La noche de viernes en la que fue
anunciada la nueva comisión que habría de desempeñar a partir de esa fecha,
sabiendo que ya no contaría con la seguridad de la gente “de palacio”, y que a
partir de entonces tendría que enfrentar un ambiente nuevo, me hizo
experimentar algo muy parecido a la inquietud, no obstante la fuerza de
carácter y obstinación que acompañan a la juventud.
Sabedor entre otras cosas que
la Dirección de Acción Social, Cívica y
Cultural del Gobierno del Estado era solamente un experimento en la estructura
del gobierno, no tuve de otra que dirigirme a casa a jugar un rato con mis
pequeños y después, tratar de dormir un poco para poner en orden los
pensamientos y analizar las cosas a la luz de un nuevo amanecer.
Mi duda, o más bien, mis dudas
del día anterior, solamente ocuparon esa noche; con las primeras luces del
siguiente día, escuché el motor de un automóvil a las puertas de mi pequeña e
inolvidable casa; por el sonido, reparé que se trataba de un “volcho”. Casi de inmediato, un golpeteo a la
madera de la puerta.
Era un calurosa mañana de sábado
de marzo; ocupado en repasar alguna materia de la carrera de leyes que cursaba
y todavía un poco somnoliento, acudí presuroso al llamado, para encontrarme cara
a cara con un singular personaje que al paso del tiempo y pese a la gran
diferencia de edades, llegaría a ser un gran amigo cuya vida se ligó a la mía
de manera muy firme y, en circunstancias especiales, también su muerte.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario