Eran los tiempos duros de la llamada Guerra Fría. Eran los días de la Crisis de los misiles que, sin saberlo ni entenderlo, puso a la población entera de mitad del siglo veinte, ante el enorme riesgo de vivir frente a nuestra casa común, litoral de por medio, los horrores de una guerra que no estaba en sus recuerdos.
La diplomacia, la prudencia, la inteligencia o la fuerza de la razón antes que las razones que impone la fuerza, iluminaron el entendimiento de dos poderosos líderes que decidieron dejar al mundo en paz. Kennedy y Kruschev dieron reversa a sus acorazados, regresaron los aviones a sus hangares y los submarinos nucleares a sus bases. Los misiles se desactivaron y el mundo siguió su marcha.
Ahí comenzó una era de cierto y relativo bienestar para los hermanos cubanos tan sufridos tras años de una dictadura pro norteamericana, seguida de una suerte de viraje a la izquierda que, según el ensayo Escucha, yanqui del cincuenta y nueve me parece, habrían transformaciones sociales y políticas que repercutirían en el ámbito de todo el Continente. La potencia del norte, simplemente, lo ignoró.
Eran esos tiempos de la guerra sin balas que impulsaba a las potencias de ambos hemisferios a invertir enormes cantidades de recursos que a sus mismos connacionales les eran indispensables, en aras de impedir el paso del contrario. Capitalismo y comunismo, no había una tercera vía.
La isla mayor de las Antillas empezó a recibir dinero en abundancia, alimentos, combustibles, armamento, y hasta tropas de apoyo. Fueron los tiempos de la abundancia, y también de la proliferación de ojos azules, cabellos rubios, y el uso de nombres como Natasha, Tatiana, Ekaterina, Nikolay, Vladimir, Yuri, etc.
Hubo tal auge que las fuerzas caribeñas decidieron expandir su revolución a través de la Operación Carlota (nombre de una esclava negra que lideró dos sublevaciones de esclavos). Entró a la guerra de independencia angoleña exportando tropas desde La Habana hasta Luanda. Década y media de batallas, y hay por ahí una película cómica relacionada con los militares barbudos vestidos de verde olivo en medio de la selva africana.
Un conocido político campechano de la segunda mitad del siglo anterior, frente a la bonanza del país caribeño por la abundancia de apoyos soviéticos, atendiendo a que entre los habitantes de la isla no había la escasez que aquí se sufría, solía repetir: Los regímenes comunistas garantizan el pan, pero no la libertad. Los capitalistas garantizan la libertad, pero nunca el pan. Y concluía que, el pan sin libertad no es alimento. La historia continuará.
Deseo un México en paz
Lo he escrito y
lo volveré a hacer cuantas veces lo considere necesario: no estoy convencido de
que el país esté siendo conducido adecuadamente, y que esté yendo por un buen
camino. Ojalá me equivoque, y si es así lo gritaré a los cuatro vientos.
No soy fan del
presidente, lo digo y lo reitero, pero le tengo respeto por su condición de
jefe de las instituciones nacionales. Su esposa es una mujer, y aunque no le
guste el título de "primera dama", merece también el mayor de los
respetos.
No más insultos
y apodos de ninguno de los lados, y ojalá las mañaneras sirvan de lazo de unión
antes que de plataforma para subvertir la paz y el orden que, si no nos
afanamos, en un momento dado van a salirse de control.
… Y ALGO MÁS
Los treinta y uno del patíbulo
Vaya que el
asunto de los científicos, intelectuales y ejecutivos del Consejo Nacional de
Ciencia y Tecnología está levantando ampolla. Considere si no es así, habida
cuenta de que el poder judicial está siendo puesto a prueba por un ala del
ejecutivo que quiere enviar a toda costa a un sector importante de la cultura
mexicana al basurero de la historia, y de encima, hacerlos prisioneros
ignominiosamente para investigarlos.
Pero no es sólo
enviarlos a la cárcel, se trata de sumirlos además, en una de las más asquerosas
y denigrantes prisiones que avergonzarían a las sucias mazmorras de aquel
remedo de penal que fuera el castillo de San Juan de Ulúa. Hasta el tristemente
célebre Chucho el Roto habrá corrido mejor suerte que la que mexicanos ilustres
sufrirían en el penal de Almoloya.
Difícil que
haya un solo juez que se atreva a expedir una orden de aprehensión colectiva sin
basarse en una carpeta de investigación creíble. Ni los reos más perversos
merecen ese tratamiento del que la Suprema Corte de Justicia no ha dicho esta
boca es mía, aunque ya sabemos que sus decisiones suelen tardar, si recordamos
el caso del ministro presidente que después de meditarlo prefirió rechazar el
intento de su reelección.
En tanto otra
cosa sucede y puede consumarse un acto tan denigrante, la Organización fundada por premios Nobel, asombrada, ha expresado
preocupación por semejante aberración jurídica que, a nuestro juicio, podría tratarse además de un acto de
venganza, un nuevo distractor frente
a la prueba de fuego de la reforma en materia eléctrica.
Se ha sumado la
International Human Rights Network of
Academies and Scholarly Societies (Red internacional de academias y
sociedades académicas de derechos humanos). El organismo ha declarado que las acciones emprendidas por la FGR contra
científicos son incompatibles con los pactos internacionales suscritos por
México.
Las mañaneras, versión local
Las charlas de
los martes, y ya vamos por la tercera, poco a poco van dibujando formas en lo
que a organización se refiere. El sexenio es muy joven, y es además de
deseable, totalmente posible que al paso de las semanas constituyan un aporte a
la sociedad.
Dicho sin el
menor sesgo peyorativo, el ejercicio de comunicación Martes del jaguar, por su frecuencia semanal,
permite contar con tiempo para armar su
entramado. Siete días y un fin de semana incluido, es lapso suficiente para preparar
temáticas de interés general.
Que el espacio
de comunicación aporte algo a la sociedad, entre otras cosas, saber cómo van
los gobiernos que escogió. Que la diferencia con las mañaneras de Palacio
Nacional sea fundamentalmente dar a conocer logros y planear acciones antes que
escoger villanos y dividir y polarizar a los campechanos ¡Que así sea!
El asunto de las fachadas
El martes
anterior lo comentamos: el atractivo que permitió que la ciudad de Campeche se
insertara en el mapa turístico mundial a partir del título de Patrimonio de la Humanidad otorgado por la
Unesco, es en buena forma la belleza de sus hermosas fachadas.
Los muros
viejos, las vigas y “viguetillas” de madera de los techos, las arcadas,
portones y zaguanes que aún se encuentran de pie, se han impuesto a las
limitaciones presupuestales y económicas, a partir de que el “consorcio sin humaredas”
es y será fuente de ingresos.
Quienes mueven
la economía local coinciden con nuestro punto de vista y a su vez consideran que,
“…no
sería bueno para Campeche que pierda el título de Patrimonio cultural de la
humanidad, esto, ante los pocos intentos de mantenimiento que hay en las casas
ubicadas en el primer cuadro de la ciudad, por lo que considera se deben de
realizar acciones para la restauración de las viviendas ¡Resulta claro!

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