El presidente personalmente es un hombre
honesto. Nadie hasta el día de hoy puede probarle lo contrario. No tiene
cuentas visibles en bancos extranjeros, tampoco extensas propiedades. Si las
tuviera, hace mucho hubiera recibido fieras dentelladas en el cuello.
Sin embargo, porta un corazoncito que late fuerte.
Lejana la posibilidad de consolidar su 4T y que su movimiento tenga un sitio en
la historia junto a la Independencia, la Reforma y la Revolución, ahora parece
buscar nuevas metas allende nuestras fronteras.
Repentina decisión, porque solamente ha
participado en cuatro eventos internacionales, tres de ellos desde casa. Su pasaporte
diplomático lo utilizó una vez nada más, para ir a Washington a reunirse con su
amigo Trump durante su campaña por la reelección.
Aparte de aquella, López Obrador ha participado
un par de veces en encuentros virtuales frente a países integrantes de la ONU. Todas
esas ocasiones usó la política interna como extensión de su política
internacional, y sin concordancia con la temática de los eventos.
Las cosas parecen haber dado un giro, y
para muestra la reunión con diplomáticos de este Continente, excluyendo a los
vecinos de la parte septentrional. El Canciller Ebrard y la escritora chilena
Isabel Allende, abrieron camino a un discurso global -el primero- del
presidente.
Coinciden con el suceso sus reiteradas
críticas al uruguayo Luis Almagro, Secretario General de la Organización de
Estados Americanos (OEA), contra quien se ha pronunciado en múltiples ocasiones
calificándolo de entreguista y especie de florero sin ningún beneficio.
Se liga a lo anterior la apertura
anticipada de su relevo. Con la magia que imprime a su actividad político
electoral, abrió su propia sucesión poniendo en el camino al Canciller y a la
Jefa del Gobierno capitalino, y allá a lo lejos y por su propia cuenta, al senador
Monreal.
No ha dicho como ni cuando, pero adelantó
su salida. Su acidez contra la OEA, las efemérides de Bolívar y San Martín, sus
no muy cordiales alusiones al imperio y su simpatía por el gobierno cubano,
anticipan la intención de “enronchar” la piel del poderoso vecino. Impensable
en tiempos del que nos hacía cera y pabilo al campaneo de sus coloridos y
colorados “esos”.
Antes
de este aparente movimiento, Luis Echeverría con el chileno Salvador Allende y el
venezolano Carlos Andrés Pérez, establecieron el Sistema Económico
Latinoamericano (SELA). Desde su Carta de Derechos y Deberes Económicos de los
Estados y su amado Tercer Mundo, don Luis se promovió para dirigir la ONU.
Al
final tuvo que conformarse con la embajada ante la Unesco y de alguna manera el
mismo cargo itinerante en Australia y Nueva Zelanda. Algo parecido ocurrió con Salinas, quien en su
gobierno metió a México como miembro de la Organización de Cooperación y
Desarrollo Económico (OCDE), y de alguna manera pretendió presidirla.
Hoy López Obrador parece aspirar a dirigir
la OEA a costa de la salida del uruguayo recién reelecto. Las constantes
críticas a su gestión y al funcionamiento del organismo anticipan cambios. Uno
de ellos, sacarla de Estados Unidos, hispanizarla, y quizá eliminar al gigante
norteamericano de la lista de sus países miembros.
Como pensadores independientes y sin filias
ni fobias escabrosas, deseamos muy firmemente que el presidente logre su
objetivo; que sin choques ni conflictos y sin
patearse las espinillas con Sansón, consiga presidir la Organización que
reside en los Estados Unidos. Tal vez le convenga, pero a nosotros seguro nos
convendría más el cambio.
Hágase
la consulta, y la consulta se hizo
Ni plazo que no se cumpla ni fecha que
nunca llegue. El domingo uno de agosto asomó al calendario y con esta fecha se
cumplió el deseo manifiesto del jefe de las instituciones nacionales. El asunto
fue legal y constitucional, eso sí, que no quepa la menor duda.
Costó más de quinientos millones de pesos, posiblemente
el dinero suficiente para adquirir las vacunas pendientes de los jóvenes maduros
de treinta y nueve y más años que andan muy inquietos por el largo plazo entre
la primera dosis y la segunda que claman y reclaman.
Bueno pues, hubo gastos enormes por parte
del INE y de los servidores de la nación, pero se cumplió la orden de Andrés
Manuel López Obrador que a estas alturas de la jornada ya sabe que menos del
ocho por ciento del padrón de electores se presentó a las casillas.
Por ahora no habrá vinculaciones y
no se meterá a ningún ex presidente a la cárcel, a menos de que se haga a un
lado la consulta y se cumpla la advertencia del “líder” morenista de integrar “comisiones
de la verdad”, y hasta, a contrapelo del 13 Constitucional, un “tribunal del
pueblo”. Como Fuente Ovejuna, haga usted de cuenta.
El presidente lo dijo y tal vez lo cumplió,
habrá votado en contra de su propia propuesta de castigar a los
mexicanos que se portaron mal, desde Santana hasta la fecha. De paso, saber
cómo anda Morena y que tan altos están sus bonos. El poder bien vale ésta y
hasta otras consultas.
… Y
ALGO MÁS
El
rumbo de la elección
Para opinar acerca del rumbo de la elección
en Campeche, tendría que reunirse alguna de estas dos condiciones, o de
preferencia las dos: ser un auténtico lobo de mar, o no tener interés alguno,
económico o laboral que perturbe y distorsione el pensamiento. Si se tienen los
dos, tantito mejor.
Pese a lo que se diga y sin ánimo de
contradecir, técnica y jurídicamente aún no hay gobernador electo. Fácil de entender
si nos atenemos a que si alguien -Layda Sansores- obtuvo la mayor cantidad de
votos, nadie puede y probablemente nadie podrá en el corto plazo entregarle una
constancia. Se explica así:
El TEE recibió del Partido Revolucionario
Institucional veintiún juicios de inconformidad, de los cuales despachó doce con
“prontitud”, al parecer por su presentación extemporánea ante la falta de
cumplimiento de los plazos y condiciones establecidos en la ley. Absurdo, pero
suele suceder.
Todavía faltan otros nueve juicios de
inconformidad promovidos por el PRI, independientemente de los de otros
partidos por la nulidad de la elección. Al momento y aunque hay indicios de
algo diferente, no hay un triunfador definido, aunque sí una candidata presunta
ganadora que obtuvo más sufragios que los demás.
No falta mucho, apenas diecisiete días para
que venza el término que asiste a los magistrados del Tribunal Electoral local
para emitir un resolutivo definitivo -por su parte- respecto de los cuarenta y
un recursos pendientes, y después, cuatro semanas más para saber directamente
del juzgador federal quién hará sonar la campana réplica de la de Dolores la
noche del quince de septiembre.
Aquí y ahora, lo que se espera y se desea
es que en los días y semanas por venir, prive la sensatez y reine la prudencia.
Que en los medios, los partidos, los candidatos y sus grupos, haya civilidad,
respeto y paz, y se aporte lo mejor en aras de la sana convivencia. Ya habrá
tiempo de felicitar y alzar la mano de quien dirigirá los destinos de Campeche los próximos
seis años. No hay razón para las prisas.

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