Descubierto por
casualidad a principios del siglo diecinueve por el sueco Johann Arfvedson en
una mina de petalita, el litio es, según
la química, “el tercer elemento de la tabla periódica, después del hidrógeno y
del helio”. Es el metal más ligero que existe en la naturaleza, y el más
aprovechable por sus innumerables usos.
Primitivamente
utilizado en medicina para el tratamiento de la artritis, la gota, y también
como antidepresivo y útil en el trastorno bipolar, más recientemente en la
tecnología, la industria, la aviación, y hasta en las artesanías. El principal
uso industrial del litio es en forma de estearato, como espesante para grasas
lubricantes.
El litio ha
experimentado un giro hacia la industria del transporte. Los grandes
fabricantes de vehículos ligeros le han puesto los ojos encima. La industria del automóvil lo ve como
alternativa contra el cambio climático y la liberación de emisiones nocivas,
lo que lo hace elemento primordial en un futuro que ya está aquí.
La desbordada
necesidad del componente mineral como material imprescindible para el
funcionamiento de los vehículos con motores eléctricos, prevé que los dueños
del dinero estén pensando en adquirirlo en grandes cantidades para una producción
masiva de baterías que son el corazón de los nuevos artefactos.
En dicha
tesitura, los barones del capital que dominan la industria, estarían ansiosos
por apropiarse de la explotación del recurso en los países en los que hay
abundancia. En América, Bolivia, Argentina, Chile, y ahora México. Algo así
como el caso de los países petroleros el siglo anterior, que ocasionó numerosas
guerras.
Situado entre
los diez principales países fabricantes de automóviles y demás vehículos
ligeros en el mundo, México necesita
adelantarse en una enorme producción del elemento principal y el corazón de su
tracción, los motores eléctricos a base de litio que estarán reclamando los
grandes fabricantes.
El petróleo
seguirá utilizándose; sin embargo; paulatinamente irá agotándose. En un proceso
simultáneo, los motores a base de
combustibles fósiles serán sustituidos por
los de baterías de ion de litio, que también evolucionarán para hacerse más
duraderas, resistentes y fácilmente recargables. El futuro ya está aquí, el presidente López Obrador lo sabe y a eso le
apuesta.
La justicia me da risa
Casi dos años
del operativo de la Interpol en un exclusivo fraccionamiento de la ciudad
española de Málaga para detener con fines de extradición a un prófugo de lujo
de la justicia mexicana que anduvo a salto de mata hasta arribar a la Costa del
Sol.
Preso en España
sin grandes concesiones, no tardó en recibir un avión oficial para rescatarlo y
repatriarlo conforme a su estatus. Sin que nadie pudiera verlo, se alojó en una
clínica para ricos, y de ahí, a su lujosa mansión en la que continúa.
Un “criterio de
oportunidad" le otorga beneficios procesales a cambio de cooperación. Un
“arraigo domiciliario” simbolizado por un brazalete, lo ha salvado de
comparecer ante alguna autoridad, pero no le ha impedido disfrutar ciertos
placeres que sólo permite el dinero.
Precisamente
uno de esos placeres propició que una sagaz periodista, lamentablemente
involucrada por el muchacho entre supuestos beneficiados con sus actos de
corrupción, lo retratara en un restaurante de primer mundo con gente del jet
set.
Hay que
recordar que a la fecha, en el asunto Odebrecht, el paisano ex senador Jorge
Luis Lavalle Mauri es el único que por una causa inexplicable, se encuentra
sujeto a un proceso de lo más extraño y con pruebas de lo más endebles.
El presidente López Obrador no podía
quedarse callado, calificó de inmoral, imprudente y acto de provocación la
presencia del joven en un sitio de gran lujo al que no tienen acceso las clases medias que no le agradan,
ni mucho menos los pobres que tanto ama.
Con esas
declaraciones y con la orden presidencial de que la FGR le informe acerca de
cómo va el juicio, con todo y su aparente benignidad, no se dude que el doctor
Gertz Manero en una de esas solicitará el cambio de arraigo domiciliario por la
prisión preventiva.
Pésimo
antecedente si se toma en cuenta que el ilícito que se persigue, en pesos y
centavos, podría competir con ventaja con todos los delitos de carácter
patrimonial -de todos los presos juntos- del tristemente célebre penal de
Kobén.
Mientras a los
nuestros, pobres y abandonados los agarran a palos y patadas, el “señorito” se
da el lujo de elegir entre pato laqueado, pato a la naranja, pato a la salsa de
pistaches, o simplemente, seguir
“haciéndose pato”.
… Y ALGO MÁS
Fuenteovejuna a la campechana
Para este
columnista, un error de los encargados de
la obra pública consiste en permitir el desfasamiento en tiempo -en dinero es
casi inevitable- de cualquier proyecto, y en particular, no tener el cuidado
necesario y entregarlo inconcluso a una administración diferente.
El de la “Ciudad
Administrativa” anunciado al arranque del sexenio anterior, fue acaso de los más importantes, porque en operación disminuiría
el tráfico vehicular en el Centro Histórico, y atenuaría el caos producido por
la falta de espacios de estacionamiento.
A la obra, o no
se le dio la atención que merecía, o se priorizaron otras de ornato, pero su
desarrollo se prolongó complicado por la pandemia o la escasez de recursos, o
ambas cosas. El caso es que la que pudo ser una de las mejores acciones de
gobierno, perdió su efecto.
El incremento
en el costo original y cuestiones administrativas, aunadas a una suerte de debate extraño, pusieron al ex secretario
Buenfil Montalvo en la ruta del escándalo mediático, por cuestiones de título
de propiedad, permisos de construcción,
y otros faltantes.
Las
comparaciones son odiosas, ciertamente, sin embargo, sólo como referencia, las
obras del gobierno federal, entre ellas el bien ponderado Tren Maya, han
sufrido ajustes de toda índole por problemas como la escasez y encarecimiento
de materiales, propiedades afectadas, vestigios antropológicos e históricos,
pleitos legales y conflictos políticos con pueblos originarios.
El problema
crece y se agiganta si sumamos a la cuenta fraudes cometidos por terceros, desviaciones
de ruta, reubicación de estaciones, y otros etcéteras. Sin un proyecto
ejecutivo conocido, lo presupuestado originalmente se ha multiplicado
exponencialmente, sin que pueda hablarse de responsabilidades por ahora.
Ojalá así se
entienda en el caso de la obra local tan manoseada. Lo ideal es que no haya
juicios a priori, tampoco linchamientos mediáticos, y se respeten los derechos
de cada quien. Que la gente que sabe y las instancias que tienen a su cargo las
revisiones y el fincado de responsabilidades, hagan su trabajo y resuelvan en
consecuencia.
Que no haya juicios sumarios desde una
versión local de las prédicas mañaneras en las que se acusa a muchos y castiga a nadie. En tres años, sólo una mujer y un paisano
pagan el error de comparecer a lavar sus nombres. Monumental olvido, hay más
“presuntos culpables”: treinta y un intelectuales clase medieros que abandonaron
la ignorancia.
Que aquí no
suceda, que el nombre y el prestigio se respeten y no se pretenda hacer leña
como si se tratase de un árbol caído. No puede montarse desde lo oficial una
"santa inquisición" doméstica, tampoco pretender una especie de
"Fuenteovejuna feisbuquera" a la campechana. Ante todo el imperio de la ley, que incluye la presunción de inocencia.

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