sábado, 12 de noviembre de 2016

Una historia de los setenta




Tiempos de austeridad plena, así fueron aquellos; años en los que cada peso y cada centavo del presupuesto contaban, y también pesaban, porque los dineros públicos eran de lo más escaso; su responsable, un custodio celoso; su administrador, un furioso cancerbero dispuesto a vigilar hasta el último céntimo a su cargo.
Fueron los años setenta, década en la que se sucedieron los acontecimientos más agradables de mi existencia; abundaron siempre experiencias gratas, como la postulación como candidato, la campaña, la toma de posesión, y la administración completa de un gobernador de escasos treinta y seis años; honesto, culto, carismático, destacado orador, y de gran calidad humana.
Fue el sexenio de Don Rafael Rodríguez Barrera, gobernador del Estado de mil novecientos setenta y tres a mil novecientos setenta y nueve. Don Rafael apadrinó mi boda justamente a tres meses de su toma de posesión. Esa fue la década de mi noviazgo, de mi matrimonio, y del nacimiento de mis primeros hijos.
Iniciado el sexenio como secretario auxiliar de gobierno y coordinador de audiencias del jefe del ejecutivo, y transcurridos los primeros dos meses del año mil novecientos setenta y cuatro, una noche de viernes de principios de marzo, fui llamado a su despacho para ser informado que a partir del día siguiente, empezaría a ejercer el cargo de director de acción social, cívica y cultural del gobierno del Estado.
Un cierto temor a lo desconocido, después, una historia bella, enriquecedora, que  escribiré por partes en estas páginas…

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