miércoles, 10 de noviembre de 2021

Amor, tussis et pecunia non celatur

En noviembre del diecinueve asistimos a una última boda antes de la pandemia. Lejos de casa, en la llamada Riviera Maya, en un bello hotel dedicado al turismo de bodas. De cualquier religión y de gente de todo el mundo. Como nosotros, un puñado, vimos retratarse a un grupo de doscientos o trescientos hombres y mujeres vestidos a la usanza de los árabes.
No fue barato, unos cuatro mil pesos a seis meses sin intereses. Tampoco exagerado si a cambio nos ofrecieron elegantes habitaciones; comidas abundantes, variadas y deliciosas; toda clase de snacks y bebidas; y diversas amenidades durante tres días de estancia. Incluyo la gran recepción que sin saberlo ni proponerlo cubrimos entre todos para apoyar al joven matrimonio.
Tras la ceremonia religiosa, sesión de fotos y una comida agradable en una gran palapa a la orilla del mar, y después, por la noche, una elegante recepción con música viva, alimentos de excelente calidad y cocteles y bebidas para el brindis y a la hora del baile. Lo que pagamos fue un regalo a pesar del largo viaje.
No sé, pero el recuerdo de esa boda me hizo meditar en la reciente de un extraordinario mexicano dedicado en cuerpo y alma al servicio público que, pese al hermetismo, no es difícil que se celebrara bajo la misma modalidad, aunque en otro país. Ni extravagancia ni derroche de dinero, si acaso el deseo de alejarse como habrán hecho aquellos árabes.
Injustamente, al recién casado le llovieron burlas, acusaciones, memes y toda clase de descalificaciones por el simple hecho de querer tener unas horas inolvidables. Excesivo, el señor no merecía tanto escarnio y menos aún que, en aras de una mal llamada “honrada medianía” se separase de un cargo que ha manejado con extraordinaria honestidad y pulcritud.
Amor, tussis et pecunia non celatur”, en castizo correcto, algo así como, El amor, la tos y el dinero no pueden ocultarse. Amor sí, y no puede ocultarse. Tos no, el señor luce muy sano. El dinero tampoco pudo ocultarse, sólo que no era suyo.

El presidente en la ONU
Hasta donde se sabe, la Organización de las Naciones Unidas tiene entre sus funciones la distribución de ayuda humanitaria, la promoción del desarrollo sostenible, la protección de los derechos humanos, el mantenimiento de la paz y la seguridad, y la defensa del derecho internacional. Busco y no encuentro algo relacionado con alguna acción o sanción directa a los particulares, gente o empresas.
Toca entonces a cada uno de los gobiernos de los países que la conforman, cualquier acción individual que se refiera a los ciudadanos, gente o empresas que pudieran en su territorio y su rango de acción, efectuar cualquier actividad que redunde en beneficio de su población.
La propuesta del presidente en la reunión del Consejo de Seguridad, es más que otra cosa, un buen deseo, algo que aunque utópico, de realizarse cumpliría un deseo universal. Acabaría de una vez y para siempre con la migración, el hambre y las enfermedades de los habitantes de los países pobres. En pocas palabras, nos ubicaría en el mítico Shangri-La de las historias infantiles.
Imaginemos que la propuesta y el buen deseo del presidente se cumplen, y los grandes potentados aportan cada año el cuatro por ciento de sus capitales. De fantasía pensar que un señor Jeff Bezos estaría entregando anualmente CUATRO MIL QUINIENTOS MILLONES DE DÓLARES. Sumemos cantidades semejantes  de Musk, de Gates, y de los cincuenta más ricos del mundo, entre ellos uno que otro mexicano.
Si Slim, Salinas, Azcárraga y otros cientos aportan lo sugerido, el país sería ejemplo mundial y el que terminó con la pobreza. López Obrador, su gestor exitoso, estaría disputando el calificativo del mejor presidente del mundo, y por derecho propio ser el próximo Secretario General del Organismo mundial.
Elogiable la propuesta de conseguir vacunas para superar la diferencia entre lo que reciben las naciones pobres comparado con los países ricos, sería un acto de justicia. Ni qué decir si se obtienen los medicamentos oncológicos que terminen con el sufrimiento de niños mexicanos y tanta manifestación pacífica de sus padres que ruegan al cielo y exigen al gobierno que cuide la vida y la salud de sus hijos.

Los martes del jaguar
No se ha esclarecido aún el rumbo de las investigaciones, y de preferencia del avance de las denuncias, si las hubo, en torno del traído y llevado caso de la llamada Ciudad Administrativa, que dio mucho de qué hablar el mes anterior, y ahora se ve opacado por el asunto del Bazar Artesanal que, según dicen, cuesta más de lo que vale.
Hay prisa por terminarlo, se comenta, porque ha sido seleccionado por un importante personaje que planea instalarse ahí con todo su nutrido mobiliario y su numeroso equipo humano que no tiene nada de artesanal, de artesano o de artesanía.

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