo de
protestas como las convocadas en su país por el “amigo Trump”.
Pero también, es lo deseable, la inteligente
Kamala Harris, en su papel de embajadora de buena voluntad, dará cuenta de que
los mexicanos pasamos la prueba, que no vivimos en la barbarie, y que algo
hemos aprendido de la historia, la gran maestra de la vida.
Como en feria de pueblo
Semana a llenar de noticias buenas, regulares,
malas y peores para el gobierno federal:
La “buena”: la compra de la refinería Deer Park. Según
las declaraciones del presidente, es un auténtico acierto. Respecto de esa planta, hay que recordar que
la mitad de sus acciones ya pertenecían al gobierno mexicano desde tiempos de
Carlos Salinas de Gortari.
A pesar de la rapidez con que avanza el uso
de energías limpias -o basados en ello-, tienen fe en que la producción de la refinería,
unida a la de Dos Bocas en construcción, satisfará totalmente la demanda interna
de combustible al final del sexenio. Existen dudas del porqué de la repentina compra,
pero por su optimismo, López Obrador merece el beneficio de la duda.
La regular: el retorno a clases presenciales. La
obsesión de regresar a las aulas este mes, se encuentra en medio de serias
dudas. Hace un año nos encontrábamos hundidos en el confinamiento, doce meses
después, en pleno “rebrote”. Campeche, escogido inicialmente como laboratorio
experimental, en semáforo amarillo, ha dicho no al intento.
La mala: la degradación de la seguridad aérea. La
calificadora Moody’s la bajó a categoría DOS. La gente de empresa se alarma por
las consecuencias que podría traer para la aviación y el turismo. El gobierno
la subestima y minimiza como algo trivial y pasajero. Para otros, independientemente
de representar una suerte de falta de capacidad de los encargados, pone a
México en una situación muy difícil frente a las grandes aerolíneas de otros
países.
La peor: la portada de The Economist. Pocas veces el presidente
ha lucido tan molesto con la prensa en sus acostumbradas mañaneras. En una de
sus anteriores carátulas, la revista retrató a una familia portando máscaras
anti gas, exhibiendo el escenario en el que la
globalización ha puesto a la humanidad por el temor a un nuevo
apocalipsis. Han exhibido a Trump, a Bolsonaro y a Peña Nieto. A este último por
fallar como “salvador” de México.
En su mañanera, el presidente llamó “pasquín” a la revista de fama internacional, y a
su artículo lo calificó de majadero y mentiroso. Además, contrario a su
prédica reiterada de la “no intervención en la vida interna de otras naciones”,
equiparó el asunto con el supuesto de que él pida a los ingleses votar por “su
amigo”, el laborista Jeremy Corvin.
Fue tal la afrenta de que los editores
ingleses lo llamaran Falso Mesías
Mexicano, que sin pensarlo dos veces echó mano de su recurso más eficaz
para el control de daños. El Canciller Ebrard, el “desfacedor de entuertos”, el
comprador de pipas, el gestor de vacunas, el orador de excelencia y
especialista en cuestiones internacionales, salió a decir que The Economist “No
es sensible a los argumentos”, y les reprochó la publicación del texto a pocos
días de las elecciones. Palo dado…
... Y ALGO MÁS
Una verdadera novedad
Fuertes rumores recorren Campeche. Se dice
que de los insultos y mutuas acusaciones vía redes sociales, dos de los tres
candidatos más importantes al gobierno del estado escalaron a acciones más
directas. Pasaron a las denuncias, y según se dice, a la presentación de
amparos contra probables órdenes de aprehensión.
Se habla de que están interviniendo la Fiscalía
General de la República y la Especializada en Delitos Electorales, lo mismo que
la Unidad de Inteligencia Financiera. El motivo, la gravedad de asuntos que
involucran a dependencias del gobierno federal, entre ellas el mismo SAT. Se
compara con lo que sucede en Tamaulipas, con la diferencia de que ahí se trata
de un gobernador y aquí de candidatos.
Desde un principio y en algunas de nuestras
columnas nos referimos a las acusaciones que se han emitido desde uno y otro
bando. Acompañadas de chistes, bromas y alusiones personales y familiares, en
ningún momento nadie se ha referido al asunto central, el de las imputaciones,
y por tanto, a la aclaración de cosas que importan a todos y se han mantenido
en el aire.
Esperemos que lo anterior no enrarezca más lo
ya de por sí nebuloso de las campañas que esta vez y como nunca -salvo un solo
caso-, han traído de todo, menos lo que verdaderamente interesa a los
campechanos y que tiene que ver con el progreso de Campeche y, claro está, con
la paz y la seguridad de su gente.
Con la promesa de volver a encontrarnos
De aquí al día de la elección, este
columnista no volverá a tener la oportunidad de dirigirse a sus lectores. No
tendrá pues, la ocasión de comentar nada de lo que ocurra en los días previos y
en especial el seis de junio a partir de las ocho de la mañana. Novedades ya
hay, pero nos las reservamos.
El siguiente martes, el ocho de junio, muy
puntual, estaremos de nuevo con ustedes para platicarles experiencias
personales y lo que pudiéramos haber captado en el entorno de la casilla
electoral. Por ahora algunas recomendaciones: acudan sin falta a sufragar. No
permitan que otros decidan por ustedes. No
se dejen llevar por la dulzura o la violencia de los tonos de los candidatos.
Antes bien, por sus propuestas y proyectos.
No hagan caso de ningún tipo de
provocaciones. Inviten a sus familiares y amigos a acudir a las urnas y hacer
lo mismo que ustedes. De preferencia, lleven sus propias plumas o marcadores,
como medida de higiene, pero también, por seguridad. Hasta la siguiente cuando
nos volvamos a leer y hayamos puesto nuestro granito de arena por la democracia
y por un mejor futuro para Campeche y para México.

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