Un atisbo a la historia de la televisión en Campeche, nos lleva a recordar aquellos altos postes metálicos con marañas de tubos y un cable plano que terminaba en una cajita cuadrada con un par de ruedas para alta y baja frecuencia, o algo por el estilo. Finalmente, un botón para el volumen y otro para sintonizar el único canal -en blanco y negro- que funcionaba.
Eran tiempos de personajes muy arraigados en la población. Artistas con voz de terciopelo, y cómicos de la legua. Las genialidades producidas por el señor telenovela, don Ernesto Alonso, para las mamás. "En familia con Chabelo", para los pequeños. "El estudio de Pedro Vargas", para los románticos y, "Mi Secretaria", con Pompín Iglesias, para toda la familia.
Cantante y conductor el señor Vargas, humorista fino y de simpática trama Iglesias, tenían a su cargo sendos programas, muy diferentes en su estilo y contenido, pero ambos con un sello característico: repetían hasta en tres ocasiones la misma frase corta, como queriendo enfatizar el mensaje que traían en el libreto.
Muy
agradecido, muy agradecido, muy agradecido, decía y repetía Don Pedro cada
vez que terminaba su actuación o premiaba la de algún invitado. Qué bonita familia, qué bonita familia, qué
bonita familia, sonsoneteaba Pompín en el marco de los aconteceres
de una familia típica y una oficina también típica de un típico burócrata de clase media.
Parafraseando a ambos y
coincidente con los repetidos vocablos “pueblo”,
“adversarios”, “conservadores”, “transformación”,
“honestidad”, “corruptos”, “pasquines”, “chayoteros” y otros sustantivos y
calificativos, en sus largas conferencias mañaneras, el presidente ha adicionado
una nueva muletilla: Estoy feliz, feliz,
feliz, refiriéndose al partido que dirige desde el gobierno y sus "conquistas" en las
elecciones intermedias.
En las gubernaturas hay o parece haber buena
cosecha, pero mucha controversia. En varias entidades, el discurso y la acción
partidista presidencial, la vieja y sucia alquimia corregida y aumentada, la dádiva
oficial, la traición, la mala escogencia
o la decepción por los gobiernos locales -con excepciones honrosas-, propiciaron
que Morena se quedara con las dos terceras partes del botín, salvo resultados
posteriores.
Lo incuestionable y tal vez a eso
se deba la frase del mandatario federal, se encuentra en la ironía de perder la mitad del territorio que por décadas gobernó la "izquierda”. Media Ciudad de México y buena parte de la entidad mexiquense, incluida Toluca, la capital, rechazaron a sus gobiernos por corruptos e ineficaces.
La verdadera esencia de la derrota, la gota
que derrama el vaso y la cereza del pastel, se encuentra en la Cámara federal de
Diputados. Ahí, como en el área metropolitana y el
corazón del altiplano, las vituperadas “clases medias”, con poder destructivo y
efectividad que aterra, propinaron al partido en el gobierno un serio
revés.
Ciertamente que los morenistas y sus aliados alcanzarán la mayoría simple y los números suficientes para autorizar el
presupuesto anual y algo más. Para modificar la Constitución e ir más allá, tendrán que
convencer a alguna bancada vestir el uniforme del xalapeño Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, y eso, de verdad, lo veo difícil, lo veo difícil, lo veo difícil.
Como anillo al dedo
El Instituto Nacional Electoral “viola el federalismo, atenta contra la
soberanía de los estados”. Además, “representa
un despilfarro de recursos públicos”. El bastardillo lo declaró el señor Mier, coordinador de Morena en la
Cámara de Diputados en lugar del carismático “líder”. Claro, en la legislatura que
está de salida y cuenta con el peso de su mayoría absoluta.
Por supuesto que si la propuesta no funciona
con su mayoría simple y no se engancha alguna oposición, adelantó un recurso
por demás eficaz que tantos y tan buenos resultados les ha acarreado, la
consulta ciudadana. Fácil y conveniente, papelitos impresos y -dijo-, “preguntarle a los mexicanos si quieren o no
que se legisle una reforma político-electoral”.
Bueno pues, la agenda legislativa para los
próximos años ya ha sido anunciada y proclamada: Militarización de la seguridad del país con el cambio ya a medias
de la Guardia nacional para formar parte de las fuerzas armadas. Modificación a la legislación sobre energía
eléctrica y el fortalecimiento de la Comisión Federal de Electricidad en
manos del sempiterno Barttlet.
En el terreno de lo electoral, menos drástico tras los resultados que
favorecieron a su causa en varias entidades, hizo eco de la propuesta
presidencial: que el INE deje su
condición de organismo ciudadano y regrese a los brazos amorosos del ejecutivo.
Salto al pasado e igualito que hace tres décadas. A este respecto, sería bueno
tomar en cuenta la persona del actual director de la CFE para presidirlo, sabe
mucho sobre el tema.
… Y ALGO MÁS
Calma chicha tras elecciones locales
Sumidos en la tercera y más grave ola de
contagios, con una población tan relajada que pareciera que no está pasando
nada, en indetenible reversa hacia el semáforo epidemiológico en rojo, el
asunto de las elecciones parece mostrar un impasse. Ya sin concentraciones masivas,
visitas domiciliarias y demás, pero el virus se ha colado hasta saturar los
hospitales.
Pero
no se crea que hay dejadez o abandono de sus causas por parte de los candidatos
a quienes el voto ciudadano aparentemente no les fue favorable. Al contrario,
la actividad post electoral ha ido en ascenso y los equipos jurídicos de los
inconformes trabajan a marchas forzadas.
Lo
hace Moci con Eliseo, lo mismo que el PRI y la Coalición “Va por Campeche” con
Christian. Agotarán todas las instancias en defensa del voto. Las cuentas no
les dan y aseguran que hubo violación a los principios de imparcialidad y
equidad, y serias discrepancias entre sufragios y boletas. Reclaman la
anulación de la elección.
Se
sabe que la señora Sansores vacaciona en la Ciudad de México. Sus aliados -destacados
priístas tránsfugas-, en exclusivos sitios turísticos, celebran por anticipado un
futuro que creen promisorio. Desde las sombras, los que no serían tomados en
cuenta por razones obvias, descalifican y presionan para que se reconozca el
triunfo de Layda.
A
propósito, hay que recordar que, cuando se celebraron las elecciones en Estados
Unidos, a pesar de que mandatarios de otros países felicitaban al señor Biden,
el presidente de los mexicanos se abstuvo de hacerlo. Su argumento siempre
firme fue que no lo haría hasta que los jueces lo declararan ganador sobre
Donald Trump.
De
nada valieron críticas de opositores y sugerencias de cercanos, su postura fue
siempre la misma. Frente a las pasadas elecciones, López Obrador parece guardar
el mismo comportamiento. Así las cosas, no deben establecerse pesas y medidas diferentes
para casos semejantes. Al contrario, es de gente de bien recordar e imitar el
gesto.

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