Sirva como expresión de
reconocimiento dedicar este segmento, que no biografía, porque sería demasiado
extensa, al doctor Abraham Azar Farah, nacido en nuestra amada ciudad, San
Francisco de Campeche el veinticuatro de mayo de mil novecientos veintiuno, de
dos inmigrantes libaneses, Don Alejandro Azar Azar, y Doña Salime Farah Elías.
De un entusiasta biógrafo, me
entero que el doctor Azar Farah fue parte de una familia numerosa y bien
avenida, compuesta además por cuatro hermanos varones, Salim, Adib, Abraham, Jorge y William (de este último ya
hemos hablado alguna vez). Tres damas constituían el resto de la progenie de
Don Alejando y Doña Salime, América, Elena y Nelly.
Mi personaje de hoy, estudió la
primaria y la secundaria en la Ciudad de Campeche, la preparatoria y la carrera
de Médico General en la Universidad Autónoma de México, y después de dos años
de especialización, se graduó en oftalmología y otorrinolaringología en la
Asociación para Evitar la Ceguera y el Hospital Infantil de México.
Posteriormente, un curso en el Hospital Militar de la Habana.
Hombre de buena estampa y físico
atlético, fue deportista destacado; el béisbol y sobre todo el basquetbol,
fueron sus deportes preferidos. Un médico amigo que lo acompañaba en sus
frecuentes viajes de pesca, otra de sus aficiones, me platicó que con legítimo
orgullo, el doctor Azar les comentaba que sin ser profesional, de cuando en
cuando recibía un pago por jugar a la pelota caliente.
En lo familiar, el doctor Abraham
siempre fue un esposo y padre ejemplar, al estilo de las familias más
respetables de Campeche; casado con la señora Teresa García Mejenes, paliceña
de origen y dama de acendrada fe católica; procrearon cinco hijos, todos
varones: Abraham, Jorge Salomón, Alejandro, Carlos y Benjamín.
En lo laboral, además del
ejercicio privado de su profesión, el doctor Azar Farah se desempeñó como
facultativo al servicio de los ferrocarrileros y de los petroleros; médico
especialista y delegado del Instituto Mexicano del Seguro Social; este último
cargo lo desempeñó en dos ocasiones, la segunda ya estando jubilado y hasta el
momento de su sensible fallecimiento.
En un hecho pocas veces visto, antes
de ser delegado por primera vez, fue secretario general del sindicato de la
misma institución. Ya me he referido a su altruismo como médico particular,
cuando sin apenas conocerme, recibí de él en forma gratuita además de una
intervención quirúrgica, los medicamentos necesarios para el tratamiento.
En lo político, el doctor Azar
Farah pudo haber tenido una actividad destacada, dado el arraigo y el respeto
que se había ganado a pulso en la sociedad de su tiempo, pero eso que llaman
destino, otros, circunstancias, lo alejó de tal posibilidad con un fuerte
infarto al miocardio que le impidió ser candidato y con seguridad, presidente
municipal de Campeche, de mil novecientos sesenta y siete a mil novecientos
sesenta y nueve.
Caballero de los de antes, sus encargos
laborales, su desempeño profesional y su actividad social, siempre fueron
acompañados de su fama de caballero íntegro, honesto y generoso. Él y su Señora
Esposa, Doña Teresita, como la nombraba mi compañera de vida que compartió con
ella algunas jornadas religiosas, están en la memoria del colectivo como
campechanos íntegros, de acendrada fe y sólidos principios morales y
familiares.
Respeto y admiración para el
matrimonio Azar García.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario